<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom"><title>Poesía y relatos</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/" rel="alternate"/><link href="http://www.poesiayrelatos.com/all.atom.xml" rel="self"/><id>http://www.poesiayrelatos.com/</id><updated>2025-03-05T20:57:00+01:00</updated><subtitle>Para tu inspiración</subtitle><entry><title>Manual de estilo para periodistas y escritores. Primera parte</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/manual-de-estilo-escritores-primera-parte.html" rel="alternate"/><published>2025-03-05T20:57:00+01:00</published><updated>2025-03-05T20:57:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2025-03-05:/manual-de-estilo-escritores-primera-parte.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.poesiayrelatos.com/images/manual-de-estilo-para-escritores.jpg"&gt;&lt;img alt="manual-estilo-escritores" src="http://www.poesiayrelatos.com/images/manual-de-estilo-para-escritores.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Muchos escritores famosos comenzaron siendo periodistas; la disciplina
del oficio favoreció el estilo de Ernest Hemingway, por ejemplo, quien
admiraba los párrafos cortos, limpios y sin palabras terminadas en
mente. Para ahondar en este género de escritura que bien manejado,
considero benéfico también para escribir una novela, se puede ahondar …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.poesiayrelatos.com/images/manual-de-estilo-para-escritores.jpg"&gt;&lt;img alt="manual-estilo-escritores" src="http://www.poesiayrelatos.com/images/manual-de-estilo-para-escritores.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Muchos escritores famosos comenzaron siendo periodistas; la disciplina
del oficio favoreció el estilo de Ernest Hemingway, por ejemplo, quien
admiraba los párrafos cortos, limpios y sin palabras terminadas en
mente. Para ahondar en este género de escritura que bien manejado,
considero benéfico también para escribir una novela, se puede ahondar en
el estudio de un manual de estilo para periodistas, aplicando cada caso
a la escritura de una historia.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Normas generales&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Uso del idioma. El propósito al redactar cualquier noticia es comunicar
hechos e ideas a un público heterogéneo. Por tanto, el estilo de
redacción debe ser claro, conciso, preciso, fluido y fácilmente
comprensible, a fin de captar el interés del lector.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los periodistas han de escribir con el estilo de los periodistas, no con
el de los políticos, los economistas o los abogados. Los periodistas
tienen la obligación de comunicar y hacer accesible al público en
general la información técnica o especializada. La presencia de palabras
eruditas no explicadas refleja la incapacidad del redactor para
comprender y transmitir una realidad compleja. El uso de tecnicismos no
muestra necesariamente unos vastos conocimientos, sino, en muchos casos,
una tremenda ignorancia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El periódico se escribe en castellano, y la regla general es que no
deben usarse palabras de otras lenguas, mientras existan sinónimas en
castellano. Esta norma no tiene más excepciones que las expresamente
recogidas en este libro. El criterio seguido en tales casos ha sido
aceptar las palabras no castellanas impuestas por su uso generalizado,
de las cuales gran parte incluso se escriben en redonda (por ejemplo,
'whisky'); las que no tienen una traducción exacta (por ejemplo,
'strip-tease', el 'green' del golf) y las que, de ser traducidas,
perderían parte de sus connotaciones (por ejemplo \'geisha\').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las palabras no castellanas se escriben en cursiva.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los términos empleados deben ser comunes, pero no vulgares. Cuando haya
que incluir vocablos poco frecuentes ---por estar en desuso o por ser
excesivamente técnicos---, es preciso explicar al lector su significado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las frases deben ser cortas, con una extensión máxima aconsejable de 20
palabras. Sujeto, verbo y predicado es regla de oro. No obstante,
conviene variar la longitud y estructura de las frases y los párrafos.
Es una forma de mantener el interés. Cambiar la forma, el orden y los
elementos de las frases resulta más importante incluso que cambiar su
longitud. Repetir la misma estructura es el camino más seguro para
aburrir al lector.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El empleo de las normas básicas de este manual de estilo no implica el
uso de una escritura uniforme en todo el diario, puesto que son
compatibles con la riqueza, la variedad y el estilo personal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es preferible utilizar los verbos en activa y en tiempo presente. Esto
acerca la acción al lector. No sería aconsejable esta frase: 'Felipe
González dijo ayer que él seguía siendo el presidente del Gobierno y que
fue investido con mayoría absoluta', si se puede sustituir por esta
otra: 'Felipe González dijo ayer que sigue siendo el presidente del
Gobierno y que obtuvo la mayoría absoluta en su investidura'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Vayan entre comas o entre paréntesis, no debe suprimirse la preposición
de delante del número con los años de la persona. Ejemplos: 'Juan López,
de 25 años', o 'Juan López (de 25 años)', pero no 'Juan López, 25 años'
ni 'Juan López (25 años)'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es una incorrección sintáctica emplear el que cuando se hace una cita en
estilo directo. Ejemplo: El presidente dijo que 'yo voy a garantizar el
orden'. Para expresar las palabras tal como fueron dichas no debe
utilizarse el que, y sí los dos puntos y las comillas. Ejemplo: El
presidente dijo: 'Yo voy a garantizar el orden'. En cambio, en estilo
indirecto sobran estos dos signos ortográficos, y ha de ponerse el que.
Ejemplo: 'El presidente dijo que él va a garantizar el orden'.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;El reportaje&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;La apertura. El reportaje ---género que combina la información con las
descripciones e interpretaciones de estilo literario--- debe abrirse con
un párrafo muy atractivo, que apasione al lector. A la vez, el arranque
debe centrar el tema para que el lector sepa desde un primer momento de
qué se le va a informar. Por ejemplo:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Gregorio Jesús Gil y Gil lleva 37 años acomodado sobre el filo de una
navaja. Tenía 17 cuando ganó sus primeras 160.000 pesetas del año
1954, y disfrutó tanto con el resultado del negocio que no resistió la
tentación de esparcir los billetes sobre la cama de la pensión
madrileña donde malcomía, para dormir esa noche encima del dinero.
Desde entonces vive del riesgo.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El relato.&lt;/strong&gt; Tras la entradilla, el relato ha de encadenarse con
estructura y lógica internas. El periodista debe emplear citas,
anécdotas, ejemplos y datos de interés humano para dar vivacidad a su
trabajo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En los reportajes muy extensos, lo preferible es concebir grupos de
varios párrafos conectados entre sí, como pequeños capítulos internos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esto facilita esparcir por la historia diversas entradillas falsas que
permiten mantener la tensión de lectura. Al mismo tiempo, esos grupos de
párrafos conexos desde el punto de vista del relato estarán relacionados
entre sí como unidades más grandes, aunque con menor intensidad en la
conexión.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Algunos hechos &lt;strong&gt;hay que esconderlos&lt;/strong&gt; hasta el momento adecuado en que
pueden revelarse como factor sorpresa. Pero todo reportaje debe tener un
hilo conductor que le dé cohesión. Finalmente, el último párrafo servirá
como resumen y colofón de todo lo relatado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El fina&lt;/strong&gt;l. El último párrafo de un reportaje debe ser escrito muy
cuidadosamente. Tiene que servir como remate, pero sin establecer
conclusiones aventuradas o absurdamente chistosas. El último párrafo
tiene que dejar cierto regusto al lector y conectar con la idea
principal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;He aquí las líneas finales de uno del ejemplo anterior, en que se
conecta con la idea principal:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Pero Jesús Gil se siente cómodo en el filo de la navaja. Su osadía no
tiene límites. Tanto, que desea ser asesor del presidente del
Gobierno. Y cita incluso el nombre del cargo: asesor del presidente en
los Temas de Arreglar España. Siempre fue muy atrevido.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;h3&gt;Números&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Se escriben con todas sus letras sólo las cifras del cero al nueve,
ambos inclusive. Las cantidades que puedan expresarse con dos números
irán siempre en guarismos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para los millones no se emplearán los seis ceros correspondientes, sino
la palabra 'millón'. Así, las unidades de millón se escribirán con todas
sus letras ('un millón', 'dos millones'), y las decenas, centenas o
millares, parte con números y parte con letras ('50 millones', '500
millones', '500.000 millones'). &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Salvo las excepciones:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- En aquellas relaciones de cifras en las que unas deban escribirse
con letras y otras con guarismos se optará por ponerlas todas con
números. Ejemplo: '3 ministros, 45 senadores y 100 diputados'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Las cantidades aproximadas, así como las frases ya hechas o
literarias, se escriben, sin embargo, con todas sus letras. Ejemplos:
'se lo dijo mil veces', 'ciento y la madre', 'seguir en sus trece', 'las
mil y una noches', 'dar ciento por uno', 'con cien cañones por banda',
'cantar las cuarenta', 'casi mil personas'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Los números quebrados se escriben siempre con todas sus letras,
salvo en las tablas o cuadros estadísticos. Ejemplos: 'dos tercios',
'tres quintos', 'un octavo'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por el contrario, siempre se emplearán guarismos en los siguientes
casos:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Los días del mes ('1 de febrero'), salvo que se trate de una fecha
histórica o un nombre propio ('Dos de Mayo', 'Movimiento Veintiséis de
Octubre', 'Dieciocho de Julio'). --- La numeración del callejero ('San
Antón, 7 y 9').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- La numeración de los pisos, apartamentos o habitaciones de un hotel
('2º izquierda', 'apartamento 1').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Los años, no las décadas ('1982', pero 'los años ochenta'). Conviene
recordar que en los años los números no llevan el punto del millar ('el
año 1957', pero '1.957 pesetas').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Así se procederá también con las páginas, pero no con las partes de
un libro y de una obra teatral o musical ('página 521', pero 'segundo
tomo', 'volumen tercero').&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;La coma&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;La coma (,) indica las pausas más o menos cortas dentro de una oración,
permite en la lectura conocer el sentido de las frases y puede señalar
entonación ascendente o descende nte. Nunca se debe colocar una coma
entre sujeto y verbo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dos o más partes de una oración, cuando se escriban seguidas y sean de
la misma clase, se separarán con una coma. Ejemplo: 'Juan, Pedro y
Antonio'. Pero no cuando medien estas tres conjunciones: y, ni, o.
Ejemplos: 'Juan, Pedro y Antonio'; 'ni el joven ni el viejo'; 'bueno,
malo o mediano'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;[A veces es necesaria la coma para separar oraciones unidas por una
conjunción copulativa, de modo que se facilite la lectura: 'Juan viajó
la pasada noche a Barcelona, y a Madrid no irá hasta mañana']&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En una cláusula con varios miembros independientes entre sí, éstos se
separan con una coma, vayan precedidos o no de una conjunción. Ejemplos:
'todos mataban, todos se compadecían, ninguno sabía detenerse'; 'al
apuntar el alba cantan las aves, y el campo se alegra, y el ambiente
cobra movimiento y frescura'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las oraciones que suspendan momentáneamente el relato principal se
encierran entre comas. Ejemplos: 'la verdad, escribe un político, se ha
de sustentar con razones y autoridades'; 'los vientos del Sur, que en
aquellas abrasadas regiones son muy frecuentes, ponen en grave peligro a
los viajeros'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El nombre en vocativo va seguido de una coma, si está al principio;
precedido de una coma, si está al final, y entre comas, si se encuentra
en medio de la oración. Eje mplos: 'Juan, óyeme'; 'óyeme, Juan';
'repito, Juan, que oigas lo que te digo'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La coma no es necesaria en las transposiciones cortas y muy
perceptibles. Ejemplo: 'donde las dan las toman'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La elipsis del verbo se indicará con una coma. Ejemplo: 'usar de
venganza con el superior es locura; con el igual, peligro; con el
inferior, vileza'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay tres tipos de errores que se repiten con harta frecuencia en el uso
de la coma. Son éstos:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Antes del adverbio 'como', este signo ortográfico cambia el
significado en muchas oraciones. No es igual 'no lo hice como me
dijiste' (lo hizo de distinta forma) que 'no lo hice, como me dijiste'
(no lo hizo, luego cumplió el encargo).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Aplicada a ciegas, la norma de encerrar entre comas un nombre
propio, cuando lo que le precede en la oración es el cargo o condición
de la persona nombrada, ll eva al error. No es lo mismo escribir 'el
capitán José Fernández ha sido condecorado' que 'el capitán, José
Fernández, ha sido condecorado'. Tal como está redactado el segundo de
los ejemplos, José Fernández es el único capitán que existe.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Cuando se omite antes de un complemento circunstancial y altera la
concordancia. Ejemplos: 'el general pidió orden durante su toma de
posesión' y 'el general pidió orden, durante su toma de posesión'. En el
primer caso, solamente reclamaba orden para el acto en el que tomaba
posesión.En el segundo pide orden en términos generales, y la petición
se produce durante el citado acto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Siempre que se pueda, es preferible eliminar la coma,&lt;/strong&gt; sobre todo en
frases cortas. 'Yo soy de Cuenca, y tú de Madrid', pero no 'yo soy de
Cuenca, y tú, de Madrid'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay que evitar el error de convertir en una oración con verbo elidido
aquellos títulos simplemente enunciativos que enmarcan un escrito. 'El
general en su laberinto' no puede ser 'el general, en su laberinto'. 'El
fútbol antes de la guerra' no podría convertirse en 'el fútbol, antes de
la guerra'.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Punto&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Se emplea punto (.) para indicar el final de una oración, para marcar
los millares en las cantidades numéricas escritas con cifras, en las
fracciones de hora ('14.30', pero no '14,30') y para las iniciales de
nombres o apellidos ('J. Ortega y Gasset', 'John F. Kennedy).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No se debe emplear punto en las siglas ---salvo cuando formen parte de
un texto todo él escrito en mayúsculas, por ejemplo, un cintillo---, en
los números de años o en los de teléfonos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El punto va detrás del paréntesis, de la raya o de las comillas de
cierre también cuando cualquiera de estos signos se haya abierto
inmediatamente después de un punto. Nunca se suprimirán el paréntesis,
el corchete o las comillas de cierre por el hecho de coincidir con el
punto al final de una oración.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Después de los puntos suspensivos (que son tres, y nada más que tres) no
se pone punto final. Tampoco después de los signos de interrogación o de
admiración.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Punto y coma&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El signo de punto y coma (;) señala pausa y descenso en la entonación;
no como el punto, que cierra una oración completa, sino como mero reposo
entre dos o más miembros de ésta. Se trata del signo más subjetivo, que
depende en gran medida de la voluntad del autor.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No obstante, de be emplearse punto y coma en los siguientes casos:&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;Para distinguir entre sí las partes de un periodo en las que hay ya
  alguna coma. Ejemplo: 'Los periodistas se desparraman por los suelos
  con estrépito de cámaras, crash, crash; los hombres de turbante y
  grandes mantos se desploman con sordo golpe amortiguado por las ropas,
  plof, plof; los seguidores resbalan en su aturullamiento por conseguir
  una buena posición para ver al imam, cataplún'.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Entre oraciones coordinadas adversativas. Ejemplo: 'El camino no
  ofrecía grandes peligros; sin embargo, no me atreví'. Ahora bien, si
  se trata de oraciones cortas basta una simple coma. Ejemplo: 'Lo hizo,
  aunque de mala gana'.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Cuando a una oración sigue otra precedida de conjunción, que no tiene
  perfecto enlace con la anterior. Ejemplo: 'Pero nada bastó para
  desalojar al enemigo, hasta que se abrevió el asalto por el camino que
  abrió la artillería; y se observó que uno solo, de tantos como fueron
  deshechos en este adoratorio, se rindió a la merced de los españoles'.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Cuando después de varios incisos separados por comas la frase final se
  refiera a ellos o los abarque y comprenda todos. Ejemplo: 'El
  incesante tráfico de coches, la notable afluencia de gentes, el ruido
  y griterío en las calles; todo hace creer que se da hoy la primera
  corrida de toros'.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;En las relaciones de nombres cuando a éstos les sigue el cargo u
  ocupación de la persona. Ejemplo: 'Jack Bell, de The Associated Press;
  Baskin, del News de Dallas, y Bob Clark, de la American Broadcasting
  Company, iban en el asiento posterior'. Obsérvese que en el último
  nombre la conjunción y que le precede elimina el punto y coma,
  sustituyéndolo por una coma. No obstante, en algunos casos queda a
  gusto del autor escribir también aquí un punto y coma, si con ello
  gana en claridad. Ejemplo: a cinco columnas, no más de una línea; a
  cuatro, dos; a tres, dos; a dos, tres; y a una, cuatro.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Dos puntos&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El signo de dos puntos (:) señala pausa precedida de un descenso en el
tono; pero, a diferencia del punto, denota que no se termina con ello la
enumeración del pensamiento completo. Se usa en los siguientes casos:&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;Ante una enumeración explicativa. Ejemplo: 'Había tres personas: dos
  mujeres y un niño'.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Ante una cita textual. Ejemplo: "Luego, escribió en su diario: ' El
  presidente Kennedy llega al Trade Mart".&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Ante la oración en la que se demuestra lo establecido en la que le
  precede ('Pero no son los mismos, no pueden serlo: el 35º presidente
  de Estados Unidos ha sido asesinado')&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;En los titulares, después del nombre de una persona, para indicar una
  frase, aunque no sea textual ('Stevenson: Creo en el perdón de los
  pecados y en la redención de la ignorancia'). Pero no después del
  nombre de una ciudad ('Dallas: Kennedy ha sido asesinado\')&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;Después de dos puntos se escribe en minúscula, salvo que lo que siga sea
una cita (entrecomillada o no) o una enumeración en varios párrafos,
cada uno de ellos precedido por un número o una letra en negra.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Comillas&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Las comillas deben emplearse sólo para encerrar frases reproducidas
textualmente. Tienen también otros usos (enmarcar un sobrenombre,
subrayar una palabra, destacar un neologismo o un término no
castellano), pero para estos cas os en el periódico se emplea la letra
cursiva.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se usan comillas inglesas o dobles (""), así como las simples (''), pero
nunca las francesas o angulares («»).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando dentro de un entrecomillado vaya otro, el segundo se marcará con
comillas simples. En caso de tener que escribir estos dos tipos de
comillas juntos, por coincidir al principio o al final de la cita, se
suprimirán las comillas simples.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si el texto reproducido es tan extenso que comprende varios párrafos, se
abrirán y cerrarán comillas en cada uno de ellos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el caso de que en medio de una cita textual se haga una apostilla o
aclaración, las comillas han de cerrarse antes del inciso, que irá entre
comas, y abrirse después de él.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La supresión de palabras o frases en un texto entrecomillado se marcará
con puntos suspensivos. Si es al principio de la cita, los puntos
suspensivos irán inmediatamente después de las comillas, pero separados
de la palabra que sigue por un blanco; si es en medio, los puntos
suspensivos irán entre paréntesis.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las comillas ---como sucede con los paréntesis y las rayas--- van
siempre antes del punto final, tanto si se abrieron una vez iniciada la
frase como si se abrieron inmediatamente después del punto anterior.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los términos no castellanos, los neologismos, así como los títulos de
libros, películas, canciones, obras de teatro o musicales, o de algunas
de sus partes (capítulo de un libro, artículo de un diario), no se
entrecomillarán. Como excepción, cuando se citen a la vez el título
general de una obra y el de una de sus partes, este último llevará
comillas simples.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Paréntesis&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Se emplea paréntesis [()] para aislar una observación al margen del
objeto principal del discurso, así como para incluir una llamada o un
dato relacionados con ese discurso. Ejemplos: 'la Gestapo (contracción
de las palabras alemanas Geheime Staatspolizei)'; 'la misma editorial ha
publicado otra importante obra (*), cuya lectura se recomienda'; 'soy
pesimista con la inteligencia, pero optimista por voluntad (Antonio
Gramsci, Lettera dal carcere, página 115)'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Paréntesis y rayas cumplen cometidos similares. Sin embargo, los
primeros deben reservarse para los incisos acusadamente al margen del
relato, y las segundas, para aquellos otros que podrían ir entre comas,
pero que las rayas refuerzan y diferencian con toda claridad. Ejemplos:
'cuando Edgar Snow llegó por primera vez a China (a los 22 años, con
algún dinero ganado en Wall Street jugando a la Bolsa), su propósito era
quedarse seis meses, que se convirtieron en 13 años'; 'aquel que visita
una tierra extranjera sin conocer el idioma ---lo dice Francis Bacon---
va como estudiante, y no como viajero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando en un inciso se abra otro, el primero irá entre paréntesis, y el
segundo, entre rayas. Ejemplos: 'todos estos países isleños (las
Filipinas, Indonesia, Sri Lanka --- anteriormente Ceilán--- y Mauricio)
no forman propiamente un bloque'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los paréntesis ---como sucede con las comillas y las rayas--- van antes
del punto final si es que se abrieron una vez iniciada la frase, y
también cuando se abrieron inmediatamente después del punto anterior.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Raya&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;La raya es un signo ortográfico (---) cuya largura de trazo impide
confundirlo tipográficamente con el guión (-) o con el signo de 'menos'
(---).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La raya sirve para aislar una observación al margen del objeto principal
del discurso, como los paréntesis (ya se ha explicado, al hablar de
éstos, cuándo deben emplearse rayas y cuándo paréntesis).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El hecho de que coincidan al final de una frase la raya y el punto no es
motivo para que se suprima ésta; en igualdad de circunstancias, tampoco
desaparecen, por ejemplo, el paréntesis o las comillas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la transcripción de un diálogo, la raya marca el comienzo de las
frases pronunciadas por cada uno de los interlocutores. En este caso, la
raya ha de ir pegada a la letra inicial, sin blanco de separación
alguno. No se volverá a situar raya antes del punto y aparte cuando la
raya inicial haya abierto una frase de diálogo.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Guión&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El guión (-), signo ortográfico de trazo más corto que la raya (---) y
que el de 'menos' (---), se usa como elemento de unión.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En primer lugar, para unir dos adjetivos cuando éstos, cada uno por
separado, siguen conservando su identidad. Ejemplo: 'acuerdo
greco-chipriota'; esto es, entre los Gobiernos de Grecia y Chipre. En
cambio, no se empleará guión, y los adjetivos se escribirán sin blanco
de separación, cuando, juntos, supongan una nueva identidad. Ejemplo:
'comunidad grecochipriota'; o sea, la compuesta por los chipriotas de
origen griego.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No se empleará guión entre la partícula ex y otra palabra cuando aquélla
se utiliza para decir que una persona ya no tiene el cargo o la
condición que indica el nombre o adjetivo de persona al que se antepone.
Ejemplos: 'ex ministro', 'ex discípulo' o 'ex suarista', y no
'ex-suarista' o 'exsua rista'.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Interrogación y exclamación&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Los signos de interrogación, uno para abrirla y otro para cerrarla (¿?),
engloban el objeto de la pregunta, el cual puede ser toda una oración o
sólo una parte de ella. Los de exclamación (¡!), con los que se expresa
fuerza o vehemencia, se utilizan en las mismas condiciones y con las
mismas reglas que los de interrogación.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La inclusión de los signos de apertura no implica que la palabra que le
sigue, escrita junto al signo, haya de llevar mayúscula inicial por este
hecho. La llevará o no la llevará de acuerdo con las normas generales
sobre el emple o de mayúsculas. ('¿Vendrás hoy?'; 'mi pregunta es ésta:
¿vendrás hoy?'; 'si te lo digo, ¿vendrás hoy?').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Detrás de los signos de cierre nunca se pone punto, pero sí coma o punto
y coma. Ahora bien, si al signo de interrogación o de exclamación le
sigue un paréntesis, una raya o unas comillas, la frase ha de concluir
con punto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un signo de interrogación encerrado entre paréntesis, en este caso
siempre el de cierre, indica duda; el de exclamación, asombro. Sin
embargo, ninguna de estas dos formas debe usarse en textos informativos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando una frase sea exclamativa e interrogativa al mismo tiempo, no se
duplicarán los correspondientes signos, sino que se abrirá con el
exclamativo y se cerrará con el interrogativo.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;El apóstrofo&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El apóstrofo es un signo ortográfico (') con el que se indica en otras
lenguas, entre otros supuestos, la elisión de una vocal a final de
palabra cuando la siguiente comienza con una letra de igual clase.
Ejemplos: 'Sant Sadurní d'Anoia', 'l'invasione', 'l'obscurité'. 92 Y, en
el caso concreto del inglés, también para el llamado genitivo sajón.
Ejemplo: 'America's Cup'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se emplea mal en castellano cuando se utiliza, como si se tratara de un
genitivo sajón, en las fechas. Así, en el periódico se escribirá
'Mundial 82', y no 'Mundial '82'; 'Arte 83', y no 'Arte '83', aun cuando
ésta sea la forma en que lo hagan sus organizadores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No debe confundirse el apóstrofo, signo ortográfico, con el apóstrofe,
figura retórica.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Puntos suspensivos&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Los puntos suspensivos constituyen un solo signo ortográfico, formado
por &lt;strong&gt;tres puntos, y no más&lt;/strong&gt; (...). Sirven para denotar que queda
incompleto el sentido de una oración o cláusula de sentido cabal, para
indicar temor o duda, o lo inesperado y extraño de lo que se cuenta a
continuación; usos todos ellos que desaconsejan su empleo en textos
noticiosos y, desde luego, como remate de una información.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si se utilizan, hay que tener en cuenta que no pueden emplearse después
de la palabra etcétera (que tampoco debe usarse en textos informativos)
y que, al final de una frase, hacen innecesaria la inclusión del punto
final.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los puntos suspensivos se emplean también para indicar la supresión de
palabras o frases dentro de una cita entrecomillada. En tales supuestos,
cuando el corte se haya hecho al principio, los puntos suspensivos han
de ir inmediatamente después de las comillas de apertura y separados de
la primera palabra de la cita. Pero entre paréntesis y con blancos de
separación a ambos lados cuando el corte se haya producido en medio.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Asterisco&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El asterisco (*) se emplea para remitir al lector a una nota al final
del texto. Se escribe entre paréntesis tras la palabra a la que se
refiere, pero no sin bla nco de separación. Ejemplo: 'según dicho autor
(*)', y no 'según dicho autor*'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando las citas sean más de una, no se emplearán asteriscos, sino
números, también entre paréntesis. Ejemplos: 'en la citada obra (2)',
pero no 'en la citada obra**'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;[Leer el Manual de estilo para escritores. Segunda
parte]{filename}/posts/manual-de-estilo-escritores-segunda-parte.md)&lt;/p&gt;</content><category term="PARA ESCRITORES"/></entry><entry><title>Manual de estilo para periodistas y escritores. Segunda parte</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/manual-de-estilo-escritores-segunda-parte.html" rel="alternate"/><published>2025-03-05T20:39:00+01:00</published><updated>2025-03-05T20:39:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2025-03-05:/manual-de-estilo-escritores-segunda-parte.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.poesiayrelatos.com/images/manual-de-estilo-para-escritores.jpg"&gt;&lt;img alt="Manual de estilo para escritores. Segunda parte" src="http://www.poesiayrelatos.com/images/manual-de-estilo-para-escritores.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la &lt;a href="http://www.poesiayrelatos.com/manual-de-estilo-escritores-primera-parte.html"&gt;primera parte de este manual&lt;/a&gt;
de estilo para escritores que no pretende abordarlo todo, se mencionaron
algunas normas generales y de puntuación. Vamos a continuar con las
normas gramaticales que con más frecuencia se quebrantan. Si bien la
terminología de los ejemplos es de corte periodístico, de ahí …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;a href="http://www.poesiayrelatos.com/images/manual-de-estilo-para-escritores.jpg"&gt;&lt;img alt="Manual de estilo para escritores. Segunda parte" src="http://www.poesiayrelatos.com/images/manual-de-estilo-para-escritores.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la &lt;a href="http://www.poesiayrelatos.com/manual-de-estilo-escritores-primera-parte.html"&gt;primera parte de este manual&lt;/a&gt;
de estilo para escritores que no pretende abordarlo todo, se mencionaron
algunas normas generales y de puntuación. Vamos a continuar con las
normas gramaticales que con más frecuencia se quebrantan. Si bien la
terminología de los ejemplos es de corte periodístico, de ahí las
referencias a la política y a la sociedad, el recordar estas normas nos
ayudará a tener una escritura más clara a la hora de escribir una
novela.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Normas gramaticales&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Los adverbios modifican a los verbos, los adjetivos o a otros adverbios,
y sólo así deben utilizarse. Es correcto escribir 'va deprisa', puesto
que deprisa es adverbio y modifica al verbo. Pero no 'trabaja duro',
porque duro es adjetivo y, junto al verbo, ocupa el lugar del adverbio.
Lo correcto sería 'trabaja duramente'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los adverbios de tiempo deben ir siempre junto al verbo. Debe escribirse
'el Rey ha inaugurado hoy...', pero no 'hoy, el Rey ha inaugurado...'.
En general, los adverbios se deben situar tras el grupo verbal, mejor
que delante o en el medio. Ejemplos: 'El presidente está claramente
dispuesto a dimitir' debe sustituirse por 'el presidente está dispuesto
claramente a dimitir'. A veces, se incurre en galicismo: 'El Gobierno ha
ya terminado el proyecto' (en lugar de escribir correctamente 'el
Gobierno ha terminado ya el proyecto').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La palabra inicial de una información jamás puede ser un adverbio (salvo
'sólo' o 'solamente' si su lugar altera el significado de la frase),
como tampoco una locución adverbial o un complemento circunstancial. Los
adverbios tienen como función gramatical modificar el significado de
otras palabras. Por tanto, es una mala construcción periodística iniciar
una noticia con una palabra que amplía, matiza o precisa algo que aún no
se conoce. Y ello precisamente en el párrafo que debe atraer al lector y
facilitarle la lectura.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando en una información se haga referencia a un día anterior, siempre
que se trate de la misma semana, se preferirá la mención concreta de ese
día ('el martes pasado') al uso de un adverbio ('anteayer'). Si se
precisa el día en que ocurrió un hecho, no se puede utilizar el
pretérito perfecto ('ha aprobado ayer'), sino el indefinido ('aprobó
ayer').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los adjetivos creados a partir de un nombre o apellido y aceptados por
el uso no se deben escribir en cursiva, máxime cuando se trata de una
práctica no generalizada. No hay explicación para que 'alfonsino',
'felipista', 'marxista' o 'franquista' vayan en redonda y, sin embargo,
'suarista' o 'mitterrandista' figuren en cursiva. Menos todavía si, por
este empleo, la cursiva puede interpretarse como que se albergan dudas
sobre el significado de la palabra. Por ejemplo, en el caso de
'populares' aplicado a los miembros del Partido Popular.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Preposiciones&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El cometido de las preposiciones, en sí términos invariables, es
establecer cierto tipo de relación entre otras dos palabras; de
movimiento, modo, tiempo, materia, oposición, procedencia, etcétera.
Depende no sólo de la preposición, sino de las posibilidades
combinatorias que ofrezcan las palabras relacionadas entre sí. El uso
más frecuente de cada una de las preposiciones, así como los errores que
más a menudo se cometen en algunos casos, se recoge en los apartados que
siguen.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;A&lt;/strong&gt;. Tiene un uso muy variado. Generalmente expresa una idea de
dirección o de movimiento, real o figurado ('voy a Londres', 'amo a mis
padres').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Constituye un galicismo usar la preposición a en estos dos casos: ---
Delante de un sustantivo que complementa a otro. Ejemplos: 'avión a
reacción', 'olla a presión', 'cocina a gas'. Debe usarse la preposición
de. Ejemplos: 'avión de reacción', 'olla de presión', 'cocina de gas'.
--- Antes de un infinitivo, en expresiones como 'ejemplo a seguir',
'acuerdo a tomar', 'modelo a desarrollar', etcétera. En la mayoría de
estos casos puede suprimirse perfectamente el verbo, pues normalmente el
sentido de la frase lo hace innecesario.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En referencias a velocidad es preferible usar la preposición por, sin
artículo interpuesto, y no a. Ejemplos: '100 kilómetros por hora', y no
'a la hora'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La combinación a por, aunque censurada por la Real Academia, puede
emplearse. En primer lugar, por lo que Manuel Seco (Diccionario de dudas
y dificultades de la lengua española, página 6) llama su 'ventaja
expresiva'. No es lo mismo ---explica--- 'fui por ella',&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se debe suprimir la preposición a cuando el complemento directo necesite
distinguirse de otro que lleve esa misma partícula. Ejemplos: ''Argel
expulsa 11 etarras a Venezuela', y no 'Argel expulsa a 11 etarras a
Venezuela'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Ante&lt;/strong&gt;. Significa delante de ('se presentó ante él').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Bajo&lt;/strong&gt;. Indica una situación inferior ('bajo su autoridad').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Cabe&lt;/strong&gt;. Equivale a junto a ('cabe la puerta'). Actualmente se usa poco
en los medios de comunicación, aunque permanece en el lenguaje rural.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Con&lt;/strong&gt;. Indica idea de compañía ('voy con ellos'), de instrumento ('lo
cogió con las manos') o de modo ('se mueve con gracia').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Contra&lt;/strong&gt;. Expresa oposición ('viene contra nosotros'). Es un galicismo
su construcción con por (por contra). En su lugar debe escribirse 'en
cambio' o 'por el contrario'. Y es un vulgarismo su uso como adverbio,
con el significado de 'cuanto'. 'Contra más les das, más piden' debe
sustituirse por 'cuanto más les das, más piden'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;De&lt;/strong&gt;. Indica idea de posesió n y pertenencia ('el sombrero de mi
tía'), de materia ('copa de cristal') o de origen ('viene de Alemania').
Esta preposición no debe omitirse en estos tres casos:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- En las denominaciones de vías públicas, salvo que el nombre lo
constituya un adjetivo. Ejemplos: 'calle de Alcalá', no 'calle Alcalá',
pero 'calle Mayor'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Cuando el verbo exija esta preposición, o cuando el complemento lo
constituya una proposición. Ejemplos: 'estaba seguro de que fallaría', y
no 'estaba seguro que fallaría'; 'le informó de que vendría', y no 'le
informó que vendría'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Delante de la cifra con los años de una persona, tanto si este dato
figura entre comas como entre paréntesis. Ejemplos: 'Juan López, de 25
años' o 'Juan López (de 25 años)', pero no 'Juan López, 25 años' ni
'Juan López (25 años)'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Desde&lt;/strong&gt;. Indica el principio del tiempo o de una distancia ('desde el
año pasado', 'desde San Sebastián a Madrid').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;En&lt;/strong&gt;. Expresa una idea general de reposo en el tiempo y en el espacio
('estamos en verano', 'estamos en Torrelodones'). Debe utilizarse esta
preposición, y no el adverbio 'dentro', en los verbos en que su uso
derive en redundancia. No debe escribirse 'se enmarca dentro de esa
situación', sino 'se enmarca en esa situación'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Entre&lt;/strong&gt;. Expresa situación en medio de personas o cosas ('está entre
esta calle y la otra', 'estamos entre amigos').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Hacia&lt;/strong&gt;. Señala la dirección ('iba hacia el colegio'). No equivale a
la preposición a ('iba al colegio').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Hasta&lt;/strong&gt;. Indica el término de un espacio o de un tiempo ('esperaré
hasta junio', 'llegaré hasta la plaza').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Para&lt;/strong&gt;. Indica destino o fin de la acción ('estudia para triunfar',
'trabajaré para ellos\').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Por&lt;/strong&gt;. Tiene un uso muy variado. Expresa una vaga idea de tiempo y
lugar ('por aquel entonces', 'pasear por allí'). Indica también la causa
('por ti me veo así').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Según&lt;/strong&gt;. Expresa relación de conformidad de unas cosas con otras
('obro según me dijeron'). Nunca una información debe comenzar con esta
partícula.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Sin&lt;/strong&gt;. Expresa privación ('sin una peseta').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;So&lt;/strong&gt;. Equivale a bajo ('so la encina'). Hoy apenas se emplea, salvo en
locuciones formadas con sustantivos como pena o pretexto ('so pena de
perderla', 'dijo que no venía, so pretexto de estar ocupado').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Sobre&lt;/strong&gt;. Significa encima de ('sobre la mesa'). Sirve también para
indicar el asunto de que se trata ('una conferencia sobre poesía').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Tras&lt;/strong&gt;. Expresa el orden con que unas cosas siguen a otras ('tras la
soga va el ca ldero'). Se sustituye normalmente por 'detrás de' o
'después de'.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Concordancia&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Sujeto y verbo han de mantener preferiblemente concordancia de
número.&lt;/strong&gt; Debe escribirse 'un grupo de personas se reunió ayer' o 'el
60% de los encuestados opina...', pero no 'un grupo de personas se
reunieron ayer' o 'el 60% de los encuestados opinan...'. No obstante,
no hay que aplicar esta norma a rajatabla y escribir 'el 5% de las
mujeres está embarazado'. Para casos determinados, se puede modificar la
concordancia de género y número. Las cifras deben concordar en plural:
'Un millón de personas ocupan la calle'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En una relación expositiva en forma ordinal, el número llevará el género
que corresponda al antecedente. Ejemplos: 'las conclusiones siguientes:
1ª..., 2ª..., 3ª...; 'los temas siguientes: 1º..., 2º..., 3º...'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cargos y títulos observarán rigurosa concordancia de género con sus
poseedores. Así, se escribirá 'la doctora', 'la ingeniera', 'la
diputada', 'la jefa' o 'la primera ministra' cuando tales condiciones se
refieran a una mujer. Sin embargo, debe escribirse 'el modista', y no
'modisto' (igual que 'periodista', y no 'periodisto'); 'la poetisa', y
no 'la poeta'. El hecho de que se escriban en femenino profesiones que
en otro tiempo estuvieron reservadas a los hombres no debe inducir a un
uso equivocado del idioma. Así, por eje mplo, no debe escribirse
'jueza', cuando no se usa 'juezo', sino 'juez'. No ocurre igual con
'médica', femenino de 'médico'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los nombres propios escritos en plural, pero concebidos como singular,
deben concordar en singular. Ejemplos: 'Estados Unidos veta el envío de
tropas', 'Canarias pide un trato específico en la CE', pero 'las
Canarias están más cerca de África que de Europa.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Condicional&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;En castellano, el condicional se puede emplear como futuro imperfecto
del pasado ('dijo que vendría') o como futuro perfecto del pasado ('dijo
que a la hora de cenar habría terminado'). Es decir, como formas
relativas que dependen de verbos de lengua o sentido utilizados en
pasado: 'anunció', 'avisó', 'dijo', etcétera.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin esa relación con otros verbos, sólo se puede utilizar la forma
condicional en estos tres casos:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Para atenuar cortésmente un deseo, reproche o petición. Ejemplos:
'podrías llegar antes', '¿querrías atenderme?', '¿podría decirme la
hora?'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- En relación con un subjuntivo. Ejemplos: 'si yo fuera millonario, me
compraría un Rolls'; 'si hubieras venido, yo no estaría así'. En estos
casos de relación con subjuntivo, es preferible siempre la forma
potencial en los tiempos compuestos. No se debe escribir 'si hubieras
pedido que lo hiciera, yo lo hubiese hecho'. Es más correcto 'si
hubieras pedido que lo hiciera, yo lo habría hecho'. Para comprender
mejor esta relación sintáctica, conviértase la oración al potencial
simple: siempre diremos 'si pidieras que lo hiciese, yo lo haría'; y
nunca 'si pidieras que lo hiciese, yo lo hiciera'. Es incorrecto
utilizar el potencial en concordancia con indicativo: 'si vinieras, yo
iré también'. Ha de escribirse: 'si vinieras, yo iría también'. O bien:
'si vienes, yo iré también'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--- Para expresar la posibilidad en el pasado. Ejemplos: 'tendría
entonces 10 años', 'por aquella época ya habría terminado el
bachillerato'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La posibilidad en el pasado no es, sin embargo, un hecho dudoso, no
garantizado, ni un rumor. Este uso del condicional de indicativo es
francés. Se incurre, pues, en galicismo cuando se escriben frases como
éstas: 'el ministro de Agricultura podría estar dispuesto...'; 'el
obispo habría establecido...'; 'según diversas fuentes, habrían sido
detenidos siete gr apos...'. Los giros adecuados para sustituir el
condicional francés pueden ser éstos u otros parecidos (que tienen un
uso restrictivo, conforme se indica en este Libro de estilo): 'el
ministro parece estar dispuesto...'; 'según indicios, el obispo ha
establecido...'; 'parece ser (o tal vez) que han sido detenidos siete
grapos...'. El uso del condicional en ese tipo de frases queda
terminantemente prohibido en el periódico. Además de incorrecto
gramaticalmente, resta credibilidad a la información.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Errores gramaticales&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Gerundio&lt;/strong&gt;. Este tiempo verbal expresa una acción en desarrollo,
anterior o simultánea a la principal. Es incorrecto su uso (galicismo)
como participio de presente; esto es, como adjetivo en función de
atributo ('un barril conteniendo 100 litros de cerveza'). Sólo hay dos
excepciones admitidas por la Academia: 'agua hirviendo' y 'palo
ardiendo'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Igualmente es incorrecto su uso (fallo que se comete con harta
frecuencia) cuando se utiliza para indicar una acción posterior a la
principal. Ejemplo: 'Viajó a Mallorca en avión, asistiendo a un congreso
de ginecología'. Tal como está escrito, el congreso se celebró en el
avión, que no parece el sitio más adecuado para reuniones de este tipo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Dequeísmo&lt;/strong&gt;. Es incorrecto el uso de la fórmula de que cuando se trata
de una oración completiva con un verbo que no rige la preposición de.
Ejemplos: 'creo que no está bien', y no 'creo de que no está bien'. Esta
norma no debe inducir a la equivocación de suprimir el de en verbos o
construcciones en las que rige esta preposición. Es correcto escribir
'estoy seguro de que vendrá' o 'le informó de que vendría', pero no
'estoy seguro que vendrá' o 'le informó que vendría\'.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Estilos directo e indirecto&lt;/strong&gt;. Cada vez es más frecuente en los
periódicos un vicio de lenguaje que denota escaso esmero literario:
utilizar el estilo directo y el indirecto con una conexión sintáctica
incorrecta: Ejemplo: "su esposa comentó anoche que 'mi marido no está".
Para exponer esa idea correctamente, hay dos posibilidades: 'su esposa
comentó anoche que su marido no estaba' o 'su esposa comentó anoche: "Mi
marido no está". Pero nunca la mezcla de ambas. Otro ejemplo: "la
doncella aseguró que no podía contestar 'porque estoy sola con las
niñas. Llame una hora más tarde". Aquí se produce un claro error de
concordancia en los verbos: 'la doncella (...) no podía (...) porque
estoy sola. ¿A quién corresponde estoy, al periodista, a la doncella? El
hecho de que se escriban comillas no indica que a partir de ese signo
comience una frase que no ha de estar relacionada sintácticamente con la
que le da la concordancia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Laísmo&lt;/strong&gt;. Se llama así a la utilización incorrecta del la por el le.
Menos frecuente porque es más escandaloso, pero es una falta corriente
en algunas regiones, especialmente en el norte de Castilla. Se produce
laísmo cuando se utiliza la como pronombre representativo de un
complemento indirecto femenino. Ejemplos: 'la llevé un paquete' (a
ella). Lo correcto en este caso es 'le llevé un paquete' (a ella). Se
usa la correctamente cuando este pronombre representa a un complemento
directo femenino. Ejemplo: 'la llevé a Cádiz'. En este caso, la
representa a ella.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Leísmo&lt;/strong&gt;. Para indicar el complemento indirecto se deben emplear
siempre le o les. Estos dos pronombres pueden usarse también como
complemento directo si sustituyen a un masculino de persona. Leísmo es,
por tanto, el uso indebido de le y les como complemento directo; es
decir, en los casos en que sustituye como pronombre a un femenino, a un
neutro o a un masculino, de animal o cosa, en la función de complemento
directo. Ejemplos de uso correcto como complemento indirecto: 'le di un
abrazo' (a él o a ella), 'le pedí que llegara pronto' (a él o a ella),
'les envié los libros' (a ellos o a ellas). Ejemplos de uso correcto
como complemento directo (masculino de persona): 'vi a mi hermano y le
llamé' (puede decirse también 'lo llamé').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ejemplos de leísmo: 'vi a mi perro y le llamé' (debe decirse 'lo llamé),
'vi a mi hermana y le llamé' (debe decirse 'la llamé').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La utilización del le por el lo en función de complemento directo
masculino no es incorrecta, ya que se trata de la fórmula más extendida
en la mitad norte de España (de Madrid hacia arriba).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El leísmo aceptado se produce cuando se usa le como pronombre
representativo del complemento directo. En la mitad sur de España se
utiliza lo. Ejemplo: 'le llevé a Cádiz' (a Juan). En este caso, lo
correcto en el sur es 'lo llevé a Cádiz'. La confusión viene de que sí
es correcto decir 'le llevé a Cádiz un paquete', porque en este caso le
representa al complemento indirecto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es decir, se utiliza le correctamente cuando el pronombre representa al
complemento indirecto de la frase. En el ejemplo anterior, la persona a
la que se llevó el paquete es complemento indirecto. El directo es el
paquete.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;También se debe usar le para el complemento indirecto femenino. Ejemplo:
'le llevé un paquete a Luisa'. El leísmo incorrecto se produce cuando le
es utilizado como complemento directo que representa a animales o cosas:
'le entregué el gato y ordené que le llevara en el coche' (lo correcto
es 'lo llevara').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Estilos directo e indirecto&lt;/strong&gt;. Cada vez es más frecuente en los
periódicos un vicio de lenguaje que denota escaso esmero literario:
utilizar el estilo directo y el indirecto con una conexión sintáctica
incorrecta. Ejemplo: 'su esposa comentó anoche que "mi marido no está".&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para exponer esa idea correctamente, hay dos posibilidades: 'su esposa
comentó anoche que su marido no estaba' o 'su esposa comentó anoche: "Mi
marido no está". Pero nunca la mezcla de ambas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Otro ejemplo: 'la doncella aseguró que no podía contestar "porque estoy
sola con las niñas. Llame una hora más tarde". Aquí se produce un claro
error de concordancia en los verbos: 'la doncella (...) no podía (...)
porque estoy sola. ¿A quién corresponde estoy, al periodista, a la
doncella? El hecho de que se escriban comillas no indica que a partir de
ese signo comience una frase que no ha de estar relacionada
sintácticamente con la que le da la concordancia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Adverbios&lt;/strong&gt;. Los adverbios de tiempo deben ir siempre junto al verbo.
Debe escribirse 'el Rey ha inaugurado hoy...', pero no 'hoy, el Rey ha
inaugurado...'. En general, los adverbios se deben situar tras el grupo
verbal, mejor que delante o en el medio. Ejemplos: 'el presidente está
claramente dispuesto a dimitir' debe sustituirse por 'el presidente está
dispuesto claramente a dimitir'. A veces, se incurre en galicismo: 'una
vez que el Gobierno hubo terminantemente prohibido...' (en lugar de
escribir correctamente 'una vez que el Gobierno hubo prohibido
terminantemente...').&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La palabra inicial de una información jamás puede ser un adverbio (salvo
'sólo' o 'solamente' si su lugar altera el significado de la frase),
como tampoco una locución adverbial o un complemento circunstancial.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los adverbios tienen como función gramatical modificar el significado de
otras palabras. Por tanto, es una mala construcción periodística iniciar
una noticia con una palabra que amplía, matiza o precisa algo que aún no
se conoce. Y ello precisamente en el párrafo que debe atraer al lector y
facilitarle la lectura.&lt;/p&gt;</content><category term="PARA ESCRITORES"/></entry><entry><title>El método salva al gato para escribir</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/el-metodo-salva-al-gato-para-escribir.html" rel="alternate"/><published>2023-04-23T10:04:00+02:00</published><updated>2023-04-23T10:04:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2023-04-23:/el-metodo-salva-al-gato-para-escribir.html</id><summary type="html">&lt;h2&gt;¿De dónde viene el título «Salva al gato»?&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Según Blake Snyder, el protagonista tiene que hacer algo en el momento en que le conocemos para granjearse nuestra simpatía y que queramos que gane. Tomemos por ejemplo a Aladdin. Es un ladrón holgazán. ¿Cómo crear empatía hacia él? ¿Cómo hacer que …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;h2&gt;¿De dónde viene el título «Salva al gato»?&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Según Blake Snyder, el protagonista tiene que hacer algo en el momento en que le conocemos para granjearse nuestra simpatía y que queramos que gane. Tomemos por ejemplo a Aladdin. Es un ladrón holgazán. ¿Cómo crear empatía hacia él? ¿Cómo hacer que el lector o el espectador se identifique con el héroe?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los guionistas introdujeron una pequeña escena donde Aladdin, a punto de hincarle el diente a su currusco de pan, se encuentra con dos niños hambrientos que rebuscan en la basura. Entonces renuncia a su propia comida y se la da a los niños pobres. Nos ha quedado claro que Aladdin es un ladrón de buen corazón.&lt;br&gt;
El héroe tiene que salvar al gato, como lo vemos en tantas películas de Disney, aunque no tiene por qué suceder en la apertura.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;El héroe es el centro de la trama&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;La relación entre el personaje principal, llamado el héroe, y la trama es primordial. De hecho el héroe es el centro de trama, por lo tanto es esencial crear personajes centrales memorables. Pero, ¿cómo crearlos? Tenemos que dotarlos de estos tres atributos:&lt;/p&gt;
&lt;ol&gt;
&lt;li&gt;UN PROBLEMA, o un defecto que hay que corregir.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;UN DESEO, o la meta que el héroe quiere alcanzar.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;UNA NECESIDAD, o una lección de vida que el héroe tiene que aprender que no concuerda con el DESEO.&lt;/li&gt;
&lt;/ol&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El problema&lt;/strong&gt; tiene que infectar todas las áreas de la vida del héroe, el trabajo, el hogar y las relaciones. Es un herida que ha estado supurando debajo de la superficie de tu héroe durante mucho tiempo. La piel ha crecido sobre ella, dejando atrás una fea cicatriz que hace que tu héroe actúe de la manera en que actúa y haga que cometa errores. Tiene que hacerse evidente que las cosas tienen que cambiar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El deseo (la trama A)&lt;/strong&gt;, o qué es lo que quiere el héroe y qué se lo impide. Digamos que el héroe quiere destruir al Emperador Oscuro, pero hasta ahora ha actuado en solitario. El deseo es siempre tangible, llevado a cabo por una obsesión irresistible.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;La necesidad (la trama B)&lt;/strong&gt;, es la lección de vida que subyace en la historia y hace que el héroe encuentre la solución. Si nuestro héroe desea destruir al Emperador Oscuro, lo que necesita es confiar en los demás para conseguirlo. La necesidad es siempre de tipo psicológico, la que guía hacia la transformación.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El tema, la lección de vida&lt;/strong&gt;&lt;br&gt;
La trama A es lo que sucede en el exterior, en el mundo cotidiano, y la trama B es interna, es el proceso en que el héroe aprende la diferencia entre lo que desea y lo que necesita. Por ejemplo, la historia de Frankenstein no es sobre un científico que crea un monstruo (la trama A). Se trata de un hombre que tiene que arrepentirse de sus pecados contra el mundo natural (la trama B).&lt;br&gt;
&lt;strong&gt;La trama B es de lo que trata en realidad el libro.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Salva al gato.&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Entonces, ¿qué es «Salva al gato»? Es una estructura narrativa descrita en el libro de Blake Snyder del mismo nombre, utilizada en la escritura que divide la historia en tres actos y 15 «tiempos»  que impulsarán a nuestro héroe en su viaje.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si bien tú, como yo, puedes ser un poco escéptico sobre el uso de una fórmula para diseñar un libro, no te desesperes. Incluso los libros que no están escritos con esta estructura en mente pueden aplicarse al concepto, lo que me sugiere que el método Salva al gato, llega a los conceptos básicos de la estructura narrativa en sí (principio, medio, final, etc.) en lugar de crear uno completamente nuevo.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Los tres actos y los 15 tiempos.&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Los porcentajes de cada tiempo están indicados a título meramente orientativo para indicar a que altura se encuentran los tiempos. Digamos que para un libro de 300 páginas, un porcentaje del 10%, representa 30 páginas.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Acto 1: El mundo ordinario y el comienzo del cambio.&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;1. Imagen de apertura (0 % a 1 %)&lt;/strong&gt;: Es una instantánea del «antes» de tu héroe y su mundo, y a través de la acción tiene que hacernos comprender cómo es la vida. Es el momento de establecer el tono de la historia. La imagen de apertura está relacionada con la imagen final, el tiempo número 15 de la hoja, así se muestra el modo en que se han producido los cambios desde el principio hasta el final. Es lógico pensar que &lt;strong&gt;el cambio debe resultar evidente&lt;/strong&gt; si queremos que la historia funcione.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;2. Establecer el tema de la obra (5%)&lt;/strong&gt;: Contiene una declaración hecha por un personaje, quien normalmente no es el héroe, que insinúa cuál será el arco del héroe, es decir: lo que el héroe debe aprender y/o descubrir antes del final del libro. También se conoce como una lección de vida, el tema o lo que el héroe necesita. Este otro personaje puede ser una voz interior, expresada en un monologo, por ejemplo.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;3. Planteamiento (1% – 10%)&lt;/strong&gt;: Es una exploración del status quo de la vida del héroe y todos sus defectos, donde aprendemos cómo es la vida del héroe antes de su transformación épica. Establece quién es el protagonista de la historia, lo que está en juego y cuál es su objetivo. Aquí también presentamos otros personajes secundarios y el objetivo principal del héroe. Pero lo más importante es que mostramos la renuencia del héroe a cambiar, su resistencia a aprender el tema, al tiempo que insinuamos los riesgos en juego, si el héroe no cambia.&lt;br&gt;
    En definitiva, vemos el mundo tal y como es antes de que empiece la aventura.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;4. Catalizador o el evento incitante (10%)&lt;/strong&gt;: Es un incidente incitador o un evento que cambia la vida que le sucede al héroe, que lo catapultará a un nuevo mundo o una nueva forma de pensar. Un ritmo de acción que debería ser lo bastante grande como para evitar que el héroe pueda regresar a su mundo de configuración de status quo.&lt;br&gt;
    El planteamiento nos ha explicado cómo es el mundo en esta historia y ahora en el momento catalizador lo derrumbamos de un plumazo. Un telegrama, un despido, pillar a tu mujer en la cama con otro, la noticia de que te quedan 3 días de vida, alguien que llama a la puerta, un mensajero… el catalizador es el primer momento en el que pasa algo.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;5. Debate (10% a 20%)&lt;/strong&gt;: Por lo general, se presenta en forma de pregunta como «¿Debería ir?». El propósito de este paso es mostrar la resistencia del héroe a cambiar y que debe aceptar la llamada de la aventura por sí mismo. Es la última oportunidad que tiene el protagonista de decir «esto es una locura, ¿debería ir?, ¿me atrevo a ir? Vale ahí fuera corro peligro… ¿pero qué otra elección tengo? ¿quedarme aquí?».&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Acto 2: El mundo al revés&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;El Acto 1 es la tesis, el status quo, mientras que el Acto 2 representa más bien la antítesis de la vida anterior del protagonista.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;6.Transición al Acto 2 (20%)&lt;/strong&gt;: Es el momento en que el héroe decide aceptar la llamada a la acción, abandonar su zona de confort, probar algo nuevo o aventurarse en un nuevo mundo o una nueva forma de pensar. Es un ritmo de acción decisivo que separa el mundo del status quo del Acto 1 del nuevo mundo «al revés» del Acto 2, su antítesis. Pero por ser estos dos mundos tan distintos, el hecho de entrar efectivamente en el segundo acto debe ser muy inequívoco.&lt;br&gt;
    El héroe no puede entrar en el segundo acto engañado, engatusado, ni empujado por la corriente, debe hacerlo por decisión propia. Eso es lo que lo convierte en un héroe, además que es proactivo.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;7. Trama secundaria o la trama B (22%)&lt;/strong&gt;: Es la introducción de un nuevo personaje o personajes que, en última instancia, ayudarán al héroe a aprender el tema. También conocido como personaje de ayuda, puede ser un interés amoroso, un némesis, un mentor, un miembro de la familia o un amigo.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;8. Diversión y juegos (20 % a 50 %)&lt;/strong&gt;: Aquí es donde vemos al héroe en su nuevo mundo. O lo aman o lo odian. Triunfando o fracasando. También llamada la promesa de la premisa, esta sección representa el «gancho» de la historia, por qué el lector decidió leer la novela. Si fuera una película, sería el trailer. Si se trata de un libro de misterio, aqui es donde se lleva a cabo la investigación. Si es una fantasía épica, aqui se desarrollarán las batallas.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;9. Punto medio (50%)&lt;/strong&gt;: Es, literalmente, la mitad de la novela, donde la diversión y los juegos culminan. Es un momento o bien de exaltación, en que el protagonista alcanza un cénit, o bien de bajón, en que el mundo se derrumba en torno a él y a partir del cual todo cambia. Algo debería suceder aquí para aumentar las apuestas y empujar al héroe hacia un cambio real. Aquí es donde se plantean las apuestas con un protagonista que avanza hacia el cambio. Es el punto de inflexión de la historia porque también es el centro del arco de transformación del personaje. Por lo general, muestra que algunas cosas han cambiado de verdad para el protagonista, pero que sus defectos siguen ahí y todavía no ha descubierto lo que realmente necesita. Debes integrar un nuevo riesgo o aumentar el que ya existe, para que tu personaje vuelva a estar activo. Puede ser un giro de la trama, por ejemplo.&lt;br&gt;
    En el punto medio suben las apuestas, es el punto en que terminan los juegos y las risas y volvemos a la trama.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;10. Los malos estrechan el cerco (50 % a 75 %)&lt;/strong&gt;: Si el punto medio fue una victoria falsa, esta sección será un camino descendente en el que las cosas empeorarán progresivamente para el héroe. Si el punto medio fue una derrota falsa, esta sección será un camino ascendente donde las cosas parecen mejorar progresivamente para el héroe. Pero aparte del camino, los defectos profundamente arraigados del héroe (o los malos interiores) se están acercando.&lt;br&gt;
    La etiqueta de «los malos estrechan el cerco» alude a la situación en que se encuentra el protagonista al llegar al punto intermedio. Todo parece ir bien pero a pesar de que «los malos» -ya sean personas, un fenómeno o una cosa- han sido pasajeramente derrotados, y de que el bando del héroe parece estar en perfecta sintonía, el asunto aún no ha terminado.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;Este es el punto en que los malos reagrupan sus fuerzas y recurren a la artillería pesada. Es el punto en el que las disensiones internas, las dudas y los celos empiezan a desintegrar el bando del protagonista. En resumen, las fuerzas conjuradas contra el protagonista, externas e internas, redoblan su embate.&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;11. Todo está perdido (75%)&lt;/strong&gt;: Es el punto más bajo de la novela. Un ritmo de acción donde algo le sucede al héroe que, combinado con los malos internos, empuja al héroe hasta el fondo. Puede ser la muerte de unos de los personajes, aunque una muerte explícita no es imprescindible. Segun Snyder &lt;em&gt;Se debe a que el momento «todo esta perdido» se corresponde con la crucifixion de Cristo. Es donde el viejo mundo, el viejo personaje muere y allana el camino para la fusión de lo que era -la tesis- con la versión invertida de lo que era -la antitesis- para convertirse en la nueva sintesis, un nuevo mundo y una nueva vida»&lt;/em&gt;&lt;br&gt;
    La sección de «todo está perdido» es, en términos de exaltación o bajón, lo contrario del punto intermedio. Este punto se suele etiquetar con frecuencia como «falsa derrota». Pues por negro que se pinte todo, es algo pasajero, pero aparenta ser una derrota sin paliativos, la vida del protagonista está arruinada en todos los aspectos. Un naufragio total. No hay esperanza.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;12. La noche oscura del alma (75% a 80%)&lt;/strong&gt;: Es el momento mas oscuro de la trama, la reacción del héroe al punto &lt;em&gt;todo esta perdido&lt;/em&gt; en el que el héroe se toma el tiempo para procesar todo lo que sucedió hasta el momento. El héroe debería estar peor que al comienzo de la novela. La hora más oscura, justo antes del amanecer, es el momento justo antes de que el héroe descubre la solución a su gran problema y aprende el tema o la lección de vida.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Acto 3: La solución&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Aquí vemos la síntesis: la persona que fue protagonista en el Acto 1 + lo que aprendió en el Acto 2 = la persona en la que se convertirá en el Acto 3. Las trama A y la trama B se mezclan para convertirse en una.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;13.Transición al acto 3 (80%)&lt;/strong&gt;: Es el momento «¡ajá!». El protagonista rebusca en lo más profundo de sí, para dar con esa última y afortunada idea con que se salvará a sí mismo y a cuantos lo rodean. Tras superar las pruebas, el héroe se da cuenta de lo que debe hacer, no sólo para arreglar los problemas creados en el Acto 2, sino lo que es más importante, para arreglar sus problemas internos. El arco del personaje está casi completo. Gracias a los personajes introducidos en la trama B, gracias a las conversaciones en que se ha discutido el tema de la historia en esa misma trama, y gracias al último y definitivo esfuerzo del protagonista por dar con la solución para vencer a los malos que han estrechado su cerco en la trama principal… se descubre la solución.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;14. Final (80 % a 99 %)&lt;/strong&gt;: El héroe demuestra que realmente aprendió el tema y pone en práctica el plan que se le ocurrió en la transición al Acto 3. Los malos son destruidos, los defectos se vencen, los amantes se reúnen. No solo se salva el mundo del héroe, sino que es un lugar mejor de lo que era antes. El final es donde se ponen en práctica las lecciones aprendidas. Es donde la trama A y la trama B concluyen con la victoria de nuestro héroe. Es donde se subvierte el viejo mundo y se crea un nuevo orden. Todo gracias al héroe que señala el camino basándose en lo que ha vivido en el mundo del revés, antitético, del segundo acto.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;El final es donde nace una nueva sociedad. No basta con que el héroe triunfe, ha de cambiar el mundo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;El final de cinco puntos o subtiempos&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;1. Reuniendo al equipo&lt;/strong&gt;: Antes de que el héroe pueda «asaltar el castillo», necesita ayuda, necesita aliados. ¡Necesita reunir tropas! Aunque este no es un paso estrictamente necesario.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;2. Ejecución del plan&lt;/strong&gt;: En este sub-tiempo, asaltamos el castillo (ya sea literal o figurativamente). El equipo está reunido, las armas están atadas, los suministros están recogidos, y la ruta está del todo trazada. ¡Ya es hora!&lt;br&gt;
    A medida que tu héroe y su equipo, si lo tiene, ejecutan el plan, debe haber una sensación de imposibilidad en su esfuerzo. Es el momento en la trama A: ¿puede esto realmente funcionar?. El plan debería parecer loco al principio, pero después, como el equipo trabaja en conjunto y progresa, hay un sentido creciente de logro. En este punto suele haber personajes secundarios que se sacrifican por la causa, en la trama B.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;3. La sorpresa de la Torre Alta&lt;/strong&gt;: Este subtiempo lleva el nombre de ese momento tomado de una aventura clásica de cuento de hadas, cuando el héroe asalta el castillo para salvar a la princesa y se encuentra… ¡sorpresa! ¡La princesa no está allí! Y peor aún, ¡los malos han llevado al héroe directamente a una trampa!&lt;br&gt;
    La sorpresa de la torre alta es simplemente otro giro, otro desafío para obligar al héroe a demostrar realmente su valía. En cierto modo, es otro Catalizador.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;4. La excavación profunda&lt;/strong&gt;: El héroe desciende a lo más profundo para sacarse la espina de la herida. Tiene que estar dispuesto a morir, a renunciar a su supervivencia, a morir con dignidad por una causa.&lt;br&gt;
    Este subtiempo también se llama el momento tocado por lo divino. No, tu historia no tiene que ser espiritual o religiosa para estar tocada por el momento divino, pero tiene que tener alma. Tiene que hablarnos a un nivel más profundo. Y aquí es donde el héroe da un salto final de fe.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;5. Ejecución del nuevo plan&lt;/strong&gt;:&lt;br&gt;
    Sólo ahora, cuando tu héroe haya cavado profundamente para encontrar la verdad, haya sacado la espina de la herida y saltado del puente sin red, ¿podemos verlo triunfar?&lt;br&gt;
    Porque después de todo ese examen de conciencia y todo ese esfuerzo transformador, necesitamos saber que el espíritu humano y la perseverancia prevalecen. Así es como resonamos con los lectores. Llevamos a nuestros héroes al infierno y de regreso, los hacemos que trabajen por cada última victoria, los obligamos a buscar profundamente en el interior de ellos mismos para encontrar las respuestas, y sólo entonces les damos el final que ahora merecen. O si tu héroe finalmente falla al final, entonces es porque hay una razón para ello, también de eso se aprenden lecciones humanas.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;15. Imagen final (99% a 100%)&lt;/strong&gt;: Es un espejo de la imagen de apertura, es la instantánea «después» de quién es el héroe después de pasar por esta transformación épica y satisfactoria.&lt;br&gt;
    ¿Hasta dónde ha llegado? ¿Qué ha aprendido? ¿Cuánto ha crecido como ser humano? ¿Cómo es su vida ahora que han viajado a través de la Noche Oscura del Alma, se ha enfrentado a su demonios, arrancado su espina de la herida y salir del otro lado. ¿Mejor y más fuerte que nunca?&lt;br&gt;
    En esta escena o capítulo, el lector debe ser capaz de identificar claramente cómo esta historia ha cambiado a tu héroe para mejor. Si la imagen de apertura y la imagen final no son crudas y obviamente diferentes, entonces es hora de repensar tus tiempos. Cuanto más lejos estén estas dos versiones de tu héroe, más habras demostrado que había una razón para realizar este viaje.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h2&gt;Los hitos de la trama&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Están en la transicion al Acto 1, la transición al Acto 2 y el punto medio&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;El orden de los 15 tiempos&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;¿Los tiempos tienen que venir exactamente en el mismo orden que hemos esbozado en este artículo? No necesariamente. A veces la declaración del tema viene después del catalizador. A veces el catalizador llega al mismo tiempo que el planteamiento y el debate se mezclan juntos. A veces la falsa victoria o la falsa derrota del punto medio viene ligeramente después o antes del medio literal de la historia. A veces el personaje de la trama B se introduce en Acto 1, pero en realidad no se vuelve importante hasta el Acto 2.&lt;br&gt;
También vemos que en el Acto 1, a veces parece más lógico que el planteamiente llegue antes que el establecimiento del tema. En todo caso, el orden que se imponga será el que le de más coherencia a la historia.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;La máquina de transformación&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Las grandes historias transforman a los personajes. El héroe entra en el viaje con sus defectos y sale de él transformado. Veamos si la historia que estamos creando cumple los requisitos para tal transformacion.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Test de transformación para los 15 tiempos&lt;/h3&gt;
&lt;h3&gt;Imagen de apertura&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Es tu imagen de apertura una escena o un grupo de escenas interconectadas?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Tu imagen de apertura es visual? ¿Estás mostrando, no contando?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Son evidentes uno o más de los defectos de tu héroe en esta escena?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Declaración del tema&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Tu tema se relaciona directamente con la necesidad o lección espiritual de tu héroe?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Es el tema declarado por alguien, o algo, que no sea el héroe?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Puede tu héroe descartar este tema de manera fácil?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Planteamiento&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Has mostrado al menos una cosa que necesita ser arreglada en la vida de tu héroe?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Has introducido al menos un personaje en la trama A?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Estableciste con claridad el deseo o el objetivo externo de tu héroe en algún lugar de este tiempo?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Has mostrado a tu héroe en más de un área de su vida, como el hogar, el trabajo o el juego?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Son evidentes los defectos de tu héroe en este tiempo?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Ha creado un sentido de urgencia de que el cambio inminente es vital?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Catalizador&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Le sucede el catalizador al héroe?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Es un ritmo de acción? ¡No se permiten revelaciones aquí!&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Es imposible que el héroe vuelva a su vida normal después de la acción del catalizador?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Es el catalizador es lo suficientemente grande como para romper el status quo?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Debate&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Puedes resumir el debate con una pregunta? O si es un debate de preparación, ¿has definido con claridad para qué debe prepararse y por qué?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Has creado una sensación de vacilación en tu héroe?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Has mostrado a tu héroe debatiendo en más de un área de su vida como el hogar, el trabajo o el juego?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Transición al Acto 2&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Tu héroe está dejando atrás un viejo mundo y entrando en uno nuevo?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Si tu héroe no va físicamente a alguna parte, ¿está intentando algo nuevo?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Es tu mundo del Acto 2 lo opuesto a tu mundo del Acto 1?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Es clara y distinta la ruptura entre el Acto 1 y el Acto 2?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Tu héroe hace un movimiento proactivo o la decisión de entrar en Acto 2?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Tu héroe está tomando una decisión basada en lo que quiere y no en lo que necesita?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Puedes identificar por qué esta es la forma incorrecta de cambiar?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;La trama B&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Has introducido un nuevo interés amoroso, mentor, amigo o personaje némesis?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Puedes identificar cómo tu personaje o personajes de la trama B, representan el tema?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Es tu nuevo personaje de alguna manera un producto del mundo del revés del Acto 2?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Diversión y juegos&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Muestras claramente a tu héroe tambaleándose o teniendo éxito en el nuevo mundo?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Tu diversión y juegos cumplen la promesa de tu premisa?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Tu diversión y juegos ilustran visiblemente cómo es tu mundo del Acto 2? ¿Es la versión al revés de tu mundo del Acto 1?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Punto medio&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Puedes identificar claramente una falsa victoria o una falsa derrota?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Has subido las apuestas de la historia?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Las tramas A (externa) y B (interna) se cruzan de alguna manera?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Puedes identificar un cambio de los deseos a las necesidades, aunque sea sutil?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Los malos estrechan el cerco&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Es el camino de este tiempo un opuesto directo al de tu diversión y juegos?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Ha mostrado o identificado cómo los malos internos, o defectos, están trabajando en contra de tu héroe?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Todo está perdido&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Le pasa algo al héroe en este ritmo?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Es tu &lt;em&gt;todo está perdido&lt;/em&gt; lo bastante grande como para empujar a tu héroe al Acto 3? ¿En verdad ha tocado fondo?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Has insertado un perfume de muerte?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Se percibe este tiempo como otro catalizador para el cambio?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;La noche oscura del alma&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Tu héroe está reflexionando sobre algo en este ritmo?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Este ritmo está llevando a tu héroe hacia una epifanía, un momento de comprensión intuitiva?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿La vida de tu héroe parece peor de lo que estaba al principio de libro?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Transición al Acto 3&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Tu héroe aprende aquí una valiosa lección universal sobre el tema?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Tu héroe toma una decisión proactiva para arreglar algo?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿La decisión se basa en lo que necesita tu héroe?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Puedes identificar por qué esta es la forma correcta de cambiar?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Es su mundo del Acto 3 una síntesis del Acto 1 y el Acto 2?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Final&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Tu héroe lucha por llevar a cabo su plan, es decir, el final tiene conflicto?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Hay un momento de bajar a las profundidades cuando tu héroe demuestra que realmente ha aprendido el tema?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿la trama A y la trama B de alguna manera se entrelazan en este tiempo?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h3&gt;Imagen final&lt;/h3&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;¿Es tu imagen final una escena o colección de escenas interconectadas?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Tu imagen final es visual? ¿Estás mostrando, no contando?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Resulta evidente cómo se ha transformado tu héroe?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Tu instantánea de «después» de alguna manera refleja la instantánes del «antes», la imagen de apertura?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h2&gt;La trama de Harry Potter y la piedra filosofal&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Acto 1&lt;/strong&gt; la vida de Harry antes de saber quién era y las formas en que comienza a cambiar cuando descubre la verdad.&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;1. Imagen de apertura (0–1%)&lt;/strong&gt; – Vernon Dursley se dirige a su trabajo habitual. Todo es como debe ser en su vida.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;2. Establecer el tema de la obra (5%)&lt;/strong&gt; – Vernon Dursley no cree que Harry o el mundo mágico, pueda afectar su vida: «No podría afectarlos a ellos… ¡Qué equivocado estaba!».&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;3. Planteamiento (1–10%)&lt;/strong&gt; – Harry vive una vida miserable con los Dursley. Vemos lo poco que encaja y lo poco que los Dursley se preocupan por él. Empiezan a llegar cartas misteriosas para Harry y los Dursley harán todo lo posible para evitar que las lea.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;4. Catalizador (10%)&lt;/strong&gt; – Hagrid derriba la puerta de la cabaña en la roca donde se alojan Harry y los Dursley y cambia la vida de Harry para siempre al decirle que es un mago, que tiene un lugar en Hogwarts y que sus padres no murieron en un accidente automovilístico.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;5. Debate (10–20%)&lt;/strong&gt; – Harry va al callejón Diagon con Hagrid y se abastece de útiles escolares. Pasa el resto del verano esperando ansiosamente el año escolar y el Expreso de Hogwarts.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Acto 2&lt;/strong&gt; – Harry llega a Hogwarts. Toda su vida es diferente, es famoso y un mundo desalentador, pero fascinante, comienza a desarrollarse.&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;6. Transición al Acto 2 (20%)&lt;/strong&gt; – Harry se aventura de forma literal en un nuevo mundo, al cruzar la barrera hacia el andén nueve y tres cuartos. Ha dejado atrás el mundo &lt;em&gt;muggle&lt;/em&gt; y se ha adentrado en el mundo de los magos donde todo el mundo parece saber su nombre.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;7. La trama B (22%)&lt;/strong&gt; – Harry se encuentra con Ron y Hermione en el tren. Él y Ron conectan instantáneamente, mientras que Hermione se establece como una mandona sabelotodo. Malfoy, Crabbe y Goyle empujan y Malfoy se presenta. Harry elige no ser su amigo, solidificando lo que será una larga y tumultuosa rivalidad.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;8. Diversión y juegos (20–50%)&lt;/strong&gt; – Son auténticos diversión y juegos en este caso. Harry es clasificado en Gryffindor. Harry y Ron exploran el castillo. Harry es seleccionado para jugar en el equipo de House Quidditch.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;9. Punto medio (50%)&lt;/strong&gt; – Harry, Ron, Neville y Hermione descubren que un perro gigante de tres cabezas está vigilando algo en el castillo. Poco después, en Halloween, se enfrentan a un troll de la montaña y Harry ve que la pierna de Snape está herida.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;10. Los malos estrechan el cerco (50–75%)&lt;/strong&gt; – El trío está seguro de que Snape está cada vez más cerca de robar lo que el perro está protegiendo. Harry se da cuenta de que la persona que están buscando es Nicolás Flamel y que el perro está custodiando la piedra filosofal.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;11. Todo está perdido (75%)&lt;/strong&gt; – El equipo se entera de que Hagrid le dijo a un extraño con una capa cómo domar a Fluffy, y están seguros de que ese extraño era Snape. Nada, excepto la resistencia de Quirrell a los repetidos intentos y la coerción de Snape, se interpone ahora entre Snape/Voldemort y la piedra.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;12. La noche oscura del alma (75–80%)&lt;/strong&gt; – El trío va a contarle a Dumbledore lo que ha aprendido, pero descubre que lo han llamado al Ministerio de Magia.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Acto 3&lt;/strong&gt; – Harry está decidido a evitar que Snape se lleve la piedra.&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;13. Entrada al Acto 3 (80%)&lt;/strong&gt; – Harry decide que tiene que detener a Snape y Voldemort. Él, Ron y Hermione se dirigen al corredor del tercer piso.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;14. Final (80–99%)&lt;/strong&gt; – &lt;strong&gt;Los cinco puntos:&lt;/strong&gt;&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;Reunir al equipo&lt;/strong&gt;. El trío se reune en la habitación cuando todos se han ido a dormir.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;Ejecución del plan&lt;/strong&gt;. Los niños llegan al pasillo del tercer piso y ven que el perro de tres cabezas ya ha sido arrullado para dormir y la trampa de la puerta está abierta. Lo que significa que Snape ya ha estado allí y ¡puede que sea demasiado tarde! Los niños bajan por la trampilla tras él. Se encuentran con la trampa de un diablo, el ajedrez de un mago y una prueba de poción. Y aqui, el equipo de Harry hace el sacrificio de la trama B, cuando Ron se encarga del ajedrez del mago y Hermione de la poción, para que Harry, el héroe, pueda enfrentarse a lo que sea.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;La sorpresa de la torre alta&lt;/strong&gt;. Esperando encontrar al profesor Snape en la última habitación, Harry se sorprende al encontrar a otro profesor, el profesor Quirrel, ¡de quien nadie sospechaba! Resulta que él es el que trabaja para Voldemort y conspira para obtener la piedra. Quirrell ata a Harry con la cuerda mágica, ¡y Harry no tiene idea de qué hacer! ¿Cómo se defenderá contra Quirrell?&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;La excavación profunda&lt;/strong&gt;. El Espejo de Erised está en la habitación, y Quirrell hace que se mire en él, esperando que Harry lo ayude a encontrar el piedra. Esta vez, cuando Harry se mira en el espejo, se ve a sí mismo escondiendo la piedra en su propio bolsillo. Miente y le dice a Quirrell que todos ven su propio éxito en la escuela. Una voz espeluznante llama mentiroso a Harry y le pide hablar con Harry directamente. Es entonces cuando Quirrell desenreda el turbante en su cabeza y revela que Voldemort es parte de Quirrell. Han estado compartiendo un cuerpo. Cuando Quirrell / Voldemort alcanza a Harry y lo toca, la cicatriz de Harry arde de dolor. Pero Voldemort también grita. Ahí es cuando Harry se da cuenta de lo que está pasando: como «el niño que vivió», ya tiene la capacidad de defenderse contra Voldemort. Justo dentro de él.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;La ejecución del nuevo plan&lt;/strong&gt;. Voldemort ordena a Quirrell que mate a Harry. Pero Harry, que entiende ahora su propio poder, alcanza y agarra la cara de Quirrell, lo que causa un dolor cegador para disparar a través del cuerpo de Harry. Se desmaya y se despierta en la enfermeria de la escuela.&lt;br&gt;
    Dumbledore le dice que Quirrell está muerto y Voldemort en una ubicación desconocida, pero seguro que volverá, y la piedra ha sido destruida. Cuando Harry le pregunta cómo pudo obtener la piedra, Dumbledore explica que encantó la piedra para que sólo el que la quería para propósitos desinteresados pudiera encontrarla. Él también explica que Harry pudo protegerse contra Voldemort por el amor que su madre le dio cuando murió por él; Voldemort no pudo penetrar eso. Más tarde, después de que Harry sale de la enfermería, Gryffindor es anunciado como el ganador de la copa de la casa, y Harry lo celebra con sus amigos&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;15. Imagen final (99–100%)&lt;/strong&gt; – Los Dursley esperan a Harry en King’s Cross. Ya no son las figuras aterradoras que alguna vez parecieron, y Harry ya no es el niño que alguna vez fue.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;h2&gt;¿Es una fórmula para ayudarte a escribir una buena historia?&lt;/h2&gt;
&lt;p&gt;Yo diría, que a la hora de recordar los puntos esenciales que deben estar en una historia, sí. Pero tomarlo como base para crear una estructura rígida, es otra cosa. Yo recomiendo leer el libro, &lt;a href="http://www.poesiayrelatos.com/guia-practica-del-viaje-del-escritor-christopher-vogler.html"&gt;El viaje del escritor&lt;/a&gt;, y también &lt;a href="http://www.poesiayrelatos.com/como-escribir-notas-del-libro-de-larry-brooks-story-engineering.html"&gt;Story Engineering&lt;/a&gt;, de Larry Brooks. Lo más importante es que una vez terminada la trama, la historia resuene en ti, creando la pasión de querer escribirla, entonces puedes estar seguro de que el lector sentirá la misma pasión a la hora de leerla.&lt;/p&gt;</content><category term="PARA ESCRITORES"/></entry><entry><title>Un destripador de antaño</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/emilia-pardo-bazan-un-destripador-de-antano.html" rel="alternate"/><published>2022-12-24T16:02:00+01:00</published><updated>2022-12-24T16:02:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2022-12-24:/emilia-pardo-bazan-un-destripador-de-antano.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; &lt;em&gt;Poco se conoce o se aprecia a Doña Emilia Pardo Bazán y al rastrear
  en su inmensa obra y encontrar esta pequeña joya que lo es, este
  relato corto, me ha sorprendido su maestría en la escritura. Cuánto
  tesoro en sus letras, cuánta enseñanza a la hora de componer y …&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; &lt;em&gt;Poco se conoce o se aprecia a Doña Emilia Pardo Bazán y al rastrear
  en su inmensa obra y encontrar esta pequeña joya que lo es, este
  relato corto, me ha sorprendido su maestría en la escritura. Cuánto
  tesoro en sus letras, cuánta enseñanza a la hora de componer y darle
  ritmo y coherencia a una historia.&lt;/em&gt;
&lt;br&gt; &lt;em&gt;Emilia fue una mujer valiente, pionera de su tiempo y cuando su
  marido le prohibió escribir, ella decidió separarse de él y continuar
  con su pasión. Gracias a esta decisión y al trabajo tan bien hecho
  podemos disfrutar hoy de esta clase de maestría.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;EMILIA PARDO BAZÁN - UN DESTRIPADOR DE ANTAÑO&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La leyenda del «destripador», asesino medio sabio y medio brujo, es muy
antigua en mi tierra. La oí en tiernos años, susurrada o salmodiada en
terroríficas estrofas, quizá al borde de mi cuna, por la vieja criada,
quizá en la cocina aldeana, en la tertulia de los gañanes, que la
comentaban con estremecimientos de temor o risotadas oscuras. Volvió a
aparecérseme, como fantasmagórica creación de Hoffmann, en las sombrías
y retorcidas callejuelas de un pueblo que hasta hace poco permaneció
teñido de colores medievales, lo mismo que si todavía hubiese peregrinos
en el mundo y resonase aún bajo las bóvedas de la catedral el himno de
Ultreja. Más tarde, el clamoreo de los periódicos, el pánico vil de la
ignorante multitud, hacen surgir de nuevo en mi fantasía el cuento,
trágico y ridículo como Quasimodo, jorobado con todas las jorobas que
afean al ciego Terror y a la Superstición infame. Voy a contarlo. Entrad
conmigo valerosamente en la zona de sombra del alma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;I&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; 
&lt;br&gt; Un paisajista sería capaz de quedarse embelesado si viese aquel molino
  de la aldea de Tornelos. Caído en la vertiente de una montañuela,
  dábale alimento una represa que formaba lindo estanque natural,
  festoneado de cañas y poas puesto como espejillo de mano sobre falda
  verde, encima del terciopelo de un prado donde crecían áureos
  ranúnculos y en otoño abrían sus corolas morados y elegantes lirios.
  Al otro lado de la represa habían trillado sendero el pie del hombre y
  el casco de los asnos que iban y volvían cargados de sacas, a la
  venida con maíz, trigo y centeno en grano; al regreso, con harina
  oscura, blanca o amarillenta. ¡Y qué bien «componía», coronando el
  rústico molino y la pobre casuca de los molineros, el gran castaño de
  horizontales ramas y frondosa copa, cubierto en verano de pálida y
  desmelenada flor; en octubre de picantes y reventones erizos! ¡Cuán
  gallardo y majestuoso se perfilaba sobre la azulada cresta del monte
  medio velado entre la cortina gris del humo que salía, no por la
  chimenea --pues no la tenía la casa del molinero, ni aún hoy la
  tienen muchas casas de aldeanos de Galicia--, sino por todas partes;
  puertas, ventanas, resquicios del tejado y grietas de las
  desmanteladas paredes!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El complemento del asunto --gentil, lleno de poesía, digno de que lo
fijase un artista genial en algún cuadro idílico-- era una niña como de
trece a catorce años, que sacaba a pastar una vaca por aquellos ribazos
siempre tan floridos y frescos, hasta en el rigor del estío, cuando el
ganado languidece por falta de hierba. Minia encarnaba el tipo de la
pastora: armonizaba con el fondo. En la aldea la llamaban roxa, pero en
sentido de rubia, pues tenía el pelo del color del cerro que a veces
hilaba, de un rubio pálido, lacio, que, a manera de vago reflejo
lumínico, rodeaba la carita, algo tostada por el sol, oval y
descolorida, donde sólo brillaban los ojos con un toque celeste, como el
azul que a veces se entrevé al través de las brumas del montañoso
celaje. Minia cubría sus carnes con un refajo colorado, desteñido ya por
el uso; recia camisa de estopa velaba su seno, mal desarrollado aún; iba
descalza y el pelito lo llevaba envedijado y revuelto y a veces mezclado
--sin asomo de ofeliana coquetería-- con briznas de paja o tallos de
los que segaba para la vaca en los linderos de las heredades. Y así y
todo, estaba bonita, bonita como un ángel, o, por mejor decir, como la
patrona del santuario próximo, con la cual ofrecía --al decir de las
gentes-- singular parecido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La celebre patrona, objeto de fervorosa devoción para los aldeanos de
aquellos contornos, era un «cuerpo santo», traído de Roma por cierto
industrioso gallego, especie de Gil Blas, que habiendo llegado, por
azares de la fortuna a servidor de un cardenal romano, no pidió otra
recompensa, al terminar, por muerte de su amo, diez años de buenos y
leales servicios, que la urna y efigie que adornaban el oratorio del
cardenal. Diéronselas y las trajo a su aldea, no sin aparato. Con sus
ahorrillos y alguna ayuda del arzobispo, elevó modesta capilla, que a
los pocos años de su muerte las limosnas de los fieles, la súbita
devoción despertada en muchas leguas a la redonda, transformaron en rico
santuario, con su gran iglesia barroca y su buena vivienda para el
santero, cargo que desde luego asumió el párroco, viniendo así a
convertirse aquella olvidada parroquia de montaña en pingüe canonjía. No
era fácil averiguar con rigurosa exactitud histórica, ni apoyándose en
documentos fehacientes e incontrovertibles, a quien habría pertenecido
el huesecillo del cráneo humano incrustado en la cabeza de cera de la
Santa. Sólo un papel amarillento, escrito con letra menuda y firme y
pegado en el fondo de la urna, afirmaba ser aquellas las reliquias de la
bienaventurada Herminia, noble virgen que padeció martirio bajo
Diocleciano. Inútil parece buscar en las actas de los mártires el nombre
y género de muerte de la bienaventurada Herminia. Los aldeanos tampoco
la preguntaban, ni ganas de meterse en tales honduras. Para ellos, la
Santa no era figura de cera, sino el mismo cuerpo incorrupto; del nombre
germánico de la mártir hicieron el gracioso y familiar de Minia, y a fin
de apropiárselo mejor, le añadieron el de la parroquia, llamándola Santa
Minia de Tornelos. Poco les importaba a los devotos montañeses el cómo
ni el cuándo de su Santa: veneraban en ella la Inocencia y el Martirio,
el heroísmo de la debilidad; cosa sublime.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A la rapaza del molino le habían puesto Minia en la pila bautismal, y
todos los años, el día de la fiesta de su patrona, arrodillábase la
chiquilla delante de la urna tan embelesada con la contemplación de la
Santa, que ni acertaba a mover los labios rezando. La fascinaba la
efigie, que para ella también era un cuerpo real, un verdadero cadáver.
Ello es que la Santa estaba preciosa; preciosa y terrible a la vez.
Representaba la cérea figura a una jovencita como de quince años, de
perfectas facciones pálidas. Al través de sus párpados cerrados por la
muerte, pero ligeramente revulsos por la contracción de la agonía
veíanse brillar los ojos de cristal con misterioso brillo. La boca,
también entreabierta, tenía los labios lívidos, y transparecía el
esmalte de la dentadura. La cabeza, inclinada sobre el almohadón de seda
carmesí que cubría un encaje de oro ya deslucido, ostentaba encima del
pelo rubio una corona de rosas de plata; y la postura permitía ver
perfectamente la herida de la garganta, estudiada con clínica exactitud;
las cortadas arterias, la faringe, la sangre, de la cual algunas gotas
negreaban sobre el cuello. Vestía la Santa dalmática de brocado verde
sobre la túnica de tafetán color de caramelo, atavío más teatral que
romano en el cual entraban como elemento ornamental bastantes
lentejuelas e hilillos de oro. Sus manos, finísimamente modeladas y
exangües, se cruzaban sobre la palma de su triunfo. Al través de los
vidrios de la urna, al reflejo de los cirios, la polvorienta imagen y
sus ropas, ajadas por el transcurso del tiempo, adquirían vida
sobrenatural. Diríase que la herida iba a derramar sangre fresca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; La chiquilla volvía de la iglesia ensimismada y absorta. Era siempre
  de pocas palabras; pero un mes después de la fiesta patronal,
  difícilmente salía de su mutismo, ni se veía en sus labios la sonrisa,
  a no ser que los vecinos le dijesen que «se parecía mucho con la
  Santa».
&lt;br&gt; Los aldeanos no son blandos de corazón; al revés: suelen tenerlo tan
  duro y callado como las palmas de las manos; pero cuando no está en
  juego su interés propio, poseen cierto instinto de justicia que los
  induce a tomar el partido del débil oprimido por el fuerte. Por eso
  miraban a Minia con profunda lástima. Huérfana de padre y madre, la
  chiquilla vivía con sus tíos. El padre de Minia era molinero, y se
  había muerto de intermitentes Palúdicas, mal frecuente en los de su
  oficio; la madre le siguió al sepulcro, no arrebatada de pena, que en
  una aldeana sería extraño genero de muerte, sino a poder de un dolor
  de costado que tomó saliendo sudorosa de cocer la hornada de maíz.
  Minia quedó solita a la edad de año y medio, recién destetada. Su tío,
  Juan Ramón --que se ganaba la vida trabajosamente en el oficio de
  albañil, pues no era amigo de labranza--, entró en el molino como en
  casa propia, y, encontrando la industria ya fundada, la clientela
  establecida, el negocio entretenido y cómodo, ascendió a molinero, que
  en la aldea es ascender a personaje. No tardó en ser su consorte la
  moza con quien tenía trato, y de quien poseía ya dos frutos de
  maldición: varón y hembra. Minia y estos retoños crecieron mezclados,
  sin más diferencia aparente sino que los chiquitines decían al
  molinero y a la molinera *papai *y *mamai*, mientras Minia, aunque
  nadie se lo hubiese enseñado, no los llamó nunca de otro modo que
  «señor tío» y «señora tía».&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si se estudiase a fondo la situación de la familia, se verían
diferencias más graves. Minia vivía relegada a la condición de criada o
moza de faena. No es decir que sus primos no trabajasen, porque el
trabajo a nadie perdona en casa del labriego; pero las labores más
viles, las tareas más duras, guardábanse para Minia. Su prima Melia,
destinada por su madre a costurera, que es entre las campesinas
profesión aristocrática, daba a la aguja en una sillita, y se divertía
oyendo los requiebros bárbaros y las picardihuelas de los mozos y mozas
que acudían al molino y se pasaban allí la noche en vela y broma, con
notoria ventaja del diablo y no sin frecuente e ilegal acrecentamiento
de nuestra especie. Minia era quien ayudaba a cargar el carro de tojo;
la que, con sus manos diminutas, amasaba el pan; la que echaba de comer
al becerro, al cerdo y a las gallinas; la que llevaba a pastar la vaca,
y, encorvada y fatigosa, traía del monte el haz de leña, o del soto el
saco de castañas, o el cesto de hierba del prado. Andrés, el mozuelo, no
la ayudaba poco ni mucho; pasábase la vida en el molino, ayudando a la
molienda y al maquileo, y de *riola*, fiesta, canto y repiqueteo de
panderetas con los demás rapaces y rapazas. De esta temprana escuela de
corrupción sacaba el muchacho pullas, dichos y barrabasadas que a veces
molestaban a Minia, sin que ella supiese por qué ni tratase de
comprenderlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El molino, durante varios años, produjo lo suficiente para proporcionar
a la familia un cierto desahogo. Juan Ramón tomaba el negocio con
interés, estaba siempre a punto aguardando por la parroquia, era activo,
vigilante y exacto. Poco a poco, con el desgaste de la vida que corre
insensible y grata, resurgieron sus aficiones a la holgazanería y el
bienestar, y empezaron los descuidos, parientes tan próximos de la
ruina. ¡El bienestar! Para un labriego estriba en poca cosa: algo más
del torrezno y unto en el pote carne de cuando en cuando, *pantrigo *a
discreción, leche cuajada o fresca, esto distingue al labrador acomodado
del desvalido. Después viene el lujo de la indumentaria: el buen traje
de rizo, las polainas de prolijo pespunte, la camisa labrada, la faja
que esmaltan flores de seda, el pañuelo majo y la botonadura de plata en
el rojo chaleco. Juan Ramón tenía de estas exigencias, y acaso no fuesen
ni la comida ni el traje lo que introducía desequilibrio en su
presupuesto, sino la pícara costumbre, que iba arraigándose, de «echar
una pinga» en la taberna del *Canelo*, primero, todos los domingos;
luego, las fiestas de guardar; por último muchos días en que la Santa
Madre Iglesia no impone precepto de misa a los fieles. Después de las
libaciones, el molinero regresaba a su molino, ya alegre como unas
pascuas, ya tétrico, renegando de su suerte y con ganas de arrimar a
alguien un sopapo. Melia, al verle volver así, se escondía. Andrés, la
primera vez que su padre le descargó un palo con la tranca de la puerta,
se revolvió como una furia, le sujetó y no le dejó ganas de nuevas
agresiones; Pepona, la molinera, más fuerte, huesuda y recia que su
marido, también era capaz de pagar en buena moneda el cachete; sólo
quedaba Minia, víctima sufrida y constante, La niña recibía los golpes
con estoicismo, palideciendo a veces cuando sentía vivo dolor --cuando,
por ejemplo, la hería en la espinilla o en la cadera la punta de un
zueco de palo--, pero no llorando jamás. La parroquia no ignoraba estos
tratamientos, y algunas mujeres compadecían bastante a Minia. En las
tertulias del atrio, después de misa; en las deshojas del maíz, en la
romería del santuario, en las ferias, comenzaba a susurrarse que el
molinero se empeñaba, que el molino se hundía, que en las maquilas
robaban sin temor de Dios, y que no tardaría la rueda en pararse y los
alguaciles en entrar allí para embargarles hasta la camisa que llevaban
sobre los lomos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una persona luchaba contra la desorganización creciente de aquella
humilde industria y aquel pobre hogar. Era Pepona, la molinera, mujer
avara, codiciosa, ahorrona hasta de un ochavo, tenaz, vehemente y
áspera. Levantada antes que rayase el día, incansable en el trabajo,
siempre se le veía, ya inclinada labrando la tierra, ya en el molino
regateando la maquila, ya trotando descalza, por el camino de Santiago
adelante con una cesta de huevos, aves y verduras en la cabeza, para ir
a venderla al mercado. Mas ¿qué valen el cuidado y el celo, la economía
sórdida de una mujer, contra el vicio y la pereza de dos hombres? En una
mañana se lo bebía Juan Ramón: en una noche de tuna despilfarraba Andrés
el fruto de la semana de Pepona.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Mal andaban los negocios de la casa, y peor humorada la molinera,
  cuando vino a complicar la situación un año fatal, año de miseria y
  sequía, en que, perdiendo se la cosecha del maíz y trigo, la gente
  vivió de averiadas habichuelas, de secos habones, de pobres y héticas
  hortalizas, de algún centeno de la cosecha anterior, roído ya por el
  cornezuelo y el gorgojo. Lo más encogido y apretado que se puede
  imaginar en el mundo, no acierta a dar idea del grado de reducción que
  consigue el estómago de un labrador gallego y la vacuidad a que se
  sujetan sus elásticas tripas en años así. Berzas espesadas con harina
  y suavizadas con una corteza de tocino rancio; y esto un día y otro,
  sin sustancia de carne, sin espíritus vitales y devolver vigor al
  cuerpo. La patata, el pan del pobre, entonces apenas se conocía,
  porque no sé si dije que lo que voy contando ocurrió en los primeros
  lustros del siglo decimonono.
&lt;br&gt; Considérese cuál andaría con semejante añada el molino de Juan Ramón.
  Perdida la cosecha, descansaba forzosamente la muela. El rodezno
  parado y silencioso, infundía tristeza; asemejaba el brazo de un
  paralítico. Los ratones, furiosos de no encontrar grano que roer,
  famélicos también ellos, correteaban alrededor de la Piedra, exhalando
  agrios chillidos. Andrés, aburrido por la falta de la acostumbrada
  tertulia, se metía cada vez más en danzas y aventuras amorosas,
  volviendo a casa como su padre, rendido y enojado, con las manos que
  le hormigueaban por zurrar. Zurraba a Minia con mezcla de galantería
  rústica y de brutalidad, y enseñaba los dientes a su madre porque la
  pitanza era escasa y desabrida. Vago ya de profesión, andaba de feria
  en feria buscando lances, pendencias y copas. Por fortuna, en
  primavera cayó soldado y se fue con el chopo camino de la ciudad.
  Hablando como la dura verdad nos impone, confesaremos que la mayor
  satisfacción que pudo dar a su madre fue quitársele de la vista:
  ningún pedazo de pan traía a casa, y en ella sólo sabía derrochar y
  gruñir, confirmando la sentencia: «Donde no hay harina, todo es
  mohína».&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La víctima propiciatoria, la que expiaba todos los sinsabores y
desengaños de Pepona, era.... ¿quién había de ser? Siempre había
tratado Pepona a Minia con hostil indiferencia; ahora, con odio sañudo
de impía madrastra. Para Minia los harapos; para Melia los refajos de
grana; para Minia la cama en el duro suelo; para Melia
un *leito *igual al de sus padres; a Minia se le arrojaba la corteza
de pan de borona enmohecido, mientras el resto de la familia despachaba
el caldo calentito y el *compango *de cerdo. Minia no se quejaba
jamás. Estaba un poco más descolorida y perpetuamente absorta, y su
cabeza se inclinaba a veces lánguidamente sobre el hombro, aumentándose
entonces su parecido con la Santa. Callada, exteriormente insensible, la
muchacha sufría en secreto angustia mortal, inexplicables marcos, ansias
de llorar, dolores en lo más profundo y delicado de su organismo,
misteriosa pena, y, sobre todo, unas ganas constantes de morirse para
descansar yéndose al cielo... Y el paisajista o el poeta que cruzase
ante el molino y viese el frondoso castaño, la represa con su agua
durmiente y su orla de cañas, la pastorcilla rubia, que, pensativa,
dejaba a la vaca saciarse libremente por el lindero orlado de flores,
soñaría con idilios y haría una descripción apacible y encantadora de la
infeliz niña golpeada y hambrienta, medio idiota ya a fuerza de
desamores y crueldades.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;II&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un día descendió mayor consternación que nunca sobre la choza de los
molineros. Era llegado el plazo fatal para el colono: vencía el termino
del arriendo, y, o pagaba al dueño del lugar, o se verían arrojados de
el y sin techo que los cobijase, ni tierra donde cultivar las berzas
para el caldo. Y lo mismo el holgazán Juan Ramón que Pepona la
diligente, profesaban a aquel quiñón de tierra el cariño insensato que
apenas profesarían a un hijo pedazo de sus entrañas. Salir de allí se
les figuraba peor que ir para la sepultura: que esto, al fin, tiene que
suceder a los mortales, mientras lo otro no ocurre sino por impensados
rigores de la suerte negra. ¿Dónde encontrarían dinero? Probablemente no
había en toda la comarca las dos onzas que importaba la renta del lugar.
Aquel año de miseria --calculó Pepona--, dos onzas no podían hallarse
sino en la *boeta *o cepillo de Santa Minia. El cura sí que tendría
dos onzas, y bastantes más, cosidas en el jergón o enterradas en el
huerto... Esta probabilidad fue asunto de la conversación de los
esposos, tendidos boca a boca en el lecho conyugal, especie de cajón con
una abertura al exterior, y dentro un relleno de hojas de maíz y una
raída manta. En honor de la verdad, hay que decir que a Juan Ramón,
alegrillo con los cuatro tragos que había echado al anochecer para
confortar el estómago casi vacío, no se le ocurría siquiera aquello de
las onzas del cura hasta que se lo sugirió, cual verdadera Eva, su
cónyuge; y es justo observar también que contestó a la tentación con
palabras muy discretas, como si no hablase por su boca el espíritu
parral.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; --Oyes, tú, Juan Ramón... El clérigo sí que tendrá a rabiar lo que
  aquí nos falta... Ricas onciñas tendrá el clérigo. ¿Tú roncas, o me
  oyes, o que haces?
&lt;br&gt; --Bueno, ¡rayo!, y si las tiene, ¿que rayos nos interesa? Dar, no nos
  las ha de dar.
&lt;br&gt; --Darlas, ya se sabe; pero.... emprestadas...
&lt;br&gt; --¡Emprestadas! Sí, ve a que te empresten... --Yo digo emprestadas
  así, medio a la fuerza... Malditos!... No sois hombres, no tenéis de
  hombres sino la parola... Si estuviese aquí Andresiño... un día...
  al oscurecer..
&lt;br&gt; --Como vuelvas a mentar eso, los diaños lleven si no te saco las
  muelas del bofetón...
&lt;br&gt; --Cochinos de cobardes; aún las mujeres tenemos más riñones...
&lt;br&gt; --Loba, calla; tú quieres perderme. El clérigo tiene escopeta.... y
  a más quieres que Santa Minia mande una centella que mismamente nos
  destrice...
&lt;br&gt; --Santa Minia es el miedo que te come...
&lt;br&gt; --¡Torna, malvada!...
&lt;br&gt; --¡Pellejo, borranchón!...
&lt;br&gt; Estaba echada Minia sobre un haz de paja, a poca distancia de sus
  tíos, en esa promiscuidad de las cabañas gallegas, donde irracionales
  y racionales, padres e hijos, yacen confundidos y mezclados Aterida de
  frío bajo su ropa, que había amontonado para cubrirse --pues manta
  Dios la diese--, entreoyó algunas frases sospechosas y confusas, las
  excitaciones sordas de la mujer, los gruñidos y chanzas vinosas del
  hombre. Tratábase de la Santa...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero la niña no comprendió. Sin embargo, aquello le sonaba mal; le
sonaba a ofensa, a lo que ella, si tuviese nociones de lo que tal
palabra significa, hubiese llamado desacato. Movió los labios para rezar
la única oración que sabía, y así, rezando, se quedó traspuesta. Apenas
le salteó el sueño, le pareció que una luz dorada y azulada llenaba el
recinto de la choza. En medio de aquella luz, o formando aquella luz,
semejante a la que despedía la «madama de fuego» que presentaba el
cohetero en la fiesta patronal, estaba la Santa, no reclinada, sino en
pie, y blandiendo su palma como si blandiese un arma terrible. Minia
creía oír distintamente estas palabras: «¿Ves? Los mato». Y mirando al
lecho de sus tíos, los vio cadáveres, negros, carbonizados, con la boca
torcida y la lengua de fuera... En este momento se dejó oír el sonoro
cántico del gallo; la becerrilla mugió en el establo, reclamando el
pezón de su madre... Amanecía.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si pudiese la niña hacer su gusto, se quedaría acurrucada entre la paja
la mañana que siguió a su visión. Sentía gran dolor en los huesos,
quebrantamiento general, sed ardiente. Pero la hicieron levantar,
tirándola del pelo y llamándola holgazana, y, según costumbre, hubo de
sacar el ganado. Con su habitual pasividad no replicó; agarró la cuerda
y echó hacia el pradillo. La Pepona, por su parte, habiéndose lavado
primero los pies y luego la cara en el charco más próximo a la represa
del molino, y puéstose el dengue y el mantelo de los días grandes, y
también --lujo inaudito-- los zapatos, colocó en una cesta hasta dos
docenas de manzanas, una pella de manteca envuelta en una hoja de col,
algunos huevos y la mejor gallina ponedora, y, cargando la cesta en la
cabeza, salió del lugar y tomó el camino de Compostela con aire
resuelto. Iba a implorar, a pedir un plazo, una prórroga, un perdón de
renta, algo que les permitiese salir de aquel año terrible sin abandonar
el lugar querido, fertilizado con su sudor.. Porque las dos onzas del
arriendo.... ¡quia!, en la boeta de Santa Minia o en el jergón del
clérigo seguirían guardadas, por ser un calzonazos Juan Ramón y faltar
de la casa Andresiño.... y no usar ella, en lugar de refajos, las mal
llevadas bragas del esposo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No abrigaba Pepona grandes esperanzas de obtener la menor concesión, el
más pequeño respiro. Así se lo decía a su vecina y comadre Jacoba de
Alberte, con la cual se reunió en el cuerpo, enterándose de que iba a
hacer la misma jornada, pues Jacoba tenía que traer de la ciudad
medicina para su hombre, afligido con su asma de todos los demonios, que
no le dejaba estar acostado, ni por las mañanas casi respirar.
Resolvieron las dos comadres ir juntas para tener menos miedo a los
lobos o a los aparecidos, si al volver se les echaba la noche encima; y
pie ante pie, haciendo votos porque no lloviese, pues Pepona llevaba a
cuestas el fondito del arca, emprendieron su caminata charlando.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--Mi matanza --dijo la Pepona-- es que no podré hablar cara a cara
con el señor marqués, y al apoderado tendré que arrodillarme. Los
señores de mayor señorío son siempre los más compadecidos del pobre. Los
peores, los señoritos hechos a puñetazos, como don Mauricio, el
apoderado; ésos tienen el corazón duro como las piedras y le tratan a
uno peor que a la suela del zapato. Le digo que voy allá como el buey al
matadero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La Jacoba, que era una mujercilla pequeña, de ojos ribeteados de
apergaminadas facciones, con dos toques cual de ladrillos en los
pómulos, contestó en voz plañidera:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--¡Ay, comadre! Iba yo cien veces a donde va, y no quería ir una a
donde voy ¡Santa Minia nos valga! Bien sabe el Señor Nuestro Dios que me
lleva la salud del hombre, porque la salud vale más que las riquezas. No
siendo por amor de la salud, ¿quien tiene valor de pisar la botica de
don Custodio?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al oír este nombre, viva expresión de curiosidad azorada se pintó en el
rostro de la Pepona y arrugóse su frente, corta y chata, donde el pelo
nacía casi a un dedo de las tupidas cejas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; --¡Ay! Sí, mujer... Yo nunca allá fui. Hasta por delante de la
  botica no me da gusto pasar. Andan no se qué dichos, de que el
  boticario hace «meigallos».
&lt;br&gt; --Eso de no pasar, bien se dice; pero cuando uno tiene la salud en
  sus manos... La salud vale más que todos los bienes de este mundo; y
  el pobre que no tiene otro caudal sino la salud, ¿qué no hará por
  conseguirla? Al demonio era yo capaz de ir a pedirle en el infierno la
  buena untura para mi hombre. Un peso y doce reales llevamos gastados
  este año en botica, y nada: como si fuese agua de la fuente; que hasta
  es un pecado derrochar los cuartos así, cuando no hay una triste
  corteza para llevar a la boca. De manera es que ayer por la noche, mi
  hombre, que tosía que casi arreventaba, me dijo, dice: «¡Ei!, Jacoba:
  o tú vas a pedirle a don Custodio la untura, o yo espicho. No hagas
  caso del medico; no hagas caso, si a manos viene, ni de Cristo Nuestro
  Señor; a don Custodio has de ir; que si el quiere, del apuro me saca
  con sólo dos cucharaditas de los remedios que sabe hacer. Y no repares
  en dinero, mujer, no siendo que quiéraste quedar viuda. Así es que...
  -- Jacoba metió misteriosamente la mano en el seno y extrajo,
  envuelto en un papelito, un objeto muy chico-- aquí llevo el corazón
  del arca... : ¡un dobloncillo de a cuatro! Se me van los «espíritus»
  detrás de él; me cumplía para mercar ropa, que casi desnuda en carnes
  ando; pero primero es la vida del hombre, mi comadre.... y aquí lo
  llevo para el ladrón de don Custodio. Asús me perdone.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; La Pepona reflexionaba, deslumbrada por la vista del doblón y
  sintiendo en el alma una oleada tal de codicia que la sofocaba casi.
&lt;br&gt; --Pero diga, mi comadre --murmuró con ahínco, apretando sus grandes
  dientes de caballo y echando chispas por los ojuelos--. Diga: ¿cómo
  hará don Custodio para pagar tantos cuartos? ¿Sabe que se cuenta por
  ahí? Que mercó este año muchos lugares del marqués. Lugares de los más
  riquísimos. Dicen que ya tiene mercados dos mil ferrados de trigo de
  renta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--¡Ay, mi comadre! ¿Y cómo quiere que no gane cuartos ese hombre que
cura todos los males que el Señor inventó? Miedo da al entrar allí; pero
cuando uno sale con la salud en la mano... Ascuche: ¿quien piensa que
le quitó la «reúma» al cura de Morlán? Cinco años llevaba en la cama,
baldado, imposibilitado.... y de repente un día se levanta, bueno,
andando como usté y como yo. Pues, ¿que fue? La untura que le dieron en
los cuadriles, y que le costó media onza en casa de don Custodio. ¿Y el
tío Gorlo; el posadero de Silleda? Ese fue mismo cosa de milagro. Ya le
tenían puesto los santolios y traerle un agua blanca de don Custodio...
y como si resucitara.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; _¡Que cosas hace Dios!
&lt;br&gt; --¿Dios? --contestó la Jacoba--. A saber si las hace Dios o el
  diaño... Comadre, le pido de favor que me ha de acompañar cuando
  entre en la botica...
&lt;br&gt; --Acompañaré.
&lt;br&gt; Cotorreando así, se les hizo llevadero el camino a las dos comadres.
  Llegaron a Compostela a tiempo que las campanas de la catedral y de
  numerosas iglesias tocaban a misa, y entraron a oírla en las Animas,
  templo muy favorito de los aldeanos, y, por tanto, muy gargajoso,
  sucio y maloliente. De allí, atravesando la plaza llamada del Pan,
  inundada de vendedoras de molletes y cacharros, atestada de labriegos
  y de caballerías, se metieron bajo los soportales, sustentados por
  columnas de bizantinos capiteles, y llegaron a la temerosa madriguera
  de don Custodio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bajábase a ella por dos escalones, y entre esto y que los soportales
roban luz, encontrábase siempre la botica sumergida en vaga penumbra,
resultado a que cooperaban también los vidrios azules, colorados y
verdes, innovación entonces flamante y rara. La anaquelería ostentaba
aún esos pintorescos botes que hoy se estiman como objeto de arte, y
sobre los cuales se leían, en letras góticas, rótulos que parecen
fórmulas de alquimia: «Rad, Polip. Q», «Ra, Su. Eboris», «Stirac. Cala»,
y otros letreros de no menos siniestro cariz. En un sillón de vaqueta,
reluciente ya por el uso, ante una mesa, donde un atril abierto sostenía
voluminoso libro, hallábase el boticario, que leía cuando entraron las
dos aldeanas, y que al verlas entrar se levantó. Parecía hombre de unos
cuarenta y tantos años; era de rostro chupado, de hundidos ojos y
sumidos carrillos, de barba picuda y gris, de calva primeriza y ya
lustrosa, y con aureola de largas melenas que empezaban a encanecer: una
cabeza macerada y simpática de santo penitente o de doctor alemán
emparedado en su laboratorio. Al plantarse delante de las dos mujeres,
caía sobre su cara el reflejo de uno de los vidrios azules, y realmente
se la podía tomar por efigie de escultura. No habló palabra,
contentándose con mirar fijamente a las comadres. Jacoba temblaba cual
si tuviese azogue en las venas y la Pepona, más atrevida, fue la que
echó todo el relato del asma, y de la untura, y del compadre enfermo, y
del doblón. Don Custodio asintió, inclinando gravemente la cabeza:
desapareció tres minutos tras la cortina de sarga roja que ocultaba la
entrada de la rebotica; volvió con un frasquito cuidadosamente lacrado;
tomó el doblón, sepultólo en el cajón de la mesa, y volviendo a la
Jacoba un peso duro, contentóse con decir:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; --Úntele con esto el pecho por la mañana y por la noche -- y sin más
  se volvió a su libro.
&lt;br&gt; Miráronse las comadres, y salieron de la botica como un alma que lleva
  el diablo; Jacoba, fuera ya, se persignó. Serían las tres de la tarde
  cuando volvieron a reunirse en la taberna, a la entrada de la
  carretera, donde comieron un «taco» de pan y una corteza de queso
  duro, y echaron al cuerpo el consuelo de dos deditos de aguardiente.
  Luego emprendieron el retorno. La Jacoba iba alegre como unas pascuas;
  poseía el remedio para su hombre; había vendido bien medio ferrado de
  habas, y de su caro doblón un peso quedaba aún por misericordia de don
  Custodio. Pepona, en cambio, tenía la voz ronca y encendidos los ojos;
  sus cejas se juntaban más que nunca; su cuerpo, grande y tosco, se
  doblaba al andar, cual si le hubiesen administrado alguna soberana
  paliza. No bien salieron a la carretera, desahogó sus cuitas en
  amargos lamentos; el ladrón de don Mauricio, como si fuese sordo de
  nacimiento o verdugo de los infelices:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--«La renta, o salen del lugar» ¡Comadre! Allí lloré, grité, me puse de
rodillas, me arranqué los pelos, te pedí por el alma de su madre y de
quien tiene en el otro mundo... Él, tieso: «La renta, o salen del
lugar». El atraso de ustedes ya no viene de este año, ni es culpa de la
mala cosecha ... Su marido bebe, y su hijo es otro que bien baila ...
El señor marqués le diría lo mismo... Quemado está con ustedes... Al
marqués no le gustan borrachos en sus lugares.» Yo repliquéle: «Señor,
venderemos los bueyes y la vaquita.... y luego, ¿con qué labramos? Nos
venderemos por esclavos nosotros ... » «La renta, les digo.... y
lárguese ya». Mismo así, empurrando, empurrando.... echóme por la
puerta. ¡Ay! Hace bien en cuidar a su hombre, señora Jacoba... ¡Un
hombre que no bebe! A mí me ha de llevar a la sepultura aquel
pellejo... Si le da por enfermarse, con medicina que yo le compre no
sanará.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; En tales pláticas iban entreteniendo las dos comadres el camino. Como
  en invierno anochece pronto, hicieron por atajar, internándose hacia
  el monte, entre espesos pinares. Oíase el toque del *Angelus *en
  algún campanario distante, y la niebla, subiendo del río, empezaba a
  velar y confundir los objetos. Los pinos y los zarzales se esfumaban
  entre aquella vaguedad gris, con espectral apariencia. A las
  labradoras les costaba trabajo encontrar el sendero.
&lt;br&gt; --Comadre --advirtió, de pronto y con inquietud, Jacoba--, por Dios
  le encargo que no cuente en la aldea lo del unto...
&lt;br&gt; --No tenga miedo, comadre... Un pozo es mi boca.
&lt;br&gt; -- Porque si lo sabe el señor cura, es capaz de echarnos en misa una
  pauliña ...
&lt;br&gt; --¿Y a el qué le interesa? --Pues como dicen que esta untura «es lo
  que es»...
&lt;br&gt; --¿De que?
&lt;br&gt; --¡Ave María de gracia, comadre! --susurró Jacoba, deteniéndose y
  bajando la voz, como si los pinos pudiesen oírla y delatarla--. ¿De
  veras no lo sabe? Me pasmo. Pues hoy, en el mercado, no tenían las
  mujeres otra cosa que decir, y las mozas primero se dejaban hacer
  trizas que llegarse al soportal. Yo, si entré allí, es porque de moza
  ya he pasado; pero vieja y todo, si usté no me acompaña, no pongo el
  pie en la botica. ¡La gloria Santa Minia nos valga!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; --A fe, comadre, que no sé ni esto... Cuente, comadre, cuente...
  Callaré lo mismo que si muriera.
&lt;br&gt; -- ¡Pues si no hay más de que hablar, señora! ¡Asús querido! Estos
  remedios tan milagrosos, que resucitan a los difuntos, hácelos don
  Custodio con «unto de moza».
&lt;br&gt; --¿Unto de moza...?
&lt;br&gt; --De moza soltera, rojiña , que ya esté en sazón de poder casar. Con
  un cuchillo te saca las mantecas, y va y las derrite, y prepara los
  medicamentos. Dos criadas mozas tuvo, y ninguna se sabe qué fue de
  ella, sino que, como si la tierra se las tragase, que desaparecieron y
  nadie las volvió a ver. Dice que ninguna persona humana ha entrado en
  la trasbotica; que allí tiene una «trapela», y que muchacha que entra
  y pone el pie en la «trapela».... ¡plas!, cae en un pozo muy hondo,
  muy hondísimo, que no se puede medir la profundidad que tiene.... y
  allí el boticario le arranca el unto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sería cosa de haberle preguntado a la Jacoba a cuántas brazas bajo
tierra estaba situado el laboratorio del destripador de antaño; pero las
facultades analíticas de la Pepona eran menos profundas que el pozo, y
limitóse a preguntar con ansia mal definida:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; --¿Y para «eso sólo sirve el unto de las mozas?»
&lt;br&gt; --Sólo. Las viejas no valemos ni para que nos saquen el unto
  siquiera.
&lt;br&gt; Pepona guardó silencio. La niebla era húmeda: en aquel lugar montañoso
  convertíase en «brétema», e imperceptible y menudísima llovizna cataba
  a las dos comadres, transidas de frío y ya asustadas por la oscuridad.
  Como se internasen en la escueta gándara que precede al lindo
  vallecito de Tornelos, y desde la cual ya se divisa la torre del
  santuario, Jacoba murmuró con apagada voz:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; --Mi comadre ... ¿no es un lobo eso que por ahí va?
&lt;br&gt; --¿Un lobo? --dijo, estremeciéndose, Pepona.
&lt;br&gt; --Por allí.... detrás de aquellas piedras.... dicen que estos días
  ya llevan comida mucha gente. De un rapaz de Morlán sólo dejaron la
  cabeza y los zapatos. ¡Asús!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El susto del lobo se repitió dos o tres veces antes que las comadres
llegasen a avistar la aldea. Nada, sin embargo, confirmó sus temores,
ningún lobo se les vino encima. A la puerta de la casucha de Jacoba
despidiéronse, y Pepona entró sola en su miserable hogar. Lo primero con
que tropezó en el umbral de la puerta fue con el cuerpo de Juan Ramón,
borracho como una cuba, y al cual fue preciso levantar entre maldiciones
y reniegos, llevándole en peso a la cama. A eso de medianoche, el
borracho salió de su sopor, y con estropajosas palabras acertó a
preguntar a su mujer qué teníamos de la renta. A esta pregunta, y a su
desconsoladora contestación, siguieron reconvenciones, amenazas,
blasfemias, un cuchicheo raro, acalorado, furioso. Minia, tendida sobre
la paja, prestaba oído; latíale el corazón; el pecho se le oprimía; no
respiraba; pero llegó un momento en que la Pepona, arrojándose del
lecho, le ordenó que se trasladase al otro lado de la cabaña, a la parte
donde dormía el ganado. Minia cargó con su brazado de paja, y se
acurrucó no lejos del establo, temblando de frío y susto. Estaba muy
cansada aquel día; la ausencia de Pepona la había obligado a cuidar de
todo, a hacer el caldo, a coger hierba, a lavar, a cuantos menesteres y
faenas exigía la casa... Rendida de fatiga y atormentada por las
singulares desazones de costumbre, por aquel desasosiego que la
molestaba, aquella opresión indecible, ni acababa de venir el sueño a
sus Párpados ni de aquietarse su espíritu. Rezó maquinalmente, pensó en
la Santa, y dijo entre sí, sin mover los labios: «Santa Minia querida,
llévame pronto al Cielo; pronto, pronto ...» Al fin se quedó, si no
precisamente dormida, al menos en ese estado mixto propio a las
visiones, a las revelaciones psicológicas y hasta a las revoluciones
físicas. Entonces le pareció, como la noche anterior, que veía la efigie
de la mártir; sólo que, ¡cosa rara!, no era la Santa; era ella misma, la
pobre rapaza, huérfana de todo amparo, quien estaba allí tendida en la
urna de cristal, entre los cirios, en la iglesia. Ella tenía la corona
de rosas; la dalmática de brocado verde cubría sus hombros; la palma la
agarraban sus manos pálidas y frías; la herida sangrienta se abría en su
propio pescuezo, y por allí se le iba la vida, dulce e insensiblemente,
en oleaditas de sangre muy suaves, que al salir la dejaban tranquila,
extática, venturosa... Un suspiro se escapó del pecho de la niña; puso
los ojos en blanco, se estremeció.... y quedóse completamente inerte.
Su última impresión confusa fue que ya había llegado al Cielo, en
compañía de la Patrona.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;III&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En aquella rebotica, donde, según los autorizados informes de Jacoba de
Alberte, no entraba nunca persona humana, solía hacer tertulia a don
Custodio las más noches un canónigo de la Santa Metropolitana iglesia,
compañero de estudios del farmacéutico, hombre ya maduro, sequito como
un pedazo de yesca, risueño, gran tomador de tabaco. Este tal era
constante amigo e íntimo confidente de don Custodio, y, a ser verdad los
horrendos crímenes que al boticario atribuía el vulgo, ninguna persona
más a propósito para guardar el secreto de tales abominaciones que el
canónigo don Lucas Llorente, el cual era la quintaesencia del misterio y
de la incomunicación con el público profano. El silencio, la reserva más
absoluta, tomaba en Llorente proporciones y carácter de manía. Nada
dejaba transparentar de su vida, y acciones, aun las más leves e
inocentes. El lema del canónigo era: «Que nadie sepa cosa alguna de ti.»
Y aun añadía (en la intimidad de la trasbotica): «Todo lo que averigua
la gente acerca de lo que hacemos o pensamos, lo convierte en arma
nociva y mortífera. Vale más que invente que no edifique sobre el
terreno que te ofrezcamos nosotros mismos.»&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por este modo de ser y por la inveterada amistad, don Custodio le tenía
por confidente absoluto, y sólo con él hablaba de ciertos asuntos
graves, y sólo de Él se aconsejaba en los casos peligrosos o difíciles.
Una noche en que, por señas, llovía a cántaros, tronaba y relampagueaba
a trechos, encontró Llorente al boticario agitado, nervioso,
semiconvulso. Al entrar el canónigo se arrojó hacia él, y tomándole las
manos y arrastrándole hacia el fondo de la rebotica, donde, en vez de la
pavorosa «trapela» y el pozo sin fondo, había armarios, estantes, un
canapé y otros trastos igualmente inofensivos, le dijo con voz
angustiosa:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--¡Ay amigo Llorente! ¡De qué modo me pesa haber seguido en todo tiempo
sus consejos de usted, dando pábulo a las hablillas de los necios! A la
verdad, yo debí desde el primer día desmentir cuentos absurdos y disipar
estúpidos rumores... Usted me aconsejó que no hiciese nada,
absolutamente nada, para modificar la idea que concibió el vulgo de mí,
gracias a mi vida retraída, a los viajes que realicé al extranjero para
aprender los adelantos de mi profesión, a mi soltería y a la maldita
casualidad (aquí el boticario titubeó un poco) de que dos criadas....
jóvenes.... hayan tenido que marcharse secretamente de casa, sin dar
cuenta al público de los motivos de su viaje ... ; porque.... ¿qué
calabazas le importaba al público los tales motivos, me hace usted el
favor de decir? Usted me repetía siempre: «Amigo Custodio, deje correr
la bola; no se empeñe nunca en desengañar a los bobos, que al fin no se
desengañan, e interpretan mal los esfuerzos que se hacen para combatir
sus preocupaciones. Que crean que usted fabrica sus ungüentos con grasa
de difunto y que se los paguen más caros por eso, bien; dejadles,
dejadles que rebuznen. Usted véndales remedios buenos, y nuevos de la
farmacopea moderna, que asegura usted está muy adelantada allá en los
países extranjeros que usted visitó. Cúrense las enfermedades, y crean
los imbéciles que es por arte de birlibirloque. La borricada mayor de
cuantas hoy inventan y propalan los malditos liberales es esa de
«ilustrar a las multitudes». ¡Buena ilustración te dé Dios! Al pueblo no
puede ilustrársele. Es y será eternamente un hatajo de babiecas, una
recua de jumentos. Si le presenta usted las cosas naturales y
racionales, no las cree. Se pirra por lo raro, estrambótico, maravilloso
e imposible. Cuanto más gorda es una rueda de molino, tanto más aprisa
la comulga. Conque, amigo Custodio, usted deje de andar la procesión, y
si puede, apande el estandarte...Este mundo es una danza...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--Cierto --interrumpió el canónigo, sacando su cajita de rapé y
torturando entre las yemas el polvito--; eso te debí decir; y qué, ¿tan
mal le ha ido a usted con mis consejos? Yo creí que el cajón de la
botica estaba de duros a reventar, y que recientemente había usted
comprado unos lugares muy hermosos en Valeiro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--¡Los compré, los compré; pero también los amargo! -- exclamó el
farmacéutico--. ¡Si le cuento a usted lo que me ha pasado hoy! Vaya,
discurra. ¿Qué creerá usted que me ha sucedido? Por mucho que prense el
entendimiento para idear la mayor barbaridad ... , lo que es con esta
no acierta usted, ni tres como usted.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; --¿Qué ha sido ello?
&lt;br&gt; --¡Verá, verá! Esto es lo gordo. Entra hoy en mi botica, a la hora en
  que estaba completamente sola, una mujer de la aldea, que ya había
  venido días atrás con otra a pedirme un remedio para el asma: una
  mujer alta, de rostro duro, cejijunta, con la mandíbula saliente, la
  frente chata y los ojos como dos carbones. Un tipo imponente, créalo
  usted. Me dice que quiere hablarme en secreto y después de verse a
  solas conmigo en el sitio seguro, resulta... ¡Aquí entra lo mejor!
  Resulta que viene a ofrecerme el unto de una muchacha, sobrina suya,
  casadera ya, virgen, roja, con todas las condiciones requeridas, en
  fin, para que el unto convenga a los remedios que yo acostumbro
  hacer.. ¿Qué dice usted a eso, canónigo? A tal punto hemos llegado. Es
  por ahí cosa corriente y moliente que yo destripo a las mozas, y que
  con las mantecas que les saco compongo esos remedios maravillosos,
  ¡puf!, capaces hasta de resucitar a los difuntos. La mujer me lo
  aseguró. ¿Lo está usted viendo? ¿Comprende la ... ancha que sobre mí
  ha caído? Soy el terror de las aldeas, el espanto de las muchachas y
  el ser más aborrecible y más cochino que puede concebir la
  imaginación.
&lt;br&gt; Un trueno lejano y profundo acompañó las últimas palabras del
  boticario. El canónigo se reía, frotando sus manos sequitas y meneando
  alegremente la cabeza. Parecía que hubiere logrado un grande y
  apetecido triunfo.
&lt;br&gt; --Yo sí que digo: ¿lo ve usted, hombre? ¿Ve cómo son todavía más
  bestias, animales, cinocéfalos y mamelucos de lo que yo mismo pienso?
  ¿Ve cómo se les ocurre siempre la mayor barbaridad, el desatino de más
  grueso calibre y la burrada más supina? Basta que usted sea el hombre
  más sencillo, bonachón y pacífico del orbe; basta que tenga usted ese
  corazón blanducho, que se interese usted por las calamidades ajenas,
  aunque le importen un tábano; que sea usted incapaz de matar a una
  mosca y sólo piense en sus librotes, en sus estudios, y en sus
  químicas, para que los grandísimos salvajes le tengan por monstruo
  horrible, asesino, reo de todos los crímenes y abominaciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; --Pero ¿quién habrá inventado estas calumnias, Llorente?
&lt;br&gt; --¿Quien? La estupidez universal.... forrada en la malicia universal
  también. La bestia del apocalipsis..., que es el vulgo, créame,
  aunque San Juan no lo haya dejado muy claramente dicho.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; --¡Bueno! Así será; pero yo, en lo sucesivo, no me dejo calumniar
  más. No quiero; no, señor. ¡Mire usted qué conflicto! ¡A poco que me
  descuide, una chica muerta por mi culpa! Aquella fiera, tan dispuesta
  a acogotarla. Figúrese usted que repetía: «La despacho y la dejo en el
  monte, y digo que la comieron los lobos. Andan muchos por este tiempo
  del año, y verá cómo es cierto, que al día siguiente aparece comida.»
  ¡Ay canónigo! ¡Si usted viese el trabajo que me costó convencer a
  aquella caballería mayor de que ni yo saco el unto a nadie ni he
  soñado en tal! Por más que la repetía: «Eso es una animalada que corre
  por ahí, una infamia, una atrocidad, un desatino, una picardía; y como
  yo averigüe quien es el que lo propala, a ése sí que le destripo», la
  mujer, firme como un poste, y erre que erre. «Señor, dos onzas nada
  más.. Todo calladito, todo calladito... En dos onzas, tiene los
  untos. Otra proporción tan buena no la encuentra nunca.» ¡Qué víbora
  malvada! Las Furias del infierno deben de tener una cara así... Le
  digo a usted que me costó un triunfo persuadirla. No quería irse. A
  poco la echo con un garrote.
&lt;br&gt; --¡Y ojalá que la haya usted persuadido! --articuló el canónigo,
  repentinamente preocupado y agitado, dando vueltas a la tabaquera
  entre los dedos--. Me temo que ha hecho usted un pan como unas
  hostias. ¡Ay Custodio! La ha errado usted. Ahora sí que juro yo que la
  ha errado.
&lt;br&gt; --¿Qué dice usted, hombre, o canónigo, o demonio? -- exclamó el
  boticario, saltando en su asiento alarmadísimo.
&lt;br&gt; --Que la ha errado usted. Nada, que ha hecho una tontería de marca
  mayor por figurarse, como siempre, que en esos brutos cabe una chispa
  de razón natural, y que es lícito y conducente para algo el decirles
  la verdad y argüirles con ella y alumbrarlos con las luces del
  intelecto. A tales horas, probablemente la chica está en la gloria,
  tan difunta como mi abuela... Mañana por la mañana, o pasado le traen
  el unto envuelto en un trapo... ¡Ya lo verá!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; --Calle, calle... No puedo oír eso. Eso no cabe en cabeza humana...
  ¿Yo qué debí hacer? ¡Por Dios, no me vuelva loco!
&lt;br&gt; --¿Que qué debió hacer? Pues lo contrario de lo razonable, lo
  contrario de lo que haría usted conmigo o con cualquiera otra persona
  capaz de sacramentos, y aunque quizá tan mala como el populacho, algo
  menos bestia... Decirles que sí, que usted compraba el unto en dos
  onzas, o en tres, o en ciento...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; --Pero entonces...
&lt;br&gt; --Aguarde, deje me acabar.. Pero que el unto sacado por ellos de nada
  servía. Que usted en persona tenía que hacer la operación y, por
  consiguiente, que le trajesen a la muchachita sanita y fresca... Y
  cuando la tuviese segura en su poder, ya echaríamos mano de la
  justicia para prender y castigar a los malvados... ¿Pues no ve usted
  claramente que ésa es una criatura de la cual se quieren deshacer, que
  les estorba, o porque es una boca más o porque tiene algo y ansían
  heredarla? ¿No se le ha ocurrido que una atrocidad así se decide en un
  día, pero se prepara y fermenta en la conciencia a veces largos años?
  La chica está sentenciada a muerte. Nada; crea usted que a estas
  horas...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Y el canónigo blandió la tabaquera, haciendo el expresivo ademán del
  que acogota.
&lt;br&gt; --¡Canónigo, usted acabará conmigo! ¿Quien duerme ya esta noche?
  Ahora mismo ensillo la yegua y me largo a Tornelos...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Un trueno más cercano y espantoso contestó al boticario que su
  resolución era impracticable. El viento mugió y la lluvia se
  desencadenó furiosa, aporreando los vidrios.
&lt;br&gt; --¿Y usted afirma --preguntó con abatimiento don Custodio-- que
  serán capaces de tal iniquidad?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; --De todas. Y de inventar muchísimas que aún no se conocen. ¡La
  ignorancia es invencible, y es hermana del crimen!
&lt;br&gt; --Pues usted --arguyó el boticario-- bien aboga por la perpetuidad
  de la ignorancia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;--¡Ay amigo mío! --respondió el oscurantista--. ¡La ignorancia es un
mal. Pero el mal es necesario y eterno, de tejas abajo, en este pícaro
mundo! Ni del mal ni de la muerte conseguiremos jamás vernos libres.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¡Qué noche pasó el honrado boticario, tenido, en concepto del pueblo,
por el monstruo más espantable ya quien tal vez dos siglos antes
hubiesen procesado acusándole de brujería!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Al amanecer echó la silla a la yegua blanca que montaba en sus
  excursiones al campo y tomó el camino de Tornelos. El molino debía de
  servirle de seña para encontrar presto lo que buscaba.
&lt;br&gt; El sol empezaba a subir por el cielo, que después de la tormenta se
  mostraba despejado y sin nubes, de una limpidez radiante. La lluvia
  que cubría las hierbas se evaporaba ya, y secábase el llanto derramado
  sobre los zarzales por la noche. El aire diáfano y transparente, no
  excesivamente frío, empezaba a impregnarle de olores ligeros que
  exhalaban los mojados pinos. Una pega, manchada de negro y blanco,
  saltó casi a los pies del caballo de don Custodio. Una liebre salió de
  entre los matorrales, y loca de miedo, graciosa y brincadora, pasó por
  delante del boticario.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todo anunciaba uno de esos días espléndidos de invierno que en Galicia
suelen seguir a las noches tempestuosas y que tienen incomparable
placidez, y el boticario, penetrado por aquella alegría del ambiente,
comenzaba a creer que todo lo de la víspera era un delirio, una
pesadilla trágica o una extravagancia de su amigo. ¿Cómo podía nadie
asesinar a nadie, y así, de un modo tan bárbaro e inhumano? Locuras,
insensateces, figuraciones del canónigo. ¡Bah! En el molino, a tales
horas, de fijo que estarían preparándose a moler el grano. Del santuario
de Santa Minia venía, conducido por la brisa, el argentino toque de la
campana, que convocaba a la misa primera. Todo era paz, amor y serena
dulzura en el campo...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Don Custodio se sintió feliz y alborozado como un chiquillo, y sus
pensamientos cambiaron de rumbo. Si la rapaza de los untos era bonita y
humilde... se la llevaría consigo a su casa, redimiéndola de la triste
esclavitud y del peligro y abandono en que vivía. Y si resultaba buena,
leal, sencilla, modesta, no como aquellas dos locas, que la una se había
escapado a Zamora con un sargento, y la otra andando en malos pasos con
un estudiante, para que al fin resultara lo que resultó y la obligó a
esconderse... Si la molinerita no era así, y al contrario, realizaba un
suave tipo soñado alguna vez por el empedernido solterón....entonces,
¿quien sabe, Custodio? Aún no eres tan viejo que...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Embelesado con estos pensamientos, dejó la rienda a la yegua.... y no
reparó que iban metiéndose monte adentro, monte adentro, por lo más
intrincado y áspero de él. Notólo cuando ya llevaba andado buen trecho
del camino. Volvió grupas y lo desanduvo; pero con poca fortuna, pues
hubo de extraviarse más, encontrándose en un sitio riscoso y salvaje.
Oprimía su corazón, sin saber por que, extraña angustia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De repente, allí mismo, bajo los rayos del sol, del alegre, hermoso, que
reconcilia a los humanos consigo mismos y con la existencia, divisó un
bulto, un cuerpo muerto, el de una muchacha... Su doblada cabeza
descubría la tremenda herida del cuello. Un «mantelo» tosco cubría la
mutilación de las despedazadas y puras entrañas; sangre alrededor,
desleída ya por la lluvia, las hierbas y malezas pisoteadas, y en tomo,
el gran silencio de los altos montes y de los solitarios pinares...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;IV&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A Pepona la ahorcaron en La Coruña. Juan Ramón fue sentenciado a
presidio. Pero la intervención del boticario en este drama jurídico
bastó para que el vulgo le creyese más destripador que antes, y
destripador que tenía la habilidad de hacer que pagasen justos por
pecadores, acusando a otros de sus propios atentados. Por fortuna, no
hubo entonces en Compostela ninguna jarana popular; de lo contrario, es
fácil que le pegasen fuego a la botica, lo cual haría frotarse las manos
al canónigo Llorente, que veía confirmadas sus doctrinas acerca de la
estupidez universal e irremediable.&lt;/p&gt;</content><category term="RELATOS CORTOS"/></entry><entry><title>Lo simple que es difícil de inventar</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/hans-magnus-enzensberger-lo-simple-que-es-dificil-de-inventar.html" rel="alternate"/><published>2022-11-04T12:51:00+01:00</published><updated>2022-11-04T12:51:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2022-11-04:/hans-magnus-enzensberger-lo-simple-que-es-dificil-de-inventar.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿Nada tengo en contra del microprocesador,
&lt;br&gt; pero cómo estaríamos sin agua?
&lt;br&gt; ¿Qué es una sonda de Júpiter
&lt;br&gt; comparada con el cerebro de una mosca?
&lt;br&gt; ¡Cómo se esfuerzan
&lt;br&gt; esos ratones de laboratorio con la clonación!
&lt;br&gt; Mucho mejor es follar.
&lt;br&gt; ¡Y el diente de león sobre todo,
&lt;br&gt; cómo se lo monta: graciosa …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿Nada tengo en contra del microprocesador,
&lt;br&gt; pero cómo estaríamos sin agua?
&lt;br&gt; ¿Qué es una sonda de Júpiter
&lt;br&gt; comparada con el cerebro de una mosca?
&lt;br&gt; ¡Cómo se esfuerzan
&lt;br&gt; esos ratones de laboratorio con la clonación!
&lt;br&gt; Mucho mejor es follar.
&lt;br&gt; ¡Y el diente de león sobre todo,
&lt;br&gt; cómo se lo monta: graciosa
&lt;br&gt; elegancia insuperable!
&lt;br&gt; Nunca en la vida,
&lt;br&gt; queridos premios Nobel,
&lt;br&gt; reconocedlo,
&lt;br&gt; habríais inventado nada así.&lt;/p&gt;</content><category term="Hans Magnus Enzensberger"/></entry><entry><title>Refranes andaluces</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/refranes-andaluces.html" rel="alternate"/><published>2022-07-31T15:55:00+02:00</published><updated>2022-07-31T15:55:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2022-07-31:/refranes-andaluces.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Recopilación de refranes andaluces que he ido poniendo tal como me
  vinieron a la memoria.
&lt;br&gt; En homenaje a mi madre y su sabiduría andaluza, heredada de su padre y de su tía María, la fumadora.
&lt;br&gt; Los he escrito con gran placer y riéndome mucho, con la memoria llena  de recuerdos …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Recopilación de refranes andaluces que he ido poniendo tal como me
  vinieron a la memoria.
&lt;br&gt; En homenaje a mi madre y su sabiduría andaluza, heredada de su padre y de su tía María, la fumadora.
&lt;br&gt; Los he escrito con gran placer y riéndome mucho, con la memoria llena  de recuerdos de las tertulias del barrio de Sevilla entre mi madre y el viejo estanquero, quien embelesado con su sapiencia le decía:
&lt;br&gt; -¡Venga Rosario, a ver que refrán me sacas hoy!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El estanquero era un viejo arquitecto jubilado que se aburria en su
estanco, él la esperaba a la puerta invitándola a entrar, puesto que
ella no compraba tabaco, solamente para oírla hablar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(Escritos en castellano: léanse con el acento andaluz seseante de Cádiz
y Sevilla)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;El que tiene un vicio cuando no se mea en la pared se mea en el
quicio.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;A puerta cerrada viene el Demonio y se va.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;La jodienda no tiene enmienda.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Como come el mulo caga el culo.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Yo no siento que mi niño enfermó sino la guasita que le quedó.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;El que come bien y caga bien ¡Mierda pal medico!&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Mas vale una vez colorado que un ciento amarillo.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;El vecino nuevo rempuja al viejo. (Hablando del acto de defecar)&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Pueden mas dos tetas que dos carretas.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;El que duerme en el mismo colchón se vuelve de la misma opinión.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Muera la gallina con su pepita.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Tanto quiso el Demonio a sus hijos que les sacó los ojos.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Cuando el Demonio no tiene nada que hacer mata moscas con el rabo.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Ya pagará el borracho el vino que se ha bebido.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Me casé con el viejo por la monea la monea se fue y el viejo quea.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Hasta que no pase el ultimo gato, no digas: ¡zape!&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;</content><category term="Otros géneros"/></entry><entry><title>El amor mueve al mundo</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/luis-cernuda-el-amor-mueve-al-mundo.html" rel="alternate"/><published>2021-09-10T17:38:00+02:00</published><updated>2021-09-10T17:38:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2021-09-10:/luis-cernuda-el-amor-mueve-al-mundo.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; El amor mueve al mundo,
&lt;br&gt; Que descansa perdido
&lt;br&gt; A la mirada. Y está
&lt;br&gt; Ternura sin servicio...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Ya las luces emprenden
&lt;br&gt; El cotidiano éxodo
&lt;br&gt; Por las calles, dejando
&lt;br&gt; Su espacio solo y quieto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Y el ángel aparece;
&lt;br&gt; En un portal se oculta.
&lt;br&gt; Un soneto buscaba
&lt;br&gt; Perdido entre sus plumas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; La palabra …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; El amor mueve al mundo,
&lt;br&gt; Que descansa perdido
&lt;br&gt; A la mirada. Y está
&lt;br&gt; Ternura sin servicio...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Ya las luces emprenden
&lt;br&gt; El cotidiano éxodo
&lt;br&gt; Por las calles, dejando
&lt;br&gt; Su espacio solo y quieto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Y el ángel aparece;
&lt;br&gt; En un portal se oculta.
&lt;br&gt; Un soneto buscaba
&lt;br&gt; Perdido entre sus plumas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; La palabra esperada
&lt;br&gt; Ilumina los ámbitos;
&lt;br&gt; Un nuevo amor resurge
&lt;br&gt; Al sentido postrado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Olvidados los sueños
&lt;br&gt; Los aires se los llevan.
&lt;br&gt; Reposo. Convertida
&lt;br&gt; La ternura se deja.&lt;/p&gt;</content><category term="Luis Cernuda"/></entry><entry><title>Los marineros son las alas del amor</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/luis-cernuda-los-marineros-son-las-alas-del-amor.html" rel="alternate"/><published>2021-09-02T15:17:00+02:00</published><updated>2021-09-02T15:17:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2021-09-02:/luis-cernuda-los-marineros-son-las-alas-del-amor.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Los marineros son las alas del amor,
&lt;br&gt; Son los espejos del amor,
&lt;br&gt; El mar les acompaña,
&lt;br&gt; Y sus ojos son rubios lo mismo que el amor
&lt;br&gt; Rubio es también, igual que son sus ojos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; La alegría vivaz que vierten en las venas
&lt;br&gt; Rubia es también,
&lt;br&gt; Idéntica a la piel que …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Los marineros son las alas del amor,
&lt;br&gt; Son los espejos del amor,
&lt;br&gt; El mar les acompaña,
&lt;br&gt; Y sus ojos son rubios lo mismo que el amor
&lt;br&gt; Rubio es también, igual que son sus ojos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; La alegría vivaz que vierten en las venas
&lt;br&gt; Rubia es también,
&lt;br&gt; Idéntica a la piel que asoman;
&lt;br&gt; No les dejéis marchar porque sonríen
&lt;br&gt; Como la libertad sonríe,
&lt;br&gt; Luz cegadora erguida sobre el mar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Si un marinero es mar,
&lt;br&gt; Rubio mar amoroso cuya presencia es cántico,
&lt;br&gt; No quiero la cuidad hecha de sueños grises;
&lt;br&gt; Quiero sólo ir al mar donde me anegue,
&lt;br&gt; Barca sin norte,
&lt;br&gt; Cuerpo sin norte hundirme en su luz rubia.&lt;/p&gt;</content><category term="Luis Cernuda"/></entry><entry><title>Cómo escribir. Notas del libro de Larry Brooks Story Engineering</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/como-escribir-notas-del-libro-de-larry-brooks-story-engineering.html" rel="alternate"/><published>2021-01-24T19:05:00+01:00</published><updated>2021-01-24T19:05:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2021-01-24:/como-escribir-notas-del-libro-de-larry-brooks-story-engineering.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;La construcción de la historia es un paso decisivo para escribir bien. Puedes tener un dominio apabullante de la narrativa describiendo emociones, paisajes o situaciones, pero si la trama no está bien cincelada, fallará en atraer la atención del lector.&lt;br&gt;
En lo posible, es mejor corregir la trama de la …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;La construcción de la historia es un paso decisivo para escribir bien. Puedes tener un dominio apabullante de la narrativa describiendo emociones, paisajes o situaciones, pero si la trama no está bien cincelada, fallará en atraer la atención del lector.&lt;br&gt;
En lo posible, es mejor corregir la trama de la historia que el borrador entero del manuscrito.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Uno de los libros que más me ha ayudado a aprender esto es Story Engineering de Larry Brooks. Estas son las notas que tomé de la cuarta parte que habla de la &lt;strong&gt;estructura de la historia&lt;/strong&gt;, mientras iba leyendo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Los hitos de la historia&lt;/strong&gt;, según Larry Brooks son ocho. Los tres puntos principales de la trama (primer punto, medio punto y segundo punto) son la transición entre las cuatro partes de la historia (planteamiento, respuesta, ataque y resolución).&lt;br&gt;
Y tras los ocho hitos de la historia viene la resolución.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En los párrafos siguientes, los ocho hitos aparecen en rojo.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;PRIMERA PARTE: PLANTEAMIENTO (El huérfano)&lt;/h2&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;La primera parte establece la trama y va hacia la misión.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Debe presentar al personaje, establecer lo que está en juego y mostrar al antagonista que aún no ataca con todas sus fuerzas pero presagia el conflicto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Crea tensión antes de que arranque la trama.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;1)&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;La escena de apertura&lt;/em&gt; presenta al personaje en las primeras páginas.&lt;br&gt;
&lt;strong&gt;2)&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;El momento de enganche&lt;/em&gt; que debe suceder en las primeras 25 páginas del libro, es algo que crea una pregunta para el lector o le motiva.&lt;br&gt;
&lt;strong&gt;3)&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;El evento incitante&lt;/em&gt; que puede también ir unido al hito siguiente; &lt;em&gt;el primer punto de la trama&lt;/em&gt;, es el que guía hacia la misión que el protagonista debe realizar.&lt;/p&gt;
&lt;hr&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;4)&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;El primer punto de la trama&lt;/strong&gt; En el 25% de la historia.&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;Es la pregunta del tema de la historia y el puente entre la primera y la segunda parte.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Algo sucede en la historia que fuerza al héroe a tomar acción en la Respuesta.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Introduce el conflicto.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Algo importante para el héroe está en peligro y ahora sabemos lo que es.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;En la primera parte de &lt;em&gt;El código Da Vinci&lt;/em&gt; hay mucho en juego, pero en &lt;em&gt;el primer punto de la trama&lt;/em&gt; todo cambia cuando alguien quiere matar a Langdon para impedirle que su investigación le lleve a la verdad.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;En &lt;em&gt;Thelma y Louise&lt;/em&gt; el &lt;em&gt;evento incitante&lt;/em&gt; es cuando le disparan al tipo, pero cuando deciden no entregarse y seguir quebrantando la ley, es &lt;em&gt;el primer punto de la trama&lt;/em&gt; que comienza la historia.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;ES EL PISTOLETAZO DE SALIDA Y EL ARRANQUE DE LA TRAMA.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;hr&gt;
&lt;h2&gt;SEGUNDA PARTE: LA RESPUESTA (El vagabundo)&lt;/h2&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;En la segunda parte el héroe no sabe.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tiene que haber oposición, y ante ella responde a ciegas sin saber cómo o contra qué tiene que defenderse en realidad. La verdad aparece en la tercera parte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Algo tiene que oponerse a la misión del héroe pero es demasiado pronto para atacar el problema.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;em&gt;el código Da Vinci&lt;/em&gt; Langdom pasa esta parte escapándose de la policía sin saber por qué le persiguen.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;5)&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;El primer punto de oposición&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;En medio de la segunda parte el antagonista muestra su fuerza.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;En &lt;em&gt;El código Da Vinci&lt;/em&gt; es cuando Langdon se encuentra con los caballeros Templarios, la iglesia que esconde la naturaleza y la localización del Santo Grial.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;hr&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;6)&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;El punto medio de la trama&lt;/strong&gt; en el 50% de la historia.&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;Es &lt;strong&gt;algo que el protagonista descubre&lt;/strong&gt; y hace dar un giro a la trama. El héroe evoluciona del modo respuesta a ciegas, al modo ataque. Es un catalizador que activa la toma de nuevas decisiones.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;En &lt;em&gt;El código Da Vinci&lt;/em&gt; tras ir corriendo a ciegas, Langdon y Sophie descubren que tiene que ir a la búsqueda del profesor.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Es el puente hacia la tercera parte.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;hr&gt;
&lt;h2&gt;TERCERA PARTE: EL GUERRERO&lt;/h2&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Con lo que ahora sabe, el héroe empieza a arreglar las cosas, volviéndose proactivo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Demuestra coraje y toma la iniciativa de atacar. Es cuando comienza a luchar contra sus demonios internos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;em&gt;el código Da Vinci&lt;/em&gt; es cuando van en busca del Profesor.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;7)&lt;/strong&gt; &lt;em&gt;El segundo punto de oposición&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;Pero el antagonista también ha evolucionado y demuestra su fuerza.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;En &lt;em&gt;el código Da Vinci&lt;/em&gt; el asesino bloquea a Langdon por detrás en el momento en que va a descifrar una caja fuerte.&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;hr&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;8)&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;El segundo punto de la trama&lt;/strong&gt; en el 75% de la historia.&lt;/p&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;Es la &lt;strong&gt;inyección final de una nueva información.&lt;/strong&gt; aunque puede que le protagonista no la entienda por completo.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Aquí comienza la Resolución y la persecución final.&lt;br&gt;
    La información acelera la misión del héroe&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;En &lt;em&gt;el código Da Vinci&lt;/em&gt; Langdon descifra el códex, que revela el secreto que Leonardo escondió en sus pinturas. Esto es la clave de todo. Y ADEMAS, la gente que le estaba ayudando son los malos de la película, pues el Profesor es el que envía al asesino a recuperar el secreto del código. Esta es &lt;strong&gt;la última información nueva de la historia.&lt;/strong&gt;&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;
&lt;hr&gt;
&lt;h2&gt;CUARTA PARTE: LA RESOLUCION&lt;/h2&gt;
&lt;ul&gt;
&lt;li&gt;El héroe tiene que ser el catalizador de la resolución de la historia.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Nada exterior puede salvarlo y arreglar las cosas por él, nadie puede venir a rescatarlo del peligro ni la suerte puede intervenir. &lt;em&gt;(Deus ex machina)&lt;/em&gt;. Y aunque no tenga que morir, tiene que estar dispuesto a hacerlo.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Debe tomar una decisión de mártir y transformarse internamente.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Debe crecer internamente, vencer sus problemas internos y conquistar la fuerza del antagonista.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Tiene que mostrar coraje y brillantez, demostrar que es un héroe nuevo y mejor. El lector tiene que sentir el final a través del heroísmo.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;¿Quedará el final en la memoria del lector tras haber cerrado el libro?&lt;/li&gt;
&lt;/ul&gt;</content><category term="PARA ESCRITORES"/></entry><entry><title>Bailarina española</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/rainer-maria-hilke-bailarina-espanola.html" rel="alternate"/><published>2020-12-16T21:48:00+01:00</published><updated>2020-12-16T21:48:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2020-12-16:/rainer-maria-hilke-bailarina-espanola.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Como en la mano una cerilla, blanca,
&lt;br&gt; antes de ser llama, extiende por todos los lados
&lt;br&gt; estremecidas lenguas, así empieza, en un círculo
&lt;br&gt; cercano de espectadores, a ensancharse brusca
&lt;br&gt; su danza redonda, rápida, clara y ardiente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y de repente es toda, toda llama.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Con una mirada enciende su pelo
&lt;br&gt; y …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Como en la mano una cerilla, blanca,
&lt;br&gt; antes de ser llama, extiende por todos los lados
&lt;br&gt; estremecidas lenguas, así empieza, en un círculo
&lt;br&gt; cercano de espectadores, a ensancharse brusca
&lt;br&gt; su danza redonda, rápida, clara y ardiente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y de repente es toda, toda llama.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Con una mirada enciende su pelo
&lt;br&gt; y lanza de golpe con atrevido arte
&lt;br&gt; todo su vestido en aquel incendio,
&lt;br&gt; del que, como serpientes espantadas,
&lt;br&gt; se estiran crepitantes sus brazos, nudos, despiertos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Y después, como si el fuego le fuera poco,
&lt;br&gt; lo reúne otra vez todo y lo arroja,
&lt;br&gt; dominadora, con gesto altanero,
&lt;br&gt; y lo ve: allí, furioso en el suelo,
&lt;br&gt; y llamea todavía y no se rinde.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Pero victoriosa, segura, saludando
&lt;br&gt; con una sonrisa dulce, erguida la cabeza,
&lt;br&gt; lo apaga con sus breves, firmes pies.&lt;/p&gt;</content><category term="Rainer Maria Rilke"/></entry><entry><title>La dama ante el espejo</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/rainer-maria-hilke-la-dama-ante-el-espejo.html" rel="alternate"/><published>2020-10-09T21:45:00+02:00</published><updated>2020-10-09T21:45:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2020-10-09:/rainer-maria-hilke-la-dama-ante-el-espejo.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Como en embriagadora especería
&lt;br&gt; desata sin ruido en la fluidez clara
&lt;br&gt; del espejo sus fatigados gestos;
&lt;br&gt; e introduce allí dentro su sonrisa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Y aguarda hasta que de todo eso ascienda
&lt;br&gt; el líquido; luego vierte el cabello
&lt;br&gt; en el espejo y, alzando los hombros
&lt;br&gt; maravillosos del traje de noche.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; bebe callada …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Como en embriagadora especería
&lt;br&gt; desata sin ruido en la fluidez clara
&lt;br&gt; del espejo sus fatigados gestos;
&lt;br&gt; e introduce allí dentro su sonrisa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Y aguarda hasta que de todo eso ascienda
&lt;br&gt; el líquido; luego vierte el cabello
&lt;br&gt; en el espejo y, alzando los hombros
&lt;br&gt; maravillosos del traje de noche.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; bebe callada de su imagen. Bebe
&lt;br&gt; lo que una amante en éxtasis bebiera,
&lt;br&gt; inquiriendo desconfiada; y hace&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; un guiño a su doncella, si ve luces
&lt;br&gt; sobre el fondo del espejo, roperos,
&lt;br&gt; y lo turbio de una hora trasnochada.&lt;/p&gt;</content><category term="Rainer Maria Rilke"/></entry><entry><title>Mis cartas</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/elizabeth-barret-browning-mis-cartas.html" rel="alternate"/><published>2020-09-29T21:38:00+02:00</published><updated>2020-09-29T21:38:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2020-09-29:/elizabeth-barret-browning-mis-cartas.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¡Mis cartas! Papel muerto... mudo y blanco...
&lt;br&gt; Y no obstante palpitan esta noche
&lt;br&gt; en mis trémulas manos cuando aflojo
&lt;br&gt; la cinta y caen sobre mis rodillas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Ésta decía: Dame tu amistad...
&lt;br&gt; Ésta fijaba un día en primavera
&lt;br&gt; para tocar mi mano... casi nada,
&lt;br&gt; ¡pero cuánto lloré! Ésta... un papel...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; decía …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¡Mis cartas! Papel muerto... mudo y blanco...
&lt;br&gt; Y no obstante palpitan esta noche
&lt;br&gt; en mis trémulas manos cuando aflojo
&lt;br&gt; la cinta y caen sobre mis rodillas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Ésta decía: Dame tu amistad...
&lt;br&gt; Ésta fijaba un día en primavera
&lt;br&gt; para tocar mi mano... casi nada,
&lt;br&gt; ¡pero cuánto lloré! Ésta... un papel...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; decía: Te amo, y yo me estremecí
&lt;br&gt; como si Dios rasgase mi pasado.
&lt;br&gt; Ésta, Soy tuyo... pálida la tinta&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; por estar junto a un pecho tumultuoso.
&lt;br&gt; Y esta última... ¡oh, amor!, no fuese digna
&lt;br&gt; de lo que dices si lo repitiera.&lt;/p&gt;</content><category term="Elizabeth Barret Browning"/></entry><entry><title>RIMA X: Los invisibles átomos del aire</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/becquer-rima-x-los-invisibles-atomos-del-aire.html" rel="alternate"/><published>2020-03-09T21:45:00+01:00</published><updated>2020-03-09T21:45:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2020-03-09:/becquer-rima-x-los-invisibles-atomos-del-aire.html</id><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Los invisibles átomos del aire
&lt;br&gt; en derredor palpitan y se inflaman;
&lt;br&gt; el cielo se deshace en rayos de oro;
&lt;br&gt; la tierra se estremece alborozada;
&lt;br&gt; oigo flotando en olas de armonía
&lt;br&gt; rumor de besos y batir de alas;
&lt;br&gt; mis párpados se cierran... ¿Qué sucede?
&lt;br&gt; ¡Es el amor, que pasa!&lt;/p&gt;</content><category term="Bécquer"/></entry><entry><title>RIMA IX: Besa el aura que gime blandamente</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/becquer-rima-ix-besa-el-aura-que-gime-blandamente.html" rel="alternate"/><published>2020-03-02T21:43:00+01:00</published><updated>2020-03-02T21:43:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2020-03-02:/becquer-rima-ix-besa-el-aura-que-gime-blandamente.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Besa el aura que gime blandamente
&lt;br&gt; las leves ondas que jugando riza;
&lt;br&gt; el sol besa a la nube en occidente
&lt;br&gt; y de púrpura y oro la matiza;
&lt;br&gt; la llama en derredor del tronco ardiente
&lt;br&gt; por besar a otra llama se desliza;
&lt;br&gt; y hasta el sauce, inclinándose a su peso,
&lt;br&gt; al …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Besa el aura que gime blandamente
&lt;br&gt; las leves ondas que jugando riza;
&lt;br&gt; el sol besa a la nube en occidente
&lt;br&gt; y de púrpura y oro la matiza;
&lt;br&gt; la llama en derredor del tronco ardiente
&lt;br&gt; por besar a otra llama se desliza;
&lt;br&gt; y hasta el sauce, inclinándose a su peso,
&lt;br&gt; al río que le besa, vuelve un beso.&lt;/p&gt;</content><category term="Bécquer"/></entry><entry><title>La primera vez que él me besó</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/elizabeth-barret-browning-la-primera-vez-que-el-me-beso.html" rel="alternate"/><published>2020-01-18T10:03:00+01:00</published><updated>2020-01-18T10:03:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2020-01-18:/elizabeth-barret-browning-la-primera-vez-que-el-me-beso.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; La primera vez que él me besó,
&lt;br&gt; Fue sobre estos dedos que ahora escriben;
&lt;br&gt; Y desde entonces han crecido en pura palidez,
&lt;br&gt; Lentos para estrechar otras manos,
&lt;br&gt; Y lascivos para acariciar sus labios
&lt;br&gt; Mientras los ángeles suspiran.
&lt;br&gt; Aquel anillo de amatista
&lt;br&gt; Permanece lejos de mi vista,
&lt;br&gt; Desde que ese primer …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; La primera vez que él me besó,
&lt;br&gt; Fue sobre estos dedos que ahora escriben;
&lt;br&gt; Y desde entonces han crecido en pura palidez,
&lt;br&gt; Lentos para estrechar otras manos,
&lt;br&gt; Y lascivos para acariciar sus labios
&lt;br&gt; Mientras los ángeles suspiran.
&lt;br&gt; Aquel anillo de amatista
&lt;br&gt; Permanece lejos de mi vista,
&lt;br&gt; Desde que ese primer beso
&lt;br&gt; Bendijo su antiguo hogar.
&lt;br&gt; El segundo pasó más alto que su ancestro,
&lt;br&gt; Y buscó la frente, fallando a medias,
&lt;br&gt; Derramándose sobre mis cabellos,
&lt;br&gt; Superando toda recompensa.
&lt;br&gt; Esa fue la cima del dolor,
&lt;br&gt; La corona misma del amor.
&lt;br&gt; Con santificadas dulzuras
&lt;br&gt; Procedió el tercero,
&lt;br&gt; Sobre mis labios, presionándolos
&lt;br&gt; En un púrpura suave, perfecto.
&lt;br&gt; Desde entonces, ciertamente,
&lt;br&gt; He dicho plena y orgullosa:
&lt;br&gt; &lt;em&gt;Mi Amor, sólo mío&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;</content><category term="Elizabeth Barret Browning"/></entry><entry><title>Almas de flores</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/elizabeth-barret-browning-almas-de-flores.html" rel="alternate"/><published>2020-01-10T09:54:00+01:00</published><updated>2020-01-10T09:54:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2020-01-10:/elizabeth-barret-browning-almas-de-flores.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Nos quedamos contigo, rezagadas,
&lt;br&gt; las últimas de aquella muchedumbre,
&lt;br&gt; como voz de quien canta
&lt;br&gt; y sus propias canciones le enamoran.
&lt;br&gt; Somos perfume y alma
&lt;br&gt; de la flor y el capullo.
&lt;br&gt; Tus pensamientos nos llevamos, cuando
&lt;br&gt; nuestro aliento respiras,
&lt;br&gt; hacia los amarantos de esplendores,
&lt;br&gt; que en las colinas arden,
&lt;br&gt; hacia tiernas …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Nos quedamos contigo, rezagadas,
&lt;br&gt; las últimas de aquella muchedumbre,
&lt;br&gt; como voz de quien canta
&lt;br&gt; y sus propias canciones le enamoran.
&lt;br&gt; Somos perfume y alma
&lt;br&gt; de la flor y el capullo.
&lt;br&gt; Tus pensamientos nos llevamos, cuando
&lt;br&gt; nuestro aliento respiras,
&lt;br&gt; hacia los amarantos de esplendores,
&lt;br&gt; que en las colinas arden,
&lt;br&gt; hacia tiernas campanas de los lirios
&lt;br&gt; y grises heliotropos;
&lt;br&gt; hacia llanos cubiertos de amapolas, que guardan
&lt;br&gt; tal aliento de sueño y tal sonrojo,
&lt;br&gt; que, al cruzarlas, los ángeles
&lt;br&gt; habrán de parecerte más blancos todavía;
&lt;br&gt; hacia el sesgo del río, de ajo silvestre orlado,
&lt;br&gt; donde te solazaste un día entero,
&lt;br&gt; hasta que tu sonrisa trocábase en devota
&lt;br&gt; y el rezo florecía;
&lt;br&gt; hacia la rosa oculta en el boscaje,
&lt;br&gt; que vertía sus gotas de rocío en tu sueño;
&lt;br&gt; y hacia aquellos asfódelos floridos
&lt;br&gt; donde tu paso hundiste.
&lt;br&gt; Tiramos de tu ropa
&lt;br&gt; y tu pelo alisamos;
&lt;br&gt; desfallecemos entre nuestras quejas
&lt;br&gt; y sufrimos, perdidas por los aires.&lt;/p&gt;</content><category term="Elizabeth Barret Browning"/></entry><entry><title>El sí de la dama</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/elizabeth-barret-browning-el-si-de-la-dama.html" rel="alternate"/><published>2020-01-02T09:52:00+01:00</published><updated>2020-01-02T09:52:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2020-01-02:/elizabeth-barret-browning-el-si-de-la-dama.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¡Si! Os respondí anoche,
&lt;br&gt; ¡No! Esta mañana, Señor, he dicho.
&lt;br&gt; Los colores, vistos a la luz de las velas,
&lt;br&gt; No brillan igual durante el día.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Cuando los tambores sonaron perfectos,
&lt;br&gt; Las lámparas arriba y las risas abajo,
&lt;br&gt; Ámame sonaba como algo sínico,
&lt;br&gt; Tanto para el Sí como para el No …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¡Si! Os respondí anoche,
&lt;br&gt; ¡No! Esta mañana, Señor, he dicho.
&lt;br&gt; Los colores, vistos a la luz de las velas,
&lt;br&gt; No brillan igual durante el día.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Cuando los tambores sonaron perfectos,
&lt;br&gt; Las lámparas arriba y las risas abajo,
&lt;br&gt; Ámame sonaba como algo sínico,
&lt;br&gt; Tanto para el Sí como para el No.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Llámame falsa, o llámame libre;
&lt;br&gt; Y no importa qué luces brillen,
&lt;br&gt; Ningún hombre verá en tu rostro
&lt;br&gt; La incierta pena de mi inconstancia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Pues el pecado oscila sobre ambos;
&lt;br&gt; (Es tiempo de danzas y no de compromisos,
&lt;br&gt; Y la luz de la promesa destruye la fidelidad)
&lt;br&gt; Abate sobre mí la cobardía que yace en tí.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Aprende a ganar la fe de una Dama;
&lt;br&gt; Noblemente, como las nubes altas,
&lt;br&gt; Valientemente, en la vida y la muerte
&lt;br&gt; Con una noble gravedad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Guíala por el escenario del baile;
&lt;br&gt; Muéstrale con tu mano los cielos estrellados,
&lt;br&gt; Cuídala con palabras delicadas,
&lt;br&gt; Limpias de cortejo, puras en halagos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Por tu Amor ella será fiel;
&lt;br&gt; Siempre fiel, como las damas de antaño;
&lt;br&gt; Y su Sí, cuando sea pronunciado,
&lt;br&gt; Será un Sí para siempre.&lt;/p&gt;</content><category term="Elizabeth Barret Browning"/></entry><entry><title>El amor, por ser amor</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/elizabeth-barret-browning-el-amor-por-ser-amor.html" rel="alternate"/><published>2019-12-27T09:46:00+01:00</published><updated>2019-12-27T09:46:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2019-12-27:/elizabeth-barret-browning-el-amor-por-ser-amor.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Y no obstante el amor por ser amor
&lt;br&gt; es bello. Igual llamea reluciente
&lt;br&gt; un gran templo y la hierba. El mismo fuego
&lt;br&gt; arde quemando el cedro y la cizaña.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Y el amor es un fuego; y cuando digo
&lt;br&gt; te quiero, oh Dios, te quiero, ante tus ojos
&lt;br&gt; me transfiguro en …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Y no obstante el amor por ser amor
&lt;br&gt; es bello. Igual llamea reluciente
&lt;br&gt; un gran templo y la hierba. El mismo fuego
&lt;br&gt; arde quemando el cedro y la cizaña.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Y el amor es un fuego; y cuando digo
&lt;br&gt; te quiero, oh Dios, te quiero, ante tus ojos
&lt;br&gt; me transfiguro en esplendor y siento
&lt;br&gt; mi cara centelleante que deslumbra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; En el amor no puede haber ruindad
&lt;br&gt; aunque amen los más ruines de los seres,
&lt;br&gt; que cuando aman a Dios Él los acepta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Y en la apariencia ruin de lo que soy
&lt;br&gt; refulge el sentimiento y purifica
&lt;br&gt; por ser fruto de amor lo que es de carne.&lt;/p&gt;</content><category term="Elizabeth Barret Browning"/></entry><entry><title>Si has de amarme</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/elizabeth-barret-browning-si-has-de-amarme.html" rel="alternate"/><published>2019-12-05T10:00:00+01:00</published><updated>2019-12-05T10:00:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2019-12-05:/elizabeth-barret-browning-si-has-de-amarme.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; &lt;strong&gt;S&lt;/strong&gt;i has de amarme que sea sólo
&lt;br&gt; por amor de mi amor. No digas nunca
&lt;br&gt; que es por mi aspecto, mi sonrisa, la melodía
&lt;br&gt; de mi voz o por mi dulce carácter
&lt;br&gt; que concuerda contigo o que aquel día
&lt;br&gt; hizo que nos sintiéramos felices...
&lt;br&gt; Porque, amor mío, todas estas …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; &lt;strong&gt;S&lt;/strong&gt;i has de amarme que sea sólo
&lt;br&gt; por amor de mi amor. No digas nunca
&lt;br&gt; que es por mi aspecto, mi sonrisa, la melodía
&lt;br&gt; de mi voz o por mi dulce carácter
&lt;br&gt; que concuerda contigo o que aquel día
&lt;br&gt; hizo que nos sintiéramos felices...
&lt;br&gt; Porque, amor mío, todas estas cosas
&lt;br&gt; pueden cambiar, y hasta el amor se muere.
&lt;br&gt; No me quieras tampoco por las lágrimas
&lt;br&gt; que piadosamente limpias de mi rostro...
&lt;br&gt; ¡Porque puedo olvidarme de llorar
&lt;br&gt; gracias a ti, y así perder tu amor!
&lt;br&gt; Por amor de mi amor quiero que me ames,
&lt;br&gt; para que habite en los cielos, eternamente.&lt;/p&gt;</content><category term="Elizabeth Barret Browning"/></entry><entry><title>Cuando nuestras dos almas</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/elizabeth-barret-browning-cuando-nuestras-dos-almas.html" rel="alternate"/><published>2019-11-28T22:45:00+01:00</published><updated>2019-11-28T22:45:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2019-11-28:/elizabeth-barret-browning-cuando-nuestras-dos-almas.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Cuando nuestras dos almas se alzan firmes,
&lt;br&gt; cara a cara, silenciosas, dibujando intimidades,
&lt;br&gt; hasta que la extensión de nuestras alas se quiebra,
&lt;br&gt; lacerando cada recodo, quemando cada curva.
&lt;br&gt; Entonces ¿qué amargura de la tierra puede opacarnos
&lt;br&gt; sin que en el otro encontremos eterno consuelo?
&lt;br&gt; Piensa que, escalando alto, los ángeles …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Cuando nuestras dos almas se alzan firmes,
&lt;br&gt; cara a cara, silenciosas, dibujando intimidades,
&lt;br&gt; hasta que la extensión de nuestras alas se quiebra,
&lt;br&gt; lacerando cada recodo, quemando cada curva.
&lt;br&gt; Entonces ¿qué amargura de la tierra puede opacarnos
&lt;br&gt; sin que en el otro encontremos eterno consuelo?
&lt;br&gt; Piensa que, escalando alto, los ángeles nos contemplan;
&lt;br&gt; deseando derramar una dorada, una perfecta melodía
&lt;br&gt; sobre nuestro abismal y querido silencio.
&lt;br&gt; Demoremos nuestros pasos por el mundo, amado mío;
&lt;br&gt; huyendo del humor inestable de la humanidad
&lt;br&gt; que aisla cruelmente a los puros espíritus.
&lt;br&gt; Hagamos juntos un sitio donde permanecer de pie,
&lt;br&gt; donde la felicidad de las horas sea amarnos por un día,
&lt;br&gt; rodeados por la Oscuridad como única compañía.&lt;/p&gt;</content><category term="Elizabeth Barret Browning"/></entry><entry><title>Walt Whitman, Poema XXX</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/walt-whitman-poema-xxx.html" rel="alternate"/><published>2019-01-11T20:34:00+01:00</published><updated>2019-01-11T20:34:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2019-01-11:/walt-whitman-poema-xxx.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Todas las cosas tienen su verdad.
&lt;br&gt; Una verdad que no se apresura ni se resiste a salir
&lt;br&gt; No son necesarios los fórceps del cirujano para traerla a la luz.
&lt;br&gt; Lo insignificante es tan grande para mi como lo más grande.
&lt;br&gt; (Y ¿qué es más grande o más pequeño que el …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Todas las cosas tienen su verdad.
&lt;br&gt; Una verdad que no se apresura ni se resiste a salir
&lt;br&gt; No son necesarios los fórceps del cirujano para traerla a la luz.
&lt;br&gt; Lo insignificante es tan grande para mi como lo más grande.
&lt;br&gt; (Y ¿qué es más grande o más pequeño que el tacto?)
&lt;br&gt; Ni la lógica ni los sermones convencen.
&lt;br&gt; La humedad de la noche entra más profunda en mi alma que todas las
  palabras.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(Sólo lo que se prueba en todos los hombres y en todas las mujeres es
verdad, y sólo lo que nadie puede negar existe).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Un minuto y una gota de mi mismo sosiegan mi espíritu.
&lt;br&gt; Creo que la tierra húmeda será un día luz y amor,
&lt;br&gt; que el cuerpo del hombre y de la mujer
&lt;br&gt; son el compendio de todos los compendios,
&lt;br&gt; que el amor que los une es una cumbre y una flor
&lt;br&gt; y que de ese amor omnífico han de multiplicarse hasta el infinito
&lt;br&gt; y hasta que todos y cada uno no sean más que una fuente de alegría
  común.&lt;/p&gt;</content><category term="Walt Whitman"/></entry><entry><title>Yo no soy yo</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/juan-ramon-jimenez-yo-no-soy-yo.html" rel="alternate"/><published>2019-01-07T21:19:00+01:00</published><updated>2019-01-07T21:19:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2019-01-07:/juan-ramon-jimenez-yo-no-soy-yo.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;em&gt;Cuánta pureza en este hermoso y reflexivo poema.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Soy este
&lt;br&gt; que va a mi lado sin yo verlo;
&lt;br&gt; que, a veces, voy a ver,
&lt;br&gt; y que, a veces, olvido.
&lt;br&gt; El que calla, sereno, cuando hablo,
&lt;br&gt; el que perdona, dulce, cuando odio,
&lt;br&gt; el que pasea por donde no estoy,
&lt;br&gt; el que …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;em&gt;Cuánta pureza en este hermoso y reflexivo poema.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Soy este
&lt;br&gt; que va a mi lado sin yo verlo;
&lt;br&gt; que, a veces, voy a ver,
&lt;br&gt; y que, a veces, olvido.
&lt;br&gt; El que calla, sereno, cuando hablo,
&lt;br&gt; el que perdona, dulce, cuando odio,
&lt;br&gt; el que pasea por donde no estoy,
&lt;br&gt; el que quedará en pié cuando yo muera.&lt;/p&gt;</content><category term="Juan Ramón Jiménez"/></entry><entry><title>Estoy triste, y mis ojos no lloran</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/juan-ramon-jimenez-estoy-triste-y-mis-ojos-no-lloran.html" rel="alternate"/><published>2019-01-02T22:50:00+01:00</published><updated>2019-01-02T22:50:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2019-01-02:/juan-ramon-jimenez-estoy-triste-y-mis-ojos-no-lloran.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Estoy triste, y mis ojos no lloran
&lt;br&gt; y no quiero los besos de nadie;
&lt;br&gt; mi mirada serena se pierde
&lt;br&gt; en el fondo callado del parque.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿Para qué he de soñar en amores
&lt;br&gt; si está oscura y lluviosa la tarde
&lt;br&gt; y no vienen suspiros ni aromas
&lt;br&gt; en las rondas tranquilas del …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Estoy triste, y mis ojos no lloran
&lt;br&gt; y no quiero los besos de nadie;
&lt;br&gt; mi mirada serena se pierde
&lt;br&gt; en el fondo callado del parque.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿Para qué he de soñar en amores
&lt;br&gt; si está oscura y lluviosa la tarde
&lt;br&gt; y no vienen suspiros ni aromas
&lt;br&gt; en las rondas tranquilas del aire?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Han sonado las horas dormidas;
&lt;br&gt; está solo el inmenso paisaje;
&lt;br&gt; ya se han ido los lentos rebaños;
&lt;br&gt; flota el humo en los pobres hogares.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Al cerrar mi ventana a la sombra,
&lt;br&gt; una estrena brilló en los cristales;
&lt;br&gt; estoy triste, mis ojos no lloran,
&lt;br&gt; ¡ya no quiero los besos de nadie!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Soñaré con mi infancia: es la hora
&lt;br&gt; de los niños dormidos; mi madre
&lt;br&gt; me mecía en su tibio regazo,
&lt;br&gt; al amor de sus ojos radiantes;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y al vibrar la amorosa campana
&lt;br&gt; de la ermita perdida en el valle,
&lt;br&gt; se entreabrían mis ojos rendidos
&lt;br&gt; al misterio sin luz de la tarde...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Es la esquila; ha sonado. La esquila
&lt;br&gt; ha sonado en la paz de los aires;
&lt;br&gt; sus cadencias dan llanto a estos ojos
&lt;br&gt; que no quieren los besos de nadie.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¡Que mis lágrimas corran! Ya hay flores,
&lt;br&gt; ya hay fragancias y cantos; si alguien
&lt;br&gt; ha soñado en mis besos, que venga
&lt;br&gt; de su plácido ensueño a besarme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Y mis lágrimas corren... No vienen...
&lt;br&gt; ¿Quién irá por el triste paisaje?
&lt;br&gt; Sólo suena en el largo silencio
&lt;br&gt; la campana que tocan los ángeles.&lt;/p&gt;</content><category term="Juan Ramón Jiménez"/></entry><entry><title>Resumen de la Guía práctica del Viaje del Escritor, de Christopher Vogler.</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/guia-practica-del-viaje-del-escritor-christopher-vogler.html" rel="alternate"/><published>2018-11-29T23:11:00+01:00</published><updated>2018-11-29T23:11:00+01:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-11-29:/guia-practica-del-viaje-del-escritor-christopher-vogler.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;em&gt;En la descripción del viaje del héroe podrían haber extraído un mayor y
más hondo conocimiento de su propia vida hallando un modo o una metáfora
de gran utilidad para la percepción de las cosas que nos rodean, incluso
un lenguaje o principio que define sus problemas y sugiere como …&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;em&gt;En la descripción del viaje del héroe podrían haber extraído un mayor y
más hondo conocimiento de su propia vida hallando un modo o una metáfora
de gran utilidad para la percepción de las cosas que nos rodean, incluso
un lenguaje o principio que define sus problemas y sugiere como
resolverlos. Reconocen sus problemas en el calvario que padecen los
héroes míticos y literarios, y obtienen sosiego de las historias, que
les proporcionan abundantes estrategias (cuya eficacia muestra el paso
del tiempo) para la supervivencia, ejecución del éxito y la dicha.
Examinemos este resumen esquemático de la Guía Práctica.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Primer acto: La partida, la separación&lt;/h2&gt;
&lt;h3&gt;1. El mundo ordinario&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;La mayoría de las historias sacan al héroe de su mundo ordinario para
situarlo en uno especial y nuevo, cómo pez fuera del agua.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para mostrar a este pez fuera del agua, en primer lugar deberá mostrarlo
en su mundo ordinario a fin de crear contraste con el mundo nuevo y
extraño en el que está a punto introducirse.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Luke Skywalker está aburrido con su rutina de granjero&lt;/strong&gt; antes de
partir hacia su particular abordaje del Universo. &lt;strong&gt;Dorita, del Mago de
Oz, muestra primero la vida monótona y gris lleva en Kansas.&lt;/strong&gt; En
Oficial y Caballero se esboza un vívido contraste el mundo ordinario de
héroe -un jovenzuelo de la Marina con un padre borracho que va las
prostitutas- y el mundo pulido y pulcro de la escuela de élite de la
Marina.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;2. La llamada de la aventura&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El héroe se enfrenta a un problema, un desafío aventura que debe
superar. &lt;strong&gt;Una vez planteada la llamada de la aventura el protagonista
no podrá permanecer ya en la tranquilidad de su mundo ordinario&lt;/strong&gt;. En la
Guerra de las Galaxias el mensaje holográfico de la princesa Leia a Obi
hace que Luke se una a la búsqueda. El malvado Darth Vader ha
secuestrado a Leia, cómo ocurrió con la diosa de la primavera,
Perséfone, que fue raptada por Plutón, señor de los muertos, y conducida
al reino subterráneo y triste de los infiernos, así pues, su rescate
será de mayor importancia para la restauración del equilibrio normal del
universo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En una historia detectives, es cuando el investigador acepta el caso.
Debería deshacer entuertos, así como resolver crímenes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; A veces es un asunto de maldad que requiere reparación o venganza,
  como Edmundo Dantés en El Conde de Montecristo.
&lt;br&gt; En una comedia romántica es el primer encuentro con alguien muy
  especial, con quién se discute, pero al que también se busca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;La llamada de la aventura establece las reglas del juego y define el
objetivo del héroe&lt;/strong&gt;: hacerse con un tesoro o con el amante, obtener
venganza o enderezar las cosas, alcanzar un sueño, enfrentarse y superar
un reto o cambiar una vida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Lo que está en juego se expresa en forma de una pregunta.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; -¿Regresará a casa E.T.?
&lt;br&gt; -¿Podrá Luke Skywalker rescatar a Leia y derrotar al siniestro Darth
  Vader?
&lt;br&gt; -En oficial y caballero, ¿se ganará el derecho a ser considerado un
  oficial caballero o acabará expulsado de la escuela por su propio
  egoísmo y el feroz instructor militar?
&lt;br&gt; -Chico conoce a chica pero... ¿conseguirá el chico a la chica?&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;3. El rechazo de la llamada&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Es una cuestión que tiene mucho que ver con el miedo, el héroe se
muestra remiso a cruzar el umbral de la aventura. Después de todo se
enfrenta al mayor de los temores: el miedo a lo desconocido. Y aún puede
echarse atrás. Será necesaria una influencia externa, un cambio, una
ofensa un encuentro con el mentor para que supere el miedo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la Guerra de las Galaxias, Luke vuelve a la granja de sus tíos tras
haber rechazado la llamada a la aventura. Pero en la granja descubre que
las tropas del Imperio han cercenado sus vidas.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;4. El mentor, el anciano o anciana sabios. (La ayuda sobrenatural)&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Es un personaje como el mago Merlín en su relación con el héroe. La
  relación que se establece equivale a la que se forja entre padre e
  hijo, maestro y alumno, doctor y paciente, dios y hombre.
&lt;br&gt; El mentor puede adoptar la forma de un anciano sabio (la Guerra de las
  Galaxias), un duro sargento instructor (Oficial y Caballero) o un
  antiguo entrenador de boxeo (Rocky). El mentor prepara al héroe para
  el viaje. Obi Wan le entrega a Luke la espada de su padre que
  necesitara para batallar contra el lado oscuro. en el Mago de Oz la
  bruja buena guía a Dorita y le entrega los zapatos rojos que al final
  la llevarán a su casa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, &lt;strong&gt;el mentor no podrá acompañar al héroe hasta el final del
viaje, quién en el desenlace se enfrentará solo a lo desconocido.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;5. La travesía del primer umbral. (El vientre de la ballena)&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Cuando el héroe acepta la aventura y penetra por primera vez el mundo
especial de la historia, lo hace como resultado de atravesar el primer
umbral. En este momento empiezan a sucederse las aventuras. El globo
asciende, el buque zarpa, empieza el romance, la nave espacial remonta
su vuelo o el tren inicia la marcha.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Ahora está totalmente comprometido con el viaje y no puede dar marcha
atrás,&lt;/strong&gt; este es el instante en que Dorita inicia su periplo por el
camino de baldosas amarillas. O el Super Detective de Hollywood desafía
la orden de su jefe y abandona su mundo ordinario de las calles de
Detroit, para investigar el asesinato de su amigo en el nuevo escenario
de Beverly Hills.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Segundo acto: el descenso, la iniciación, la penetración&lt;/h2&gt;
&lt;h3&gt;6. Las pruebas, los aliados, los enemigos&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Una vez traspasado el primer umbral, el héroe encuentra a su paso
  nuevos retos y pruebas, hallando en su camino aliados y enemigos, y
  poco a poco asimila las normas que rigen ese mundo especial.
&lt;br&gt; Muchas de estas escenas transcurren en salones y bares. En Casablanca,
  el café de Rick es donde se forjan las enemistades y las alianzas,
  dónde se pone a prueba la estatura moral del héroe.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la cantina de la Guerra de las Galaxias Luke averigua como Solo
maneja una situación comprometida y descubre que Obi Wan es un mago
guerrero muy poderoso. Ni que decir tiene no todas las pruebas, aliados
amistades suceden en los bares. En el Mago de Oz, son simples encuentros
en el camino de baldosas amarillas. Dorita recluta a sus compañeros y
superan una serie de pruebas, cómo liberar al espantapájaros, engrasar
al hombre de hojalata y ayudar al León Cobarde a que venza sus miedos.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;7. La aproximación a la caverna más profunda&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Y en última instancia, el héroe se aproxima al lugar que encierra el
  máximo peligro, que a menudo se encuentra bajo tierra, dónde se
  esconde el objeto de su búsqueda. Suele tratarse del cuartel general
  del mayor enemigo del héroe, el enclave más peligroso del mundo
  especial, &lt;strong&gt;su caverna más profunda&lt;/strong&gt;. &lt;strong&gt;Cuando el protagonista
  penetra en el lugar de sus temores, cruzara el segundo umbral.&lt;/strong&gt; Los
  héroes suelen detenerse a sus puertas en preparación para lo que se
  cierne sobre ellos, para planear su estrategia y burlar a los guardias
  del villano. Esta fase se denomina la &lt;strong&gt;aproximación o el
  acercamiento.&lt;/strong&gt;
&lt;br&gt; En la mitología, la caverna más profunda puede adoptar la forma del
  reino de los muertos, o Hades. Puede que el héroe tenga que descender
  a los infiernos para rescatar a su amada (Orfeo), internarse en una
  gruta donde luchará con un ladrón y alcanzará un tesoro, o en un
  laberinto para enfrentarse a un monstruo.
&lt;br&gt; En la Guerra de las Galaxias la aproximación a la caverna más profunda
  surge cuando Luke Skywalker y sus camaradas son arrastrados hasta la
  Estrella de la Muerte dónde se encontrará cara a cara con Darth Vader
  y liberaran la princesa Leia.
&lt;br&gt; En el Mago de Oz, Dorita es secuestrada y llevada al castillo
  siniestro de la bruja malvada, y sus compañeros se verán obligados a
  introducirse en él para salvarla.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;8. El calvario (la odisea)&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Es hora de que el héroe se enfrente con quien más teme. Va hacia una
muerte posible y da inicio a la batalla con la fuerza más hostil.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La odisea, este calvario, constituye un \"momento negro\" para la
audiencia que es mantenida en tensión sin saber si el protagonista
fenecerá o sobrevivirá a semejante trance. El héroe, como Jonás, está en
el vientre de la bestia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En E.T., el adorable extraterrestre parece morir en la mesa de
operaciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el Mago de Oz, Dorita y sus amigos son retenidos por la bruja malvada
y todo indica que no hay salida posible. En Oficial y Caballero, Zack
Mayo sufre un calvario cuando su instructor de la marina lo atormenta y
lo humilla para que abandone el programa. Es un momento de alta tensión
psicológica, una cuestión de vida o muerte, dado que si abandona, sus
opciones de convertirse en Oficial y Caballero se habrán esfumado.
Sobrevive a esta odisea negándose a abandonar y el sufrimiento lo
cambia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Se trata de un momento crítico en la historia, una odisea en la que el
héroe debe morir, o parecer morir, para que pueda renacer.&lt;/strong&gt; Constituye
una fuente de gran trascendencia, pues de ella mana la magia del mito
heroico. Las experiencias previas han inducido nuestra total
identificación con el héroe y su destino. Lo que le sucede a nuestro
héroe nos sucede a nosotros. Sus desventuras son nuestras desventuras.
De modo que nos sentimos animados a experimentar con él ese lance de
vida o muerte. &lt;strong&gt;Nuestras emociones quedan temporalmente suspendidas
para que podamos revivirlas cuando regrese de la muerte.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El resultado de este renacimiento es que nos invade un inconmensurable
sentimiento de regocijo y euforia sin igual.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En los ritos de iniciación que certifican el ingreso en hermandades y
sociedades secretas, el iniciado es obligado a probarse frente a la
muerte en el decurso de una experiencia terrible y &lt;strong&gt;luego se le permite
experimentar la resurrección cuando renace siendo ya un nuevo miembro
del grupo&lt;/strong&gt;. Por consiguiente, el héroe de cualquier historia es un
iniciado al que le sin revelados los misterios de la vida y de la
muerte. Cada historia precisa de un momento crítico y decisivo en el que
el héroe o sus propósitos, corren un serio peligro de muerte.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;9. La recompensa (La bendición final)&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Habiendo vencido a la muerte o matado al dragón, el héroe y la audiencia
tienen motivos para el festejo. &lt;strong&gt;El héroe toma posesión del tesoro más
preciado y obtiene al final su recompensa.&lt;/strong&gt; Ésta podría ser un arma
singular, como una espada mágica, o un símbolo como el Grial o algún
elixir capaz de aliviar los males de la tierra herida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En algunas ocasiones la \"espada\" no es sino el conocimiento o la
experiencia que posibilita un mayor entendimiento de las fuerzas
maléficas y la reconciliación con ellas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la Guerra de las Galaxias, Luke rescata a la princesa Leia y se hace
con los planos de la Estrella de la Muerte, fundamentales para derrotar
a Darth Vader.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dorita se fuga del castillo de la bruja malvada con el palo de su escoba
y las zapatillas de color rubí, esenciales para su regreso a casa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este momento el héroe puede resolver un conflicto con uno de sus
progenitores. En el Retorno de Jedi, Luke se reconcilia con Darth Vader,
quien resulta ser su padre y a la postre no es un personaje tan malvado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El héroe puede así mismo  reconciliarse con el sexo opuesto, como suele
ocurrir en las comedias románticas. En mchas de estas historias el ser
amado es el tesoro que el héroe pretende ganarse o rescatar y a menudo
se plantea una escena amorosa con la que se plantea su victoria..&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El héroe puede incrementar su atractivo tras haber superado el calvario.
Con tesón y constancia se ha ganado el título de \"héroe\" tras haber
corrido un riesgo extremo por el bien de la comunidad.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Tercer acto: el regreso&lt;/h2&gt;
&lt;h3&gt;10. El camino de regreso&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Pero nuestro héroe no ha salido aún de la floresta. Estamos a las
puertas del tercer acto, y el protagonista empieza a vivir las
consecuencias de su enfrentamiento con las fuerzas del mal, que supuso
su particular odisea, o calvario.  Si todavía no ha alcanzado la
reconciliación con su progenitor, con los dioses o las fuerzas hostiles,
podrían enfurecerse y volverse en contra suya.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Algunas de las mejores escenas de persecución se inician en este
momento, cuando el héroe debe huir e iniciar el camino de regreso,
perseguido por las fuerzas vengativas que ha importunado al apoderarse
de la espada, el elixir o el tesoro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Así, Luke y Leia huyen y Darth Vader furioso los persigue en la Estrella
de la Muerte. El héroe cae en la cuenta de que es necesario dejar atrás
el mundo especial, aunque todavía le aguardan otros peligros,
tentaciones y pruebas.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;11. La resurrección. (Señor de ambos mundos)&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;En tiempos pretéritos, los cazadores y los guerreros debían ser
purificados antes de regresar a sus comunidades de origen porque tenían
las manos manchadas de sangre. Aquel héroe que se ha adentrado en el
reino de los muertos tendrá que renacer y purificarse por medio de un
último calvario y muerte y &lt;strong&gt;resurrección&lt;/strong&gt; antes de iniciar su retorno
al mundo ordinario de los vivos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estamos ante un segundo lance a vida o muerte, poco menos que una
repetición de la muerte y el renacimiento que caracteriza la odisea, o
el calvario. La oscuridad y la muerte por fin se funden en un postrero y
desesperado envite que precede a su derrota definitiva. Es una suerte de
examen final para el héroe, que deberá superar, una vez más para
refrendar las lecciones aprendidas en el transcurso de la odisea. Estos
momentos de muerte y renacimiento transforman al héroe, tanto que
regresa a su vida ordinaria anterior convertido en un nuevo ser con
nuevas miras.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La trilogía de la Guerra de las Galaxias juega con esta premisa
constantemente con la escena de una batalla final en la que Luke casi
pierde la vida y luego sobrevive milagrosamente. Con cada odisea el
héroe adquiere un mayor conocimiento y dominio de la Fuerza. Podemos
afirmar que la experiencia lo ha transformado en un ser nuevo.&lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;12. El retorno con el elixir&lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El héroe regresa al mundo ordinario, mas su viaje carecerá de sentido a
menos que vuelva a casa con algún elixir, tesoro o enseñanza desde el
mundo especial.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El elixir es una poción mágica con capacidad sanativa. Podría tratarse
de un gran tesoro, como el Grial, capaz de sanar la tierra herido, o
sencillamente consiste en un conocimiento o experiencia que algún día
podría revelarse útil para la humanidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dorita regresa a casa sabiéndose amada y con la experiencia de que \"no
hay mejor lugar que el propio hogar\". E.T. retorna a casa habiendo
experimentado el amor de los humanos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A veces el elixir es un tesoro ganado a pulso tras la búsqueda, puede
ser el amor, la libertad, la sabiduría o el conocimiento de que ese
mundo especial existe y no implica necesariamente la muerte. A menos que
se regrese de la odisea de la caverna más profunda con algún \"trofeo\",
el héroe estará condenado a revivir la aventura.&lt;/p&gt;
&lt;h2&gt;Recapitulando lo dicho&lt;/h2&gt;
&lt;ol&gt;
&lt;li&gt;Los héroes se nos presentan en el &lt;strong&gt;MUNDO ORDINARIO&lt;/strong&gt; donde&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;reciben la &lt;strong&gt;LLAMADA DE LA AVENTURA&lt;/strong&gt;&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Inicialmente se muestran &lt;strong&gt;RETICENTES&lt;/strong&gt; o bien &lt;strong&gt;RECHAZAN LA
    LLAMADA&lt;/strong&gt; pero&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;un &lt;strong&gt;MENTOR&lt;/strong&gt; los anima a&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;CRUZAR EL PRIMER UMBRAL&lt;/strong&gt; e &lt;strong&gt;internarse en el mundo especial&lt;/strong&gt;
    done&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;encontrarán &lt;strong&gt;PRUEBAS, ALIADOS Y ENEMIGOS&lt;/strong&gt;.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Se &lt;strong&gt;APROXIMAN A LA CAVERNA MAS PROFUNDA&lt;/strong&gt; atravesando un &lt;strong&gt;SEGUNDO
    UMBRAL&lt;/strong&gt;&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;donde empieza su &lt;strong&gt;ODISEA&lt;/strong&gt; o &lt;strong&gt;CALVARIO&lt;/strong&gt;.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Se apoderarán de su &lt;strong&gt;RECOMPENSA&lt;/strong&gt; y&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;serán perseguidos en el &lt;strong&gt;CAMINO DE REGRESO&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;al mundo
    ordinario&lt;/strong&gt;.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;Cruzan un &lt;strong&gt;TERCER UMBRAL&lt;/strong&gt;, experimentan una &lt;strong&gt;RESURRECCION&lt;/strong&gt; y
    esta vivencia los transforma.&lt;/li&gt;
&lt;li&gt;&lt;strong&gt;RETORNAN CON EL ELIXIR&lt;/strong&gt;, una bendición o tesoro del que se
    beneficiará en el mundo ordinario.&lt;/li&gt;
&lt;/ol&gt;
&lt;hr&gt;
&lt;p&gt;Los héroes modernos pueden no adentrarse en laberintos y cavernas para
enfrentarse a bestias míticas, pero sí que se internan en un mundo
especial y en una caverna profunda cuando parten hacia espacio exterior,
al fondo del mar, cuando deambulan en los bajos fondos de una metrópoli
moderna o exploran el interior de sus corazones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El viaje del héroe crece y madura en la medida en que se experimenta y
se explotan los límites de la estructura. Con sólo introducir
variaciones en el sexo y las edades relativas a los arquetipos, se gana
interés, y ello favorece la creación de estructuras más complejas y
nuevos entornos en los que percibir e interpretar a los personajes. Las
figuras básicas pueden combinarse, o cada una de ellas pueden dividirse
en varios personajes, a fin de revelar diversos aspectos de una misma
idea.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El viaje del héroe es infinitamente flexible, permite multiples
variaciones sin sacrificar por ello su magia y nos sobrevivirá a todos.&lt;/p&gt;</content><category term="PARA ESCRITORES"/></entry><entry><title>EL PEATON</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/ray-bradbury-el-peaton.html" rel="alternate"/><published>2018-06-29T17:45:00+02:00</published><updated>2018-06-29T17:45:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-06-29:/ray-bradbury-el-peaton.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;em&gt;Ray Bradbury nos cuenta que tenía la costumbre de salir a pasear de
noche cuando un coche de policía se detuvo para interrogarle y esto dio
pie a que escribiera \"El peatón\". La historia fue escrita en 1951 y
sorprende con cuánto acierto Bradbury predijo ciertas cosas que vemos en …&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;em&gt;Ray Bradbury nos cuenta que tenía la costumbre de salir a pasear de
noche cuando un coche de policía se detuvo para interrogarle y esto dio
pie a que escribiera \"El peatón\". La historia fue escrita en 1951 y
sorprende con cuánto acierto Bradbury predijo ciertas cosas que vemos en nuestra sociedad actual, como los coches sin conductor y la vida de la gente recluida en casa sin salir a respirar el aire exterior y
contemplando la realidad interpretada por las pantallas de televisión.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;EL PEATÓN - RAY BRADBURY&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Entrar en aquel silencio que era la ciudad a las ocho de una brumosa  noche de noviembre, pisar la acera de cemento y las grietas
  alquitranadas, y caminar, con las manos en los bolsillos, a través de
  los silencios, nada le gustaba más al señor Leonard Mead. Se detenía
  en una bocacalle, y miraba a lo largo de las avenidas iluminadas por
  la luna, en las cuatro direcciones, decidiendo qué camino tomar. Pero
  realmente no importaba, pues estaba solo en aquel mundo del año 2052,
  o era como si estuviese solo. Y una vez que se decidía, caminaba otra
  vez, lanzando ante él formas de aire frío, como humo de cigarro.
&lt;br&gt; A veces caminaba durante horas y kilómetros y volvía a su casa a
  medianoche. Y pasaba ante casas de ventanas oscuras y parecía como si
  pasease por un cementerio; sólo unos débiles resplandores de luz
  de luciérnaga brillaban a veces tras las ventanas. Unos repentinos
  fantasmas grises parecían manifestarse en las paredes interiores de un
  cuarto, donde aún no habían cerrado las cortinas a la noche. O se oían
  unos murmullos y susurros en un edificio sepulcral donde aún no habían
  cerrado una ventana.
&lt;br&gt; El señor Leonard Mead se detenía, estiraba la cabeza, escuchaba,
  miraba, y seguía caminando, sin que sus pisadas resonaran en la acera.
  Durante un tiempo había pensado ponerse unos botines para pasear
  de noche, pues entonces los perros, en intermitentes jaurías,
  acompañarían su paseo con ladridos al oír el ruido de los tacos, y se
  encenderían luces y aparecerían caras, y toda una calle se
  sobresaltaría ante el paso de la solitaria figura, él mismo, en las
  primeras horas de una noche de noviembre.
&lt;br&gt; En esta noche particular, el señor Mead inició su paseo caminando
  hacia el oeste, hacia el mar oculto. Había una agradable escarcha
  cristalina en el aire, que le lastimaba la nariz, y sus pulmones eran
  como un árbol de Navidad. Podía sentir la luz fría que entraba y
  salía, y todas las ramas cubiertas de nieve invisible. El señor Mead
  escuchaba satisfecho el débil susurro de sus zapatos blandos en las
  hojas otoñales, y silbaba quedamente una fría canción entre dientes,
  recogiendo ocasionalmente una hoja al pasar, examinando el esqueleto
  de su estructura en los raros faroles, oliendo su herrumbrado olor.
&lt;br&gt; ---Hola, los de adentro ---les murmuraba a todas las casas, de todas
  las aceras---. ¿Qué hay esta noche en el canal cuatro, el canal siete,
  el canal nueve? ¿Por dónde corren los cowboys ? ¿No viene ya
  la caballería de los Estados Unidos por aquella loma?
&lt;br&gt; La calle era silenciosa y larga y desierta, y sólo su sombra se movía,
  como la sombra de un halcón en el campo. Si cerraba los ojos y se
  quedaba muy quieto, inmóvil, podía imaginarse en el centro de una
  llanura, un desierto de Arizona, invernal y sin vientos, sin ninguna
  casa en mil kilómetros a la redonda, sin otra compañía que los cauces
  secos de los ríos, las calles.
&lt;br&gt; ---¿Qué pasa ahora? ---les preguntó a las casas, mirando su reloj de
  pulsera---. Las ocho y media. ¿Hora de una docena de variados
  crímenes? ¿Un programa de adivinanzas? ¿Una revista política?
  ¿Un comediante que se cae del escenario?
&lt;br&gt; ¿Era un murmullo de risas el que venía desde aquella casa a la luz de
  la luna? El señor Mead titubeó, y siguió su camino. No se oía nada
  más. Trastabilló en un saliente de la acera. El cemento desaparecía
  ya bajo las hierbas y las flores. Luego de diez años de caminatas, de
  noche y de día, en miles de kilómetros, nunca había encontrado a otra
  persona que se paseara como él.
&lt;br&gt; Llegó a una parte cubierta de tréboles donde dos carreteras cruzaban
  la ciudad. Durante el día se sucedían allí tronadoras oleadas de
  autos, con un gran susurro de insectos. Los coches escarabajos
  corrían hacia lejanas metas tratando de pasarse unos a otros,
  exhalando un incienso débil. Pero ahora estas carreteras eran como
  arroyos en una seca estación, sólo piedras y luz de luna.
&lt;br&gt; Leonard Mead dobló por una calle lateral hacia su casa. Estaba a una
  manzana de su destino cuando un coche solitario apareció de pronto en
  una esquina y lanzó sobre él un brillante cono de luz blanca.
  Leonard Mead se quedó paralizado, casi como una polilla nocturna,
  atontado por la luz.
&lt;br&gt; Una voz metálica llamó:
&lt;br&gt; ---Quieto. ¡Quédese ahí! ¡No se mueva!
&lt;br&gt; Mead se detuvo.
&lt;br&gt; ---¡Arriba las manos!
&lt;br&gt; ---Pero... ---dijo Mead.
&lt;br&gt; ---¡Arriba las manos, o dispararemos!
&lt;br&gt; La policía, por supuesto, pero qué cosa rara e increíble; en una
  ciudad de tres millones de habitantes sólo había un coche de policía.
  ¿No era así? Un año antes, en 2052, el año de la elección, las
  fuerzas policiales habían sido reducidas de tres coches a uno. El
  crimen disminuía cada vez más; no había necesidad de policía, salvo
  este coche solitario que iba y venía por las calles desiertas.
&lt;br&gt; ---¿Su nombre? ---dijo el coche de policía con un susurro
  metálico. Mead, con la luz del reflector en sus ojos, no podía ver a
  los hombres.
&lt;br&gt; ---Leonard Mead ---dijo.
&lt;br&gt; ---¡Más alto!
&lt;br&gt; ---¡Leonard Mead!
&lt;br&gt; ---¿Ocupación o profesión?
&lt;br&gt; ---Imagino que ustedes me llamarían un escritor.
&lt;br&gt; ---Sin profesión ---dijo el coche de policía como si se hablara a sí
  mismo.
&lt;br&gt; La luz inmovilizaba al señor Mead, como una pieza de museo atravesada
  por una aguja.
&lt;br&gt; ---Sí, puede ser así ---dijo.
&lt;br&gt; No escribía desde hacía años. Ya no vendían libros ni revistas. Todo
  ocurría ahora en casa como tumbas, pensó, continuando sus fantasías.
  Las tumbas, mal iluminadas por la luz de la televisión, donde la gente
  estaba como muerta, con una luz multicolor que les rozaba la cara,
  pero que nunca los tocaba realmente.
&lt;br&gt; ---Sin profesión ---dijo la voz de fonógrafo, siseando---. ¿Qué estaba
  haciendo afuera?
&lt;br&gt; ---Caminando ---dijo Leonard Mead.
&lt;br&gt; ---¡Caminando!
&lt;br&gt; ---Sólo caminando ---dijo Mead simplemente, pero sintiendo un frío en
  la cara.
&lt;br&gt; ---¿Caminando, sólo caminando, caminando?
&lt;br&gt; ---Sí, señor.
&lt;br&gt; ---¿Caminando hacia dónde? ¿Para qué?
&lt;br&gt; ---Caminando para tomar aire. Caminando para ver.
&lt;br&gt; ---¡Su dirección!
&lt;br&gt; ---Calle Saint James, once, sur.
&lt;br&gt; ---¿Hay aire en su casa, tiene usted acondicionador de aire,
  señor Mead?
&lt;br&gt; ---Sí.
&lt;br&gt; ---¿Y tiene usted televisor?
&lt;br&gt; ---No.
&lt;br&gt; ---¿No?
&lt;br&gt; Se oyó un suave crujido que era en sí mismo una acusación.
&lt;br&gt; ---¿Es usted casado, señor Mead?
&lt;br&gt; ---No.
&lt;br&gt; ---No es casado ---dijo la voz de la policía detrás del rayo
  brillante. La luna estaba alta y brillaba entre las estrellas, y las
  casas eran grises y silenciosas.
&lt;br&gt; ---Nadie me quiere ---dijo Leonard Mead con una sonrisa.
&lt;br&gt; ---¡No hable si no le preguntan!
&lt;br&gt; Leonard Mead esperó en la noche fría.
&lt;br&gt; ---¿Sólo caminando, señor Mead?
&lt;br&gt; ---Sí.
&lt;br&gt; ---Pero no ha dicho para qué.
&lt;br&gt; ---Lo he dicho; para tomar aire, y ver, y caminar simplemente.
&lt;br&gt; ---¿Ha hecho esto a menudo?
&lt;br&gt; ---Todas las noches durante años.
&lt;br&gt; El coche de policía estaba en el centro de la calle, con su garganta
  de radio que zumbaba débilmente.
&lt;br&gt; ---Bueno, señor Mead ---dijo el coche.
&lt;br&gt; ---¿Eso es todo? ---preguntó Mead cortésmente.
&lt;br&gt; ---Sí ---dijo la voz---. Acérquese. ---Se oyó un suspiro, un
  chasquido. La portezuela trasera del coche se abrió de par en par---.
  Entre.
&lt;br&gt; ---Un minuto. ¡No he hecho nada!
&lt;br&gt; ---Entre.
&lt;br&gt; ---¡Protesto!
&lt;br&gt; ---Señor Mead...
&lt;br&gt; Mead entró como un hombre que de pronto se sintiera borracho. Cuando
  pasó junto a la ventanilla delantera del coche, miró adentro. Tal como
  esperaba, no había nadie en el asiento delantero, nadie en el coche.
&lt;br&gt; ---Entre.
&lt;br&gt; Mead se apoyó en la portezuela y miró el asiento trasero, que era un
  pequeño calabozo, una cárcel en miniatura con barrotes. Olía a
  antiséptico; olía a demasiado limpio y duro y metálico. No había allí
  nada blando.
&lt;br&gt; ---Si tuviera una esposa que le sirviera de coartada... ---dijo la
  voz de hierro---. Pero...
&lt;br&gt; ---¿Hacia dónde me llevan?
&lt;br&gt; El coche titubeó, dejó oír un débil y chirriante zumbido, como si en
  alguna parte algo estuviese informando, dejando caer tarjetas
  perforadas bajo ojos eléctricos.
&lt;br&gt; ---Al Centro Psiquiátrico de Investigación de Tendencias Regresivas.
&lt;br&gt; Mead entró. La puerta se cerró con un golpe blando. El coche policía
  rodó por las avenidas nocturnas, lanzando adelante sus débiles luces.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Pasaron ante una casa en una calle un momento después. Una casa más en
  una ciudad de casas oscuras. Pero en todas las ventanas de esta casa
  había una resplandeciente claridad amarilla, rectangular y cálida en
  la fría oscuridad.
&lt;br&gt; ---Mi casa ---dijo Leonard Mead.
&lt;br&gt; Nadie le respondió.
&lt;br&gt; El coche corrió por los cauces secos de las calles, alejándose,
  dejando atrás las calles desiertas con las aceras desiertas, sin
  escucharse ningún otro sonido, ni hubo ningún otro movimiento en todo
  el resto de la helada noche de noviembre.&lt;/p&gt;</content><category term="RELATOS CORTOS"/></entry><entry><title>Ráfagas</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/hans-magnus-enzensberger-rafagas.html" rel="alternate"/><published>2018-06-25T20:51:00+02:00</published><updated>2018-06-25T20:51:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-06-25:/hans-magnus-enzensberger-rafagas.html</id><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; hay palabras
&lt;br&gt; ligeras
&lt;br&gt; como semillas de álamo&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; se levantan
&lt;br&gt; llevadas por el viento
&lt;br&gt; y vuelven a caer&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; difícil agarrarlas
&lt;br&gt; porque se van muy lejos
&lt;br&gt; como semillas de álamo&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; hay palabras
&lt;br&gt; que más tarde quizás
&lt;br&gt; removerán la tierra&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; proyectarán tal vez alguna sombra
&lt;br&gt; una sombra delgada
&lt;br&gt; o tal vez no&lt;/p&gt;</content><category term="Hans Magnus Enzensberger"/></entry><entry><title>Rima VII: Del salón en el ángulo oscuro</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/becquer-rima-vii-del-salon-en-el-angulo-oscuro.html" rel="alternate"/><published>2018-06-02T21:19:00+02:00</published><updated>2018-06-02T21:19:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-06-02:/becquer-rima-vii-del-salon-en-el-angulo-oscuro.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Del salón en el ángulo oscuro,
&lt;br&gt; de su dueño tal vez olvidada,
&lt;br&gt; silenciosa y cubierta de polvo
&lt;br&gt; veíase el arpa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
&lt;br&gt; como el pájaro duerme en las ramas,
&lt;br&gt; esperando la mano de nieve
&lt;br&gt; que sabe arrancarlas!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¡Ay! -pensé-. ¡Cuántas veces el genio
&lt;br&gt; así duerme en …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Del salón en el ángulo oscuro,
&lt;br&gt; de su dueño tal vez olvidada,
&lt;br&gt; silenciosa y cubierta de polvo
&lt;br&gt; veíase el arpa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
&lt;br&gt; como el pájaro duerme en las ramas,
&lt;br&gt; esperando la mano de nieve
&lt;br&gt; que sabe arrancarlas!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¡Ay! -pensé-. ¡Cuántas veces el genio
&lt;br&gt; así duerme en el fondo del alma,
&lt;br&gt; y una voz, como Lázaro, espera
&lt;br&gt; que le diga: «Levántate y anda!»&lt;/p&gt;</content><category term="Bécquer"/></entry><entry><title>Rima IV No digáis que agotado su tesoro</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/becquer-rima-iv-no-digais-que-agotado-su-tesoro.html" rel="alternate"/><published>2018-05-10T20:30:00+02:00</published><updated>2018-05-10T20:30:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-05-10:/becquer-rima-iv-no-digais-que-agotado-su-tesoro.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; No digáis que agotado su tesoro,
&lt;br&gt; de asuntos falta, enmudeció la lira;
&lt;br&gt; podrá no haber poetas; pero siempre
&lt;br&gt; habrá poesía.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Mientras las ondas de la luz al beso
&lt;br&gt; palpiten encendidas;
&lt;br&gt; mientras el sol las desgarradas nubes
&lt;br&gt; de fuego y oro vista;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; mientras el aire en su regazo lleve
&lt;br&gt; perfumes y …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; No digáis que agotado su tesoro,
&lt;br&gt; de asuntos falta, enmudeció la lira;
&lt;br&gt; podrá no haber poetas; pero siempre
&lt;br&gt; habrá poesía.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Mientras las ondas de la luz al beso
&lt;br&gt; palpiten encendidas;
&lt;br&gt; mientras el sol las desgarradas nubes
&lt;br&gt; de fuego y oro vista;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; mientras el aire en su regazo lleve
&lt;br&gt; perfumes y armonías;
&lt;br&gt; mientras haya en el mundo primavera,
&lt;br&gt; ¡habrá poesía!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Mientras la ciencia a descubrir no alcance
&lt;br&gt; las fuentes de la vida,
&lt;br&gt; y en el mar o en el cielo haya un abismo
&lt;br&gt; que al cálculo resista;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; mientras la humanidad, siempre avanzando
&lt;br&gt; no sepa a do camina;
&lt;br&gt; mientras haya un misterio para el hombre,
&lt;br&gt; ¡habrá poesía!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Mientras sintamos que se alegra el alma,
&lt;br&gt; sin que los labios rían;
&lt;br&gt; mientras se llore sin que el llanto acuda
&lt;br&gt; a nublar la pupila;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; mientras el corazón y la cabeza
&lt;br&gt; batallando prosigan;
&lt;br&gt; mientras haya esperanzas y recuerdos,
&lt;br&gt; ¡habrá poesía!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Mientras haya unos ojos que reflejen
&lt;br&gt; los ojos que los miran;
&lt;br&gt; mientras responda el labio suspirando
&lt;br&gt; al labio que suspira;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; mientras sentirse puedan en un beso
&lt;br&gt; dos almas confundidas;
&lt;br&gt; mientras exista una mujer hermosa
&lt;br&gt; ¡habrá poesía!&lt;/p&gt;</content><category term="Bécquer"/></entry><entry><title>La breve vida feliz de Francis Macomber</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/ernest-hemingway-la-breve-vida-feliz-de-francis-macomber.html" rel="alternate"/><published>2018-05-06T10:52:00+02:00</published><updated>2018-05-06T10:52:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-05-06:/ernest-hemingway-la-breve-vida-feliz-de-francis-macomber.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;Ernest Hemingway&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Ahora era hora de comer y estaban sentados bajo la doble lona verde de
  la tienda comedor, fingiendo que no había pasado nada.
&lt;br&gt; ---¿Queréis zumo de lima o limonada? ---preguntó Macomber.
&lt;br&gt; ---Yo tomaré un gimlet ---le dijo Robert Wilson.
&lt;br&gt; ---Yo también tomaré un gimlet. Necesito tomar algo ---dijo …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;Ernest Hemingway&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Ahora era hora de comer y estaban sentados bajo la doble lona verde de
  la tienda comedor, fingiendo que no había pasado nada.
&lt;br&gt; ---¿Queréis zumo de lima o limonada? ---preguntó Macomber.
&lt;br&gt; ---Yo tomaré un gimlet ---le dijo Robert Wilson.
&lt;br&gt; ---Yo también tomaré un gimlet. Necesito tomar algo ---dijo la mujer
  de Macomber.
&lt;br&gt; ---Supongo que es lo mejor ---coincidió Macomber---. Dígale que
  prepare tres gimlets.
&lt;br&gt; El criado ya había comenzado a prepararlos, sacando las botellas de
  las bolsas de lona isotérmicas, empapadas de humedad en el viento que
  soplaba a través de los árboles que sombreaban las tiendas.
&lt;br&gt; ---¿Qué debería darles? ---preguntó Macomber.
&lt;br&gt; ---Una libra sería más que suficiente ---le dijo Wilson---. No querrá
  malcriarlos.
&lt;br&gt; ---¿El capataz lo repartirá?
&lt;br&gt; ---Desde luego.
&lt;br&gt; Media hora antes Francis Macomber había sido triunfalmente
  transportado hasta su tienda, desde los límites del campamento, a
  hombros y brazos del cocinero, los criados, el despellejador y los
  porteadores. Los porteadores de armas no habían tomado parte en el
  desfile. Cuando los muchachos nativos lo depositaron en el suelo a la
  puerta de su tienda, Macomber les estrechó a todos la mano, recibió
  sus felicitaciones y luego entró y se sentó en la cama hasta que llegó
  su mujer. Cuando ella entró no le dijo nada, él salió de la tienda
  enseguida para lavarse la cara y las manos en la jofaina portátil que
  había fuera y dirigirse luego a la tienda comedor, donde se sentó en
  una cómoda silla de lona a la brisa y a la sombra.
&lt;br&gt; ---Ya ha conseguido su león ---le dijo Robert Wilson---, y un león
  condenadamente bueno.
&lt;br&gt; La señora Macomber se volvió rauda hacia Wilson. Era una mujer
  extremadamente guapa y bien conservada, poseía la belleza y posición
  social que cinco años atrás le habían permitido exigir cinco mil
  dólares para promocionar, con fotografías, un producto de belleza que
  nunca había utilizado. Llevaba once años casada con Francis Macomber.
&lt;br&gt; ---Era un buen león, ¿verdad? ---dijo Francis Macomber. Ahora su
  esposa le miraba. Miraba a los dos hombres como si nunca los hubiera
  visto.
&lt;br&gt; A uno, Wilson, el cazador profesional, sabía que no lo había visto
  antes de emprender el safari. Era de estatura mediana y pelo pajizo,
  bigotillo de pelos cortos y tiesos, la cara muy roja y unos ojos
  extremadamente azules con unas arruguillas blancas en las comisuras
  que se hacían más profundas cuando sonreía. Ahora él le sonreía, y
  ella apartó la mirada de su cara y la dirigió a la caída de sus
  hombros bajo la chaqueta holgada que llevaba, con cuatro grandes
  cartuchos en las presillas donde debería haber habido el bolsillo
  izquierdo, a sus manos grandes y morenas, a sus pantalones viejos, sus
  botas muy sucias, y luego volvió a su cara roja. Se fijó en que el
  rojo recocido de su cara quedaba delimitado por una línea blanca que
  señalaba la frontera de su sombrero Stetson, que ahora colgaba de uno
  de los colgadores del palo de la tienda.
&lt;br&gt; ---Bueno, por el león ---dijo Robert Wilson. Volvió a sonreír a la
  señora Macomber, y esta, sin sonreír, miró con curiosidad a su marido.
&lt;br&gt; Francis Macomber era muy alto, muy bien formado si no te importaba que
  tuviera los huesos tan largos, atezado, con el pelo rapado como un
  galeote, labios bastante finos, y se le consideraba un hombre apuesto.
  Llevaba la misma clase de ropas de safari que Wilson, solo que las
  suyas eran nuevas. Tenía treinta y cinco años, se mantenía muy en
  forma, era buen deportista, poseía varios récords de pesca mayor, y
  acababa de demostrarse a sí mismo, a la vista de todo el mundo, que
  era un cobarde.
&lt;br&gt; ---Por el león ---dijo---. Nunca podré agradecerle lo que hizo.
  Margaret, su esposa, apartó la mirada de él y la dirigió a Wilson.
&lt;br&gt; ---No hablemos del león ---dijo ella.
&lt;br&gt; Wilson le dirigió una mirada sin sonreír y ahora fue ella quien le
  sonrió.
&lt;br&gt; ---Ha sido un día muy raro ---dijo---. ¿No debería llevar el sombrero
  puesto aunque estemos debajo de una lona? Me lo dijo usted, por si no
  lo recuerda.
&lt;br&gt; ---Puede que me lo ponga ---dijo Wilson.
&lt;br&gt; ---Sabe que tiene la cara muy roja, señor Wilson ---le dijo ella, y
  volvió a sonreír.
&lt;br&gt; ---La bebida ---dijo Wilson.
&lt;br&gt; ---No lo creo ---dijo ella---. Francis bebe mucho, pero la cara nunca
  se le pone roja.
&lt;br&gt; ---Hoy está roja ---dijo Macomber intentando hacer un chiste.
&lt;br&gt; ---No ---dijo Margaret---. La mía es la que está hoy roja. Pero la del
  señor Wilson lo está siempre.
&lt;br&gt; ---Debe de ser una cuestión racial ---dijo Wilson---. Y digo yo, ¿qué
  les parece si dejamos de hablar de mi belleza?
&lt;br&gt; ---Pero si acabo de empezar.
&lt;br&gt; ---Pues vamos a dejarlo ---dijo Wilson.
&lt;br&gt; ---La conversación va a ser difícil ---dijo Margaret.
&lt;br&gt; ---No seas tonta, Margot ---dijo su marido.
&lt;br&gt; ---De difícil nada ---dijo Wilson---. Ha conseguido un león magnífico.
&lt;br&gt; Margot los miró a los dos, y ambos se dieron cuenta de que estaba a
  punto de llorar. Wilson hacía ya rato que se lo veía venir, y le
  aterraba. Pero Macomber ya había superado ese terror.
&lt;br&gt; ---Ojalá no hubiera ocurrido. Oh, ojalá no hubiera ocurrido ---dijo
  ella, y se dirigió a su tienda. No emitió ningún sonido, pero los dos
  vieron que le temblaban los hombros bajo la camisa de color rosa,
  resistente al sol.
&lt;br&gt; ---Las mujeres se disgustan ---le dijo Wilson al hombre alto---. En
  realidad no ha sido nada. Los nervios demasiado tensos, y una cosa y
  otra...
&lt;br&gt; ---No ---dijo Macomber---. Supongo que ahora llevaré esa cruz el resto
  de mi vida.
&lt;br&gt; ---Tonterías. Tomemos una copa de este matagigantes ---dijo Wilson---.
  Olvídelo todo. No ha sido nada.
&lt;br&gt; ---Lo intentaremos ---dijo Macomber---. De todos modos, nunca olvidaré
  lo que hizo por mí.
&lt;br&gt; ---Nada ---dijo Wilson---. Tonterías.
&lt;br&gt; De modo que se quedaron sentados a la sombra. Habían instalado el
  campamento bajo unas acacias de ancha copa, y detrás de ellos había un
  precipicio salpicado de rocas, delante una extensión de hierba que iba
  hasta la orilla de un arroyo lleno de rocas, y más allá un bosque.
  Tomaron sus bebidas de lima, enfriadas al punto, y evitaron mirarse a
  los ojos mientras los criados preparaban la mesa para comer. Wilson se
  dio cuenta de que todos los criados ya estaban al corriente, y cuando
  vio al criado personal de Macomber mirando a su amo lleno de
  curiosidad mientras ponía los platos en la mesa le espetó unas
  palabras en swahili. El chico apartó la mirada. Estaba pálido.
&lt;br&gt; ---¿Qué le estaba diciendo? ---preguntó Macomber.
&lt;br&gt; ---Nada. Le he dicho que se espabilara o me encargaría de que le
  dieran quince de los buenos.
&lt;br&gt; ---¿Quince qué? ¿Azotes?
&lt;br&gt; ---Es ilegal ---dijo Wilson---. Se supone que debemos multarlos.
&lt;br&gt; ---¿Y usted aún los azota?
&lt;br&gt; ---Oh, sí. Si decidieran quejarse armarían un follón de mil demonios.
  Pero no se quejan. Lo prefieran a las multas.
&lt;br&gt; ---¡Qué raro! ---dijo Macomber.
&lt;br&gt; ---No, la verdad es que no es raro ---dijo Wilson---. Usted, ¿qué
  preferiría, perder el sueldo o que le dieran unos buenos azotes?
&lt;br&gt; Pero enseguida se avergonzó de haberle hecho aquella pregunta, y antes
  de que Macomber pudiera contestar añadió:
&lt;br&gt; ---A todos nos dan una paliza todos los días, sabe, de uno u otro
  modo.
&lt;br&gt; Eso tampoco lo arregló. Dios mío, se dijo. Qué diplomático soy.
&lt;br&gt; ---Sí, a todos nos dan una paliza ---dijo Macomber, todavía sin
  mirarle---. Siento muchísimo lo del león. No tiene por qué salir de
  aquí, ¿verdad? Quiero decir que nadie tiene por qué enterarse, ¿no
  cree?
&lt;br&gt; ---¿Quiere decir si lo contaré en el Mathaiga Club? ---Ahora Wilson lo
  miraba fríamente. No se esperaba eso. Así que además de un maldito
  cobarde es un maldito cabrón, se dijo. Me caía bastante bien hasta
  hoy. Pero con los americanos nunca se sabe.
&lt;br&gt; ---No ---dijo Wilson---. Soy un cazador profesional. Nunca hablamos de
  nuestros clientes. Puede estar tranquilo por lo que a eso respecta.
  Además, se supone que es de mal tono pedirnos que no hablemos.
&lt;br&gt; Acababa de decidir que lo mip fácil sería romper cualquier asomo de
  amistad. Comería solo, y durante las comidas podría leer. Todos
  comerían solos. Durante el safari mantendría con ellos esa relación
  más formal ---¿cómo lo llamaban los franceses?, distinguida
  consideración--- y sería muchísimo más fácil que tener que pasar por
  toda esa basura emocional. Le insultaría y romperían limpiamente su
  amistad. Luego podría leer algún libro a la hora de comer y seguiría
  bebiéndose el whisky de los Macomber. Esa era la frase adecuada para
  cuando un safari iba mal. Te topabas con otro cazador y le
  preguntabas: «¿Cómo va todo?», y él te contestaba: «Oh, todavía sigo
  bebiéndome su whisky», y sabías que todo se había ido al garete.
&lt;br&gt; ---Lo siento ---dijo Macomber, y lo miró con esa cara de americano que
  seguiría siendo adolescente hasta que alcanzara la mediana edad, y
  Wilson observó su pelo cortado a cepillo, su mirada apenas furtiva, la
  hermosa nariz, sus finos labios y la apuesta barbilla---. Siento mucho
  no haberme dado cuenta. Hay muchas cosas que ignoro.
&lt;br&gt; Qué podía hacer, pues, se dijo Wilson. Estaba a punto de acabar con
  aquella relación de una manera rápida y limpia, y el miserable se
  ponía a disculparse después de haberlo insultado.
&lt;br&gt; ---No se preocupe por lo que yo pueda decir ---replicó Wil
&lt;br&gt; son---. Tengo que ganarme la vida. Ya sabe que en África ninguna mujer
  falla cuando dispara a su león y ningún hombre blanco sale nunca por
  piernas.
&lt;br&gt; ---Pues yo salí corriendo como un conejo ---dijo Macomber. Bueno, qué
  demonios había que hacer con un hombre que hablaba así, se preguntó
  Wilson.
&lt;br&gt; Wilson miró a Macomber con sus ojos azules y apagados de quien sabe
  manejar una ametralladora y el otro le devolvió la sonrisa. Tenía una
  agradable sonrisa si no te fijabas en cómo lo delataban los ojos
  cuando estaba ofendido.
&lt;br&gt; ---A lo mejor puedo arreglarlo cuando cacemos búfalos ---dijo
  Macomber---. Cazaremos búfalos, ¿verdad?
&lt;br&gt; ---Por la mañana, si quiere ---le dijo Wilson. Tal vez se había
  equivocado. Desde luego, así era como había que tomárselo. Desde
  luego, no se sabía nunca con estos americanos. Ahora ya volvía a estar
  del lado de Macomber. Si conseguía olvidarse de esa mañana. Pero
  claro, no podía. Aquella había sido una mala mañana con ganas.
&lt;br&gt; ---Aquí viene la memsahib ---dijo. Volvía de su tienda, parecía
  haberse refrescado y se la veía alegre y encantadora. Su cara era un
  óvalo perfecto, tan perfecto que esperabas que fuera estúpida. Pero no
  lo era, se dijo Wilson, no, no era estúpida.
&lt;br&gt; ---¿Cómo está el guapo señor Wilson de cara roja? ¿Te encuentras
  mejor, Francis, tesoro?
&lt;br&gt; ---Oh, mucho mejor ---dijo Francis.
&lt;br&gt; ---Ya no quiero pensar más en eso ---dijo Margaret, sentándose a la
  mesa---. ¿Qué más da que Francis sea bueno o no matando leones? No es
  su oficio. Es el oficio del señor Wilson. El señor Wilson impresiona
  bastante matando cualquier cosa. Usted mata cualquier cosa, ¿verdad?
&lt;br&gt; ---Oh, lo que sea ---dijo Wilson---. Sencillamente, lo que sea. ---Son
  las más duras del mundo; las más duras, las más crueles, las más
  depredadoras y las más atractivas, y sus hombres se han ablandado o se
  han quedado con los nervios destrozados mientras ellas se endurecían.
  ¿O es que solo escogen a los hombres que pueden manejar? Aunque a la
  edad en que se casan eso no pueden saberlo, se dijo Wilson. Dio
  gracias por haber aprobado ya la asignatura de las mujeres americanas,
  porque aquella era muy atractiva.
&lt;br&gt; ---Iremos a cazar búfalos por la mañana ---le dijo a Margaret.
&lt;br&gt; ---Yo iré ---dijo ella.
&lt;br&gt; ---No, no irá.
&lt;br&gt; ---Oh, sí, iré. ¿Puedo, Francis?
&lt;br&gt; ---¿Por qué no te quedas en el campamento?
&lt;br&gt; ---Por nada del mundo ---dijo ella---. No me perdería algo como lo de
  hoy por nada del mundo.
&lt;br&gt; Cuando Margaret se fue a llorar, estaba pensando Wilson, parecía una
  mujer estupenda de verdad. Parecía comprender, darse cuenta de las
  cosas, que se apenaba por él y por ella y que sabía cuál era realmente
  la situación. Está fuera veinte minutos y ahora vuelve recubierta de
  esa crueldad femenina americana. No hay quien pueda con ellas. Desde
  luego, no hay quien pueda con ellas
&lt;br&gt; ---Mañana montaremos otro numerito para ti ---dijo Francis Macomber.
&lt;br&gt; ---Usted no viene ---dijo Wilson.
&lt;br&gt; ---Está usted muy equivocado ---le contestó ella---. Y tengo
  muchísimas ganas de verle actuar de nuevo. Esta mañana ha estado
  fabuloso, si es que es fabuloso volarle la cabeza a un animal.
&lt;br&gt; ---Aquí está la comida ---dijo Wilson---. Está contenta, ¿verdad?
&lt;br&gt; ---¿Por qué no? No he venido aquí a bostezar.
&lt;br&gt; ---Bueno, no ha sido aburrido ---dijo Wilson. Desde donde estaba podía
  ver las rocas del río y la orilla elevada del otro lado, con los
  árboles, y se acordó de lo ocurrido por la mañana.
&lt;br&gt; ---Oh, no ---dijo ella---. Ha sido encantador. Y mañana. No sabe lo
  impaciente que estoy por salir mañana.
&lt;br&gt; ---Lo que le ofrece es alce africano ---dijo Wilson.
&lt;br&gt; ---Son aquellos animales que parecen vacas y saltan como liebres,
  ¿verdad?
&lt;br&gt; ---Supongo que es una manera de describirlos ---dijo Wilson. ---La
  carne es muy buena ---dijo Macomber.
&lt;br&gt; ---¿Lo has matado tú? ---preguntó Margaret.
&lt;br&gt; ---Sí.
&lt;br&gt; ---No son peligrosos, ¿verdad?
&lt;br&gt; ---Solo si te caen encima ---dijo Wilson.
&lt;br&gt; ---Me alegra saberlo.
&lt;br&gt; ---¿Por qué no dejas de joder, Margot? ---dijo Macomber, cortando el
  bistec de alce africano y colocando un poco de puré de patata, salsa y
  zanahoria en el tenedor vuelto del revés que atravesaba el trozo de
  carne.
&lt;br&gt; ---Supongo que podré ---dijo ella---, ya que lo has expresado tan
  finamente.
&lt;br&gt; ---Esta noche brindaremos con champán por el león ---dijo Wilson---. A
  mediodía hace demasiado calor.
&lt;br&gt; ---Oh, el león ---dijo Margot---. ¡Se me había olvidado el león!
&lt;br&gt; Así que, se dijo Robert Wilson, lo que pasa es que ella le está
  tomando el pelo, ¿no? ¿O quizá es la manera que tiene de montar el
  numerito? ¿Cómo ha de comportarse una mujer cuando descubre que su
  marido es un maldito cobarde? Es condenadamente cruel, pero todas son
  crueles. Son las que mandan, desde luego, y para mandar a veces hay
  que ser cruel. Sin embargo, ya estoy hasta las narices de su maldito
  terrorismo.
&lt;br&gt; ---Tome un poco más de alce ---le dijo a Margaret cortésmente.
&lt;br&gt; Al caer la tarde Wilson y Macomber salieron en el vehículo con el
  conductor nativo y dos porteadores de armas. La señora Macomber se
  quedó en el campamento. Hacía demasiado calor para salir, dijo, ya los
  acompañaría por la mañana temprano. Cuando se alejaban, Wilson la vio
  de pie debajo del gran árbol, y le pareció más guapa que hermosa, con
  su cansa caqui levemente rosada, el pelo negro echado para atrás y
  recogido en una trenza en la nuca, su cutis tan lozano, se dijo, como
  si estuviera en Inglaterra. Los saludó con la mano cuando el coche se
  alejó a través de la llanura pantanosa de altas hierbas y giró para
  cruzar entre los árboles y adentrarse en las pequeñas colinas
  cubiertas de sabana.
&lt;br&gt; En la sabana encontraron un rebaño de impalas, y salieron del coche y
  acecharon un viejo macho de cuernos largos y de gran envergadura, y
  Macomber lo mató con un meritorio disparo que derribó al animal a unos
  doscientos metros de distancia y puso al rebaño en desenfrenada huida,
  los animales saltando y encaramándose en las grupas de los que iban
  delante, con unos saltos en los que estiraban las largas piernas de
  una manera tan increíble que parecía que flotaran, como en los saltos
  que a veces se dan en sueños.
&lt;br&gt; ---Ha sido un buen disparo ---dijo Wilson---. Son un objetivo pequeño.
&lt;br&gt; ---¿La cabeza vale la pena? ---preguntó Macomber.
&lt;br&gt; ---Es excelente ---le dijo Wilson---. Si dispara así no tendrá ningún
  problema.
&lt;br&gt; ---¿Cree que mañana encontraremos algún búfalo?
&lt;br&gt; ---Es muy posible. Salen a pacer a primera hora de la mañana, y con
  suerte podemos pillarlos en campo abierto.
&lt;br&gt; ---Me gustaría poder borrar lo del león ---dijo Macomber---. No es muy
  agradable que tu esposa te vea hacer algo así.
&lt;br&gt; Yo hubiera dicho que era aún más desagradable hacerlo, se dijo Wilson,
  con esposa o sin esposa, o hablar de ello tras haberlo hecho. Pero lo
  que dijo fue:
&lt;br&gt; ---Yo no pensaría más en eso. Cualquiera puede asustarse al ver un
  león por primera vez. Asunto concluido.
&lt;br&gt; Pero aquella noche, después de la cena y un whisky con soda junto al
  fuego antes de irse a la cama, mientras Francis Macomber estaba echado
  en la cama y escuchaba los ruidos de la noche, no todo había
  concluido. Ni había concluido ni estaba empezando. Estaba ahí
  exactamente como había ocurrido, con algunas partes indeleblemente
  subrayadas, y él se sentía triste y avergonzado. Pero más que
  vergüenza sentía un miedo frío y hueco en su interior. El miedo seguía
  allí como un hueco frío y viscoso, y en el lugar que antes ocupaba su
  seguridad en sí mismo se abría un vacío, y eso le provocaba náuseas. Y
  ahora seguía con él.
&lt;br&gt; Había comenzado la noche antes, cuando se despertó y oyó el león
  rugiendo en algún lugar inconcreto, río arriba. Era un sonido grave,
  rematado por una especie de gruñido mezclado con tos que parecía
  proceder de delante de su tienda, y cuando Francis Macomber se
  despertó en plena noche para oírlo tuvo miedo. Oía a su esposa
  respirando plácidamente, dormida. No había nadie a quien poder decirle
  que tenía miedo, con quien compartir el miedo, y echado, solo,
  ignoraba ese proverbio somalí que dice que un hombre valiente siempre
  le tiene miedo a un león tres veces; la primera vez que ve su rastro,
  la primera vez que lo oye rugir y la primera vez que se enfrenta a él.
  Por la mañana, mientras desayunaba a la luz de un farol en la tienda
  comedor, antes de que el sol saliera, el león volvió a rugir y Francis
  pensó que estaba en los limites del campamento.
&lt;br&gt; ---Parece un viejo ---dijo Robert Wilson, levantando la mirada de sus
  arenques ahumados y su café---. Escuche cómo tose.
&lt;br&gt; ---¿Está muy cerca?
&lt;br&gt; ---Más o menos a un kilómetro y medio río arriba.
&lt;br&gt; ---¿Lo veremos?
&lt;br&gt; ---Echaremos un vistazo.
&lt;br&gt; ---¿Llega tan lejos su rugido? Se oye como si estuviera en el
  campamento.
&lt;br&gt; ---Se le puede oír desde muy lejías ---dijo Robert Wilson---. Es
  curioso lo lejos que puede llegar. Esperemos que sea un gato que valga
  la pena cazar. Los criados dijeron que había uno muy grande por aquí.
&lt;br&gt; ---Si le disparo, ¿dónde debo apuntar para detenerle? ---preguntó
  Macomber.
&lt;br&gt; ---Entre los hombros ---dijo Wilson---. En el cuello si cree que podrá
  darle. Busque el hueso. Derríbelo.
&lt;br&gt; ---Espero darle en el lugar adecuado ---dijo Macomber.
&lt;br&gt; ---Usted dispara muy bien ---le dijo Wilson---. Tómese su tiempo.
  Asegure el tiro. El primero es el que cuenta.
&lt;br&gt; ---¿A qué distancia estará?
&lt;br&gt; ---No se sabe. En eso el león también dice la suya. No dispare hasta
  que esté lo bastante cerca para asegurar el tiro.
&lt;br&gt; ---¿A menos de cien metros? ---preguntó Macomber. Wilson lo miró
  rápidamente.
&lt;br&gt; ---Cien metros está bien. Puede que tenga que ser un poco menos. No se
  arriesgue a disparar a más distancia. Cien metros es una distancia
  razonable. A esa distancia le dará siempre que quiera. Ahí viene la
  memsahib.
&lt;br&gt; ---Buenos días ---dijo Margaret---. ¿Vamos a ir a por el león? ---En
  cuanto acabe de desayunar ---dijo Wilson---. ¿Cómo se siente? ---De
  maravilla ---dijo ella---. Estoy muy emocionada.
&lt;br&gt; ---Iré a supervisar que todo esté a punto. ---Wilson se marchó. Cuando
  se iba, el león volvió a rugir.
&lt;br&gt; ---Viejo gruñón ---dijo Wilson---. Te haremos callar.
&lt;br&gt; ---¿Qué pasa, Francis? ---le preguntó su mujer.
&lt;br&gt; ---Nada ---dijo Macomber.
&lt;br&gt; ---Sí, algo te pasa ---dijo ella---. ¿Por qué estás tan alterado?
  ---No me pasa nada ---dijo él.
&lt;br&gt; ---Dímelo ---dijo ella mirándolo---. ¿No te encuentras bien? ---Son
  esos condenados rugidos ---dijo---. Lleva así toda la noche, ¿sabes?
&lt;br&gt; ---¿Por qué no me has despertado? ---dijo ella---. Me habría encantado
  oírlo.
&lt;br&gt; ---Tengo que matar a ese maldito animal ---dijo Macomber, abatido.
&lt;br&gt; ---Bueno, para eso estás aquí, ¿no?
&lt;br&gt; ---Sí. Pero estoy nervioso. Oír esos rugidos me pone los nervios de
  punta.
&lt;br&gt; ---Bueno, pues como dijo Wilson, mátalo y acaba con esos rugidos.
&lt;br&gt; ---Sí, cariño ---dijo Francis Macomber---. Es fácil de decir, ¿verdad?
&lt;br&gt; ---No tendrás miedo, ¿verdad?
&lt;br&gt; ---Claro que no. Pero estoy nervioso después de oírlo rugir toda la
  noche.
&lt;br&gt; ---Dispararás de maravilla y lo matarás ---dijo ella---. Sé que lo
  harás. Estoy terriblemente ansiosa por verlo.
&lt;br&gt; ---Acaba tu desayuno y nos pondremos en marcha.
&lt;br&gt; ---Aún no es de día ---dijo ella---. Es una hora ridícula. Justo en
  ese momento el león rugió con un gemido cavernoso, repentinamente
  gutural, una vibración ascendente que pareció sacudir el aire y acabó
  en un suspiro y en un gruñido intenso y cavernoso.
&lt;br&gt; ---Suena casi como si estuviera aquí ---dijo la mujer de Macomber.
&lt;br&gt; ---Dios mío ---dijo Macomber---. Odio ese condenado ruido. ---Es de lo
  más impresionante.
&lt;br&gt; ---Impresionante. Es aterrador.
&lt;br&gt; Robert Wilson apareció sonriegte con su Gibbs de calibre 505, feo,
  chato y de boca sorprendentemente grande.
&lt;br&gt; ---Vamos ---dijo---. Su porteador de armas ya tiene el Springfield y
  el rifle de gran calibre. Todo está en el coche. ¿Lleva la munición?
&lt;br&gt; ---Sí.
&lt;br&gt; ---Estoy lista ---dijo la mujer de Macomber.
&lt;br&gt; ---Hay que hacer que deje de armar tanto jaleo ---dijo Wilson---.
  Siéntese delante. La memsahib puede ir detrás conmigo.
&lt;br&gt; Subieron al coche, y en el gris de la primera luz del día remontaron
  el río entre los árboles. Macomber abrió la recámara de su rifle y vio
  las balas con sus casquillos metálicos, echó el cerrojo y puso el
  seguro. Vio que le temblaba la mano. Se metió la mano en el bolsillo y
  tocó los cartuchos que llevaba, y pasó los dedos por los cartuchos que
  llevaba en las presillas de la pechera de la chaqueta. Se volvió hacia
  Wilson, sentado en la parte de atrás del vehículo, sin puerta y
  cuadrado, junto a su mujer, los dos sonriendo de la emoción, y Wilson
  se inclinó hacia delante y le susurró:
&lt;br&gt; ---Fíjese en cómo bajan los pajarracos. Eso significa que el abuelete
  ha abandonado su presa.
&lt;br&gt; En la otra ribera del río Macomber vio, por encima de los árboles,
  buitres dando vueltas y bajando en picado.
&lt;br&gt; ---Es probable que se acerque a beber por aquí ---le susurró
  Wilson---. Antes de echarse un rato. Mantenga los ojos abiertos.
&lt;br&gt; Conducían lentamente por la elevada ribera del río, que en aquel lugar
  caía en picado hasta el lecho lleno de rocas, y avanzaron serpenteando
  entre los árboles. Macomber estaba atento a la otra orilla cuando notó
  que Wilson lo agarraba del brazo. El coche se detuvo.
&lt;br&gt; ---Ahí está ---oyó decir en un susurro---. Vaya hacia delante y a la
  derecha. Baje y mátelo. Es un león maravilloso.
&lt;br&gt; Entonces Macomber vio el león. Estaba de pie, casi de lado, con la
  gran cabeza levantada y vuelta hacia ellos. La brisa de primera hora
  de la mañana que soplaba hacia ellos le revolvía la oscura melena, y
  el león parecía enorme, perfilado sobre la orilla del río a la luz
  gris de la mañana, los hombros pesados, su cuerpo, en forma de tonel,
  formando una curva suave.
&lt;br&gt; ---¿A qué distancia está? ---preguntó Macomber, levantando el rifle.
&lt;br&gt; ---A unos setenta y cinco metros. Baje y mátelo.
&lt;br&gt; ---¿Por qué no le disparo desde donde estoy?
&lt;br&gt; ---No se dispara desde el coche ---oyó que Wilson le decía al oído---.
  Baje. No va a quedarse ahí todo el día.
&lt;br&gt; Macomber salió por la abertura curva que había al lado del asiento
  delantero, primero puso el pie en el estribo y luego en el suelo. El
  león permanecía allí, mirando majestuosa y fríamente hacia ese objeto
  que sus ojos solo le mostraban en silueta, y que abultaba como un
  superrinoceronte. No le llegaba olor de hombre, y contemplaba el
  objeto moviendo su gran cabeza de un lado a otro. A continuación,
  mientras seguía contemplando el objeto, sin temor, pero vacilando
  antes de bajar a beber a la orilla con un cosa así delante de él, vio
  la figura de un hombre separarse del objeto; volvió su pesada cabeza
  para alejarse hacia el resguardo de los árboles cuando oyó un
  estampido, casi un chasquido, y sintió el impacto de una sólida bala
  del 30-06 que le perforó el flanco y le desgarró el estómago
  causándole una náusea repentina y caliente. Echó a trotar, pesado, con
  sus grandes patas, balanceando el vientre herido, a través de los
  árboles en dirección a las hierbas altas, donde podría protegerse, y
  el estampido se repitió y lo oyó pasar desgarrando el aire. Hubo otro
  estampido y sintió el golpe en las costillas inferiores y cómo la bala
  lo penetraba, laiangre caliente y espumosa en la boca, y galopó hacia
  las hierbas altas, donde podría acurrucarse y no ser visto y atraer
  esa cosa que provocaba esos estampidos lo bastante cerca para dar un
  salto y coger al hombre que la esgrimía.
&lt;br&gt; Cuando Macomber salió del coche no pensaba en lo que el león sentiría.
  Solo sabía que las manos le temblaban, y mientras se alejaba del coche
  le parecía casi imposible conseguir mover las piernas. Tenía los
  muslos agarrotados, pero sentía el pálpito de los músculos. Levantó el
  rifle, apuntó a la inserción de la cabeza del león entre los hombros y
  apretó el gatillo. No pasó nada, y eso que apretó hasta que pensó que
  se le iba a romper el dedo. Entonces se dio cuenta de que no había
  quitado el seguro, y cuando bajó el rifle para quitarlo avanzó otro
  paso helado, y el león, al ver cómo su silueta se separaba de la
  silueta del coche, se volvió e inició un trotecillo, y, cuando
  Macomber disparó, oyó un golpe sordo que significaba que la bala había
  dado en el blanco; pero el león seguía moviéndose. Macomber volvió a
  disparar y todos vieron que la bala levantó una salpicadura de tierra,
  y el león siguió trotando. Volvió a disparar, acordándose de que debía
  apuntar más abajo, y todos oyeron el impacto de la bala en el blanco,
  y el león pasó a galopar y ya estaba en medio de las hierbas altas
  antes de que Macomber hubiera tenido tiempo de cargar el rifle.
&lt;br&gt; Macomber comenzó a sentir náuseas, le temblaban las manos que
  sostenían el Springfield, aún en posición de disparo, y su esposa y
  Robert Wilson estaban a su lado. Y también los dos porteadores de
  armas, hablando entre ellos en wakamba.
&lt;br&gt; ---Le he dado ---dijo Macomber---. Le he dado dos veces.
&lt;br&gt; ---Le dio en las tripas y luego un poco más adelante ---dijo Wilson
  sin entusiasmo. Los porteadores de armas parecían muy serios. Ahora
  callaban.
&lt;br&gt; ---Puede que lo haya matado ---prosiguió Wilson---. Tendremos que
  esperar un poco antes de ir a averiguarlo.
&lt;br&gt; ---¿A qué se refiere?
&lt;br&gt; ---Esperaremos a que se desangre un poco antes de ir a buscarlo.
&lt;br&gt; ---Oh ---dijo Macomber.
&lt;br&gt; ---Es un león de primera ---dijo Wilson con alegría---. Aunque se ha
  metido en un mal sitio.
&lt;br&gt; ---¿Por qué es un mal sitio?
&lt;br&gt; ---Porque no podrá verlo hasta que lo tenga encima.
&lt;br&gt; ---Ah ---dijo Macomber.
&lt;br&gt; ---Vamos ---dijo Wilson---. La memsahib puede quedarse en el coche. Le
  echaremos un vistazo al rastro de sangre.
&lt;br&gt; ---Quédate aquí, Margot ---le dijo Macomber a su mujer. Tenía la boca
  muy seca y le costaba mucho hablar.
&lt;br&gt; ---¿Por qué? ---preguntó ella.
&lt;br&gt; ---Porque lo dice Wilson.
&lt;br&gt; ---Vamos a echar un vistazo ---dijo Wilson---. Quédese aquí. Incluso
  lo verá mejor desde aquí.
&lt;br&gt; ---Muy bien.
&lt;br&gt; Wilson le habló en swahili al conductor. Este asintió y dijo:
&lt;br&gt; ---Sí, bwana.
&lt;br&gt; A continuación bajaron la empinada orilla y cruzaron el río, trepando
  por encima de las rocas y sorteándolas y subieron a la otra ribera,
  ayudándose de algunas raíces que sobresalían, y siguieron la ribera
  hasta llegar al lugar por donde había trotado el león cuando Macomber
  le disparó por primera vez. Había sangre oscura en la hierba corta que
  los porteadores de armas señalaron con unos tallos, y el reguero se
  escurría hasta los árboles de la ribera.
&lt;br&gt; ---¿Qué hacemos? ---preguntó Macomber.
&lt;br&gt; ---No tenemos muchas opcic, nes ---dijo Wilson---. No podemos traer el
  coche. La orilla es demasiado empinada. Dejaremos que se agarrote un
  poco y luego usted y yo iremos a buscarlo.
&lt;br&gt; ---¿No podríamos prender fuego a la hierba? ---preguntó Macomber.
&lt;br&gt; ---Demasiado verde.
&lt;br&gt; ---¿No podemos enviar batidores?
&lt;br&gt; Wilson lo miró de arriba abajo.
&lt;br&gt; ---Claro que podemos ---dijo---. Pero es casi un asesinato. Verá,
  sabemos que el león está herido. A un león que no está herido se le
  puede empujar. Irá avanzando, huyendo del ruido. Pero un león herido
  está dispuesto a atacar. No lo ve hasta que lo tiene encima. Se
  quedará totalmente pegado al suelo en un escondrijo en el que se diría
  que no cabe ni una liebre. No parece muy acertado enviar a los criados
  a este tipo de espectáculo. Alguien podría resultar malherido.
&lt;br&gt; ---¿Y los porteadores de armas?
&lt;br&gt; ---Oh, ellos vendrán con nosotros. Es su shauri. Han firmado un
  contrato para eso, ¿sabe? Aunque tampoco se les ve muy contentos, ¿no
  cree?
&lt;br&gt; ---No quiero meterme ahí ---dijo Macomber. Le salió antes de saber lo
  que decía.
&lt;br&gt; ---Ni yo ---dijo Wilson alegremente---. Aunque la verdad es que no
  tengo elección. ---Entonces, como si no se le hubiera ocurrido hasta
  ese momento, miró a Macomber y de repente se dio cuenta de que
  temblaba y de su patética expresión.
&lt;br&gt; ---Naturalmente, no tiene por qué hacerlo ---dijo---. Para eso me ha
  contratado, sabe. Por eso soy tan caro.
&lt;br&gt; ---¿Quiere decir que irá solo? ¿Por qué no lo dejamos allí?
&lt;br&gt; Robert Wilson, que hasta ese momento solo se había preocupado del león
  y del problema que presentaba, y que no había pensado en Macomber
  excepto para darse cuenta de que estaba hablando demasiado,
  súbitamente se sintió como el que abre la puerta equivocada de una
  habitación de hotel y ve algo vergonzoso.
&lt;br&gt; ---¿A qué se refiere?
&lt;br&gt; ---¿Por qué no lo dejamos allí?
&lt;br&gt; ---¿Quiere decir que finjamos que no le hemos dado?
&lt;br&gt; ---No. Simplemente dejarlo ahí.
&lt;br&gt; ---Eso no se hace.
&lt;br&gt; ---¿Por qué?
&lt;br&gt; ---Para empezar, seguro que está sufriendo. Además, otros podrían
  tropezarse con él.
&lt;br&gt; ---Entiendo.
&lt;br&gt; ---Pero usted se puede quedar al margen.
&lt;br&gt; ---Me gustaría ir ---dijo Macomber---. Es solo que estoy asustado.
&lt;br&gt; ---Yo iré delante ---dijo Wilson--- y Kongoni irá el último.
  Manténgase detrás de mí y ligeramente a un lado. Muy probablemente le
  oiremos gruñir. Si le vemos, dispararemos los dos. No se preocupe por
  nada. Le cubriré. De hecho, sería mejor que no viniera. Sería mucho
  mejor. ¿Por qué no se va con la memsahib mientras yo me encargo de
  todo?
&lt;br&gt; ---No, quiero ir.
&lt;br&gt; ---Muy bien ---dijo Wilson---. Pero no venga si no quiere. Este es mi
  shauri, ¿sabe?
&lt;br&gt; ---Quiero ir ---dijo Macomber.
&lt;br&gt; Se sentaron bajo un árbol y fumaron.
&lt;br&gt; ---¿Quiere volver y hablar con la memsahib mientras esperamos?
  ---preguntó Wilson.
&lt;br&gt; ---No.
&lt;br&gt; ---Iré yo y le diré que tenga p7ciencia.
&lt;br&gt; ---Bueno ---dijo Macomber. Se quedó allí sentado, con las axilas
  sudadas, la boca seca, sintiendo un vacío en el estómago, queriendo
  reunir el valor para decirle a Wilson que liquidara el león sin él. No
  podía saber que Wilson estaba furioso por no haberse dado cuenta antes
  del estado en que se encontraba y no haberle mandado con su mujer.
  Mientras estaba allí sentado apareció Wilson.
&lt;br&gt; ---He traído el rifle de gran calibre ---dijo---. Cójalo. Creo que ya
  le hemos dado tiempo. Vamos.
&lt;br&gt; Macomber cogió el rifle de gran calibre y Wilson dijo: ---Manténgase
  unos cinco metros detrás de mí y a la derecha y haga exactamente lo
  que le diga.
&lt;br&gt; A continuación habló en swahili con los dos porteadores de armas, que
  ponían cara de funeral.
&lt;br&gt; ---Vamos ---dijo.
&lt;br&gt; ---¿Podría beber un sorbo de agua? ---preguntó Macomber. Wilson le
  dijo algo al porteador de más edad, que llevaba una cantimplora en el
  cinturón, y el hombre se la quitó, desenroscó el tapón y se la entregó
  a Macomber, que la cogió pensando que parecía muy pesada y notando la
  envoltura de fieltro peluda y barata. La levantó para beber y miró
  delante de él, las hierbas altas y los árboles de copas aplanadas que
  había detrás. Soplaba brisa en dirección a ellos, y la hierba se
  ondulaba suavemente al viento. Miró al porteador y se dio cuenta de
  que también él sentía miedo.
&lt;br&gt; A unos treinta metros de donde comenzaban las hierbas altas yacía el
  león, aplastado contra el suelo. Tenía las orejas gachas y el único
  movimiento que se permitía era sacudir arriba y abajo su larga cola de
  pelo negro. Se había puesto en guardia nada más llegar a ese
  escondite; sentía náuseas a causa de la herida en el vientre, y la
  herida de los pulmones lo había debilitado, haciendo aflorar una fina
  espuma roja en la boca cada vez que respiraba. Tenía los flancos
  mojados y calientes, y las moscas se arremolinaban en torno a los
  pequeños orificios que las balas habían abierto en su pellejo pardo;
  sus grandes ojos amarillos, entrecerrados con odio, miraban en línea
  recta, y solo parpadeaban cuando le llegaba el dolor, al respirar, y
  sus garras se clavaban en la tierra blanda y recocida. Todo él, dolor,
  náusea, odio y todas las fuerzas que le restaban, se tensaban en una
  concentración absoluta para cuando hubiera que atacar. Oía hablar a
  los hombres y esperaba, haciendo acopio de todas sus fuerzas para
  acometer en cuanto los hombres se adentraran en la hierba. Cuando oía
  las voces la cola se le tensaba y la sacudía arriba y abajo, y, cuando
  se acercaron al límite de las hierbas, emitió su medio gruñido
  mezclado con tos y atacó.
&lt;br&gt; Kongoni, el porteador de más edad, en cabeza siguiendo el rastro de
  sangre; Wilson, que vigilaba las hierbas atento a cualquier
  movimiento, el rifle de gran calibre a punto; el segundo porteador,
  mirando delante y escuchando; Macomber, cerca de Wilson con el rifle
  montado; acababan de adentrarse en la hierba cuando Macomber oyó el
  medio gruñido mezclado con tos ahogado de sangre y vio el movimiento
  que silbaba entre las hierbas. Cuando se dio cuenta estaba corriendo;
  corriendo desaforadamente, presa del pánico en campo abierto,
  corriendo hacia el río.
&lt;br&gt; Oyó el ¡patapum! del rifle de gran calibre de Wilson, seguido de un
  segundo ¡patapum!, y al volverse vio el león, que ahora tenía un
  aspecto horrible y al que parecía faltarle la mitad de la cabeza,
  arrastrándose hacia Wilson en el límite de las altas hierbas, mientras
  el hombre de cara roja manipulaba el cerrojo de su rifle feo y chato y
  apuntaba cuidadosamente, y otro ¡patapum! salía de la boca, y la mole
  reptante, pesada y amarilla del león se quedaba rígida, la enorme
  cabeza mutilada se deslizaba hacia delante, y Macomber, solo en el
  claro al que había llegada corriendo, empuñando un rifle cargado
  mientras dos negros y un blanco lo miraban con desprecio, supo que el
  león estaba muerto. Se acercó a Wilson, cuya estatura parecía toda
  ella un puro reproche, y Wilson lo miró y le dijo:
&lt;br&gt; ---¿Quiere sacar fotos?
&lt;br&gt; ---No ---dijo Macomber.
&lt;br&gt; No dijeron nada más hasta llegar al coche. Entonces Wilson dijo:
&lt;br&gt; ---Un león de primera. Los criados lo despellejarán. Nosotros nos
  podemos quedar a la sombra.
&lt;br&gt; La esposa de Macomber no le había dirigido la mirada, ni él a ella, y
  Macomber se había sentado junto a ella en el asiento de atrás,
  mientras Wilson iba delante. En una ocasión le cogió la mano sin
  dirigirle la vista, y ella la apartó. Al mirar hacia al otro lado del
  río, donde los porteadores de armas desollaban el león, se dio cuenta
  de que ella lo había visto todo. Mientras estaban allí sentados, su
  mujer extendió el brazo y puso la mano en el hombro de Wilson. Este se
  volvió y ella se inclinó hacia delante por encima del asiento y le
  besó en la boca.
&lt;br&gt; ---Oh, vaya ---dijo Wilson, poniéndose más rojo aún de lo que era su
  color natural.
&lt;br&gt; ---El señor Robert Wilson ---dijo ella---. El guapo señor Wilson de
  cara roja.
&lt;br&gt; A continuación volvió a sentarse al lado de Macomber y miró hacia el
  otro lado del río, donde yacía el león, con las patas delanteras
  desnudas y levantadas, a la vista los blancos músculos y los tendones,
  y la barriga blanca e hinchada, mientras los negros le iban arrancando
  la piel. Al final los porteadores cargaron la piel, húmeda y pesada, y
  se subieron a la parte de atrás del coche, enrollándola antes de
  subir, y partieron. Nadie dijo nada más hasta que estuvieron de
  regreso en el campamento.
&lt;br&gt; Esa era la historia del león. Macomber no sabía lo que el león había
  sentido antes de echar a correr, ni cuando atacó, cuando la increíble
  descarga de un 505 con una velocidad de salida de dos toneladas le dio
  en el morro, ni lo que lo impulsó a seguir avanzando, cuando el
  segundo estampido le destrozó las patas traseras y continuó
  arrastrándose hacia ese objeto que retumbaba y explotaba y le había
  destruido. Wilson sí sabía algo de lo que sentía el león, y lo había
  expresado diciendo: «Un león de primera», pero Macomber tampoco sabía
  cuáles eran los sentimientos de Wilson acerca de todo eso. Tampoco
  sabía lo que sentía su esposa, más allá de que no quería saber nada de
  él.
&lt;br&gt; Su mujer ya se había enfadado con él otras veces, pero nunca duraba.
  Él era muy rico, y seria mucho más rico, y sabía que ella no le
  abandonaría nunca. Era una de las pocas cosas que sabía de verdad.
  Sabía eso, de motos ---eso fue antes---, de coches, de cazar patos, de
  pesca, salmón, trucha y en alta mar, de sexo en los libros, muchos
  libros, demasiados libros, de todos los deportes de pista, de perros,
  no mucho de caballos, de no perder el dinero que tenía, de casi todas
  las demás cosas que tenían que ver con su mundo, y que su mujer no le
  dejaría. Su mujer había sido una gran belleza, y seguía siendo una
  gran belleza en África, pero en su país ya no era una belleza tan
  llamativa como para dejarlo y encontrar algo mejor, y ella lo sabía y
  él lo sabía. A ella se le había pasado la oportunidad de dejarlo y él
  lo sabía. Si él hubiese sido mejor con las mujeres probablemente a
  ella habría comenzado a preocuparle que él pudiera encontrar una nueva
  y bella esposa; pero ella le conocía demasiado bien y sabía que no
  tenía que preocuparse. Además, él siempre había sido muy tolerante,
  cosa que parecería la mejor de sus virtudes de no ser la más
  siniestra.
&lt;br&gt; Con todo, se les consideraba una pareja relativamente feliz, una de
  esas parejas de las que siipre se rumorea que se van a separar pero
  nunca ocurre, y, tal como lo expresó un columnista de sociedad,
  añadían más que una pizca de aventura a su tan envidiado e
  imperecedero romance mediante un safari en lo que se conocía como el
  «Africa más oscura» hasta que Martin Johnson la iluminó en tantas
  pantallas cinematográficas, donde perseguían al viejo Simba, el león,
  al búfalo, a Tembo el elefante y coleccionaban especímenes para el
  Museo de Historia Natural. El mismo columnista había informado que
  habían estado a punto tres veces en el pasado, y era cierto. Pero
  siempre se reconciliaban. Su unión poseía una base sólida. Margot era
  demasiado hermosa para que Macomber se divorciara, y él tenía
  demasiado dinero para que ella le dejara.
&lt;br&gt; Eran ya las tres de la mañana, y Francis Macomber, que había dormido
  un rato después de dejar de pensar en el león, se despertó y volvió a
  dormirse, y de repente volvió a despertarse, asustado por un sueño en
  el que tenía encima la cabeza ensangrentada del león, y mientras
  escuchaba el fuerte latido de su corazón se dio cuenta de que su mujer
  no estaba en el otro catre de la tienda. Con esa idea se quedó
  despierto dos horas.
&lt;br&gt; Transcurrido ese tiempo su mujer entró en la tienda, levantó la
  mosquitera y se instaló confortablemente en su catre.
&lt;br&gt; ---¿Dónde has estado? ---preguntó Macomber en la oscuridad. ---Hola
  ---dijo ella---. ¿Estás despierto?
&lt;br&gt; ---¿Dónde has estado?
&lt;br&gt; ---Salí a tomar un poco el aire.
&lt;br&gt; ---Y un cuerno.
&lt;br&gt; ---¿Qué quieres que diga, cariño?
&lt;br&gt; ---¿Dónde has estado?
&lt;br&gt; ---Salí a tomar un poco el aire.
&lt;br&gt; ---No sabía que ahora tenía ese nombre. Eres una zorra. ---Bueno, y tú
  un cobarde.
&lt;br&gt; ---Muy bien ---dijo él---. ¿Y qué?
&lt;br&gt; ---Por mí, nada. Pero por favor, no hablemos, cariño, porque tengo
  mucho sueño.
&lt;br&gt; ---Crees que voy a tragar con todo.
&lt;br&gt; ---Sé que lo harás, cariño.
&lt;br&gt; ---Bueno, pues no.
&lt;br&gt; ---Por favor, cariño, no hablemos. Tengo mucho sueño. ---Esto no se
  iba a repetir. Me prometiste que se había acabado. ---Bueno, pues
  resulta que no se ha acabado ---dijo ella dulce
&lt;br&gt; mente.
&lt;br&gt; ---Me dijiste que si hacíamos este viaje eso no se repetiría. Me lo
  prometiste.
&lt;br&gt; ---Sí, cariño. Esa era mi intención. Pero ayer el viaje se fue al
  garete. No tenemos por qué hablar de eso, ¿verdad?
&lt;br&gt; ---En cuanto has tenido la oportunidad la has aprovechado, ¿verdad?
&lt;br&gt; ---Por favor, no hablemos. Tengo tanto sueño, cariño. ---Pues pienso
  hablar.
&lt;br&gt; ---Pues no te preocupes por mí, porque yo tengo intención de dormir.
  ---Y eso hizo.
&lt;br&gt; Antes de que amaneciera estaban los tres a la mesa, desayunando, y
  Francis Macomber descubrió que, de todos los hombres a los que había
  odiado, Robert Wilson era el que más odiaba.
&lt;br&gt; ---¿Ha dormido bien? ---preguntó Wilson con su voz ronca, llenando una
  pipa.
&lt;br&gt; ---¿Y usted?
&lt;br&gt; ---De primera ---le dijo el cazador profesional.
&lt;br&gt; Cabrón, se dijo Macomber, cabrón insolente.
&lt;br&gt; Así que ella lo despertó al enttar, se dijo Wilson, mirándolos a los
  dos con sus ojos azules e inexpresivos. Bueno, ¿por qué no la pone en
  su sitio? ¿Qué cree que soy, un maldito santo de yeso? Que la ponga en
  su sitio. Es culpa de él.
&lt;br&gt; ---¿Cree que encontraremos algún búfalo? ---preguntó Margot, apartando
  un plato de albaricoques.
&lt;br&gt; ---Es posible ---dijo Wilson, y le sonrió---. ¿Por qué no se queda en
  el campamento?
&lt;br&gt; ---Por nada del mundo ---le dijo ella.
&lt;br&gt; ---¿Por qué no le ordena que se quede en el campamento? ---le dijo
  Wilson a Macomber.
&lt;br&gt; ---Ordéneselo usted ---le dijo fríamente Macomber. ---Dejémonos de dar
  órdenes ---dijo Margot, y volviéndose hacia Macomber--- y de
  tonterías, Francis. ---Lo dijo en una voz bastante amable.
&lt;br&gt; ---¿Está preparado? ---preguntó Macomber.
&lt;br&gt; ---Cuando quiera ---le dijo Wilson---. ¿Quiere que la memsahib venga?
&lt;br&gt; ---¿Importa algo lo que yo quiera?
&lt;br&gt; Al diablo, se dijo Robert Wilson. Al diablo una y mil veces. Así que
  esas tenemos. Bueno, pues como quieran.
&lt;br&gt; ---Tanto da ---dijo.
&lt;br&gt; ---¿Está seguro de que no le gustaría quedarse solo en el campamento
  con ella y dejar que vaya yo solo a cazar el búfalo? ---preguntó
  Macomber.
&lt;br&gt; ---Eso no lo puede hacer ---dijo Wilson---. Si yo fuera usted no diría
  tonterías.
&lt;br&gt; ---No digo tonterías. Estoy disgustado.
&lt;br&gt; ---Una mala palabra, disgustado.
&lt;br&gt; ---Francis, ¿quieres hacer el favor de hablar con sensatez? ---dijo su
  esposa.
&lt;br&gt; ---Hablo con toda la maldita sensatez del mundo ---dijo Macomber---.
  ¿Ha probado alguna vez una comida tan inmunda como esta?
&lt;br&gt; ---¿Estaba mala la comida? ---preguntó Wilson sin inmutarse. ---No tan
  mal como todo lo demás.
&lt;br&gt; ---Me gustaría que se calmara un poco, hombre ---dijo Wilson sin
  alterarse---. Uno de los criados que sirve la mesa entiende un poco de
  inglés.
&lt;br&gt; ---Que se vaya al infierno.
&lt;br&gt; Wilson se puso en pie y se alejó dando bocanadas a su pipa. Le dijo
  unas palabras en swahili a uno de los porteadores de armas que estaba
  esperándole. Macomber y su mujer se quedaron sentados a la mesa. Él
  miraba fijamente la taza de café.
&lt;br&gt; ---Si armas una escena te dejo, cariño ---dijo Margot sin alterarse.
&lt;br&gt; ---No lo harás.
&lt;br&gt; ---Ponme a prueba.
&lt;br&gt; ---No me dejarás.
&lt;br&gt; ---No ---dijo ella---. No te dejaré si te comportas. ---¿Comportarme?
  Hay que ver. Comportarme.
&lt;br&gt; ---Sí. Compórtate.
&lt;br&gt; ---¿Por qué no pruebas a comportarte tú?
&lt;br&gt; ---Llevo mucho tiempo intentándolo. Muchísimo.
&lt;br&gt; ---Odio a ese cerdo de cara roja ---dijo Macomber---. Odio su sola
  presencia.
&lt;br&gt; ---Pues es muy simpático.
&lt;br&gt; ---Oh, cállate ---casi gritó Macomber. Justo en ese momento apareció
  el coche. Se paró delante de la tienda comedor y salieron el conductor
  y los dos porteadores de armas. Wilson se acercó y se quedó mirando a
  marido y mujerrentados a la mesa.
&lt;br&gt; ---¿Vamos a cazar? ---preguntó.
&lt;br&gt; ---Sí ---dijo Macomber poniéndose en pie---. Sí.
&lt;br&gt; ---Más vale que cojan un jersey. Hará frío en el coche ---dijo Wilson.
&lt;br&gt; ---Cogeré mi chaqueta de piel ---dijo Margot.
&lt;br&gt; ---La tiene el criado ---dijo Wilson. Se subió delante con el
  conductor, y Francis Macomber y su mujer se sentaron detrás sin
  hablar.
&lt;br&gt; Espero que a este idiota no se le ocurra pegarme un tiro en la nuca,
  se dijo Wilson. En un safari las mujeres son un fastidio.
&lt;br&gt; El coche rechinaba al cruzar el río por un vado lleno de rocas a la
  luz gris de la mañana, y subió la otra empinada orilla en ángulo. Allí
  Wilson había ordenado abrir un paso a golpe de pala el día antes para
  que pudieran alcanzar aquella zona ondulada y boscosa que parecía un
  parque.
&lt;br&gt; Era una buena mañana, se dijo Wilson. Había un denso rocío, y cuando
  las ruedas aplastaban las hierbas y las matas bajas le llegaba el olor
  de las frondas aplastadas. Era un olor como a verbena, y le gustaba el
  olor tempranero del rocío, los helechos aplastados y el aspecto de los
  troncos de los árboles, negros entre la neblina matinal, a medida que
  el coche se abría paso por esa ve- getación sin caminos, parecida ala
  de un parque. Había apartado de su mente a los dos que iban detrás y
  estaba pensando en los búfalos. Los búfalos que él perseguía se
  pasaban las horas de sol en un pantano de densa vegetación donde era
  imposible disparar, pero por la noche pacían en una zona de campo
  abierto, y si podían interponerse entre ellos y el pantano con el
  coche, Macomber tendría muchas posibilidades de disparar en un terreno
  abierto. No quería cazar búfalos ni ninguna otra cosa con Macomber en
  una zona de vegetación densa. La verdad es que no quería cazar ni
  búfalos ni ninguna otra cosa con Macomber en ninguna parte, pero era
  un cazador profesional, y en su vida había cazado con gente rara de
  verdad. Si hoy conseguían un búfalo ya solo les quedaría el
  rinoceronte, y el pobre hombre ya habría pasado por esa peligrosa
  prueba y todo volvería a estar en orden. Podría romper con la mujer y
  Macomber también lo superaría. Al parecer había pasado por aquello
  muchas veces. Pobre desgraciado. Debía de tener algún método para
  superarlo. Bueno, al fin y al cabo la culpa era de ese pobre idiota.
&lt;br&gt; El, Robert Wilson, llevaba un catre de dos plazas para acomodar
  cualquier fruta madura que le cayera del cielo. Había cazado para
  cierta clientela, internacional, libertina, deportista, en la que las
  mujeres parecían no quedar del todo satisfechas con el safari hasta
  que compartían ese catre con el cazador profesional. Él las
  despreciaba cuando las tenía lejos, aunque algunas le habían gustado
  bastante en el momento, y se ganaba la vida con ellas; y sus normas
  eran también las de él desde el momento en que lo contrataban.
&lt;br&gt; Obedecía las normas de quienes le contrataban excepto en lo que se
  refería a la caza. En la caza él tenía sus propias normas, y los demás
  o se atenían a ellas o se buscaban a otro. También sabía que todos le
  respetaban por eso. Aunque ese Macomber era un tipo raro. Que me aspen
  si no lo es. Y la mujer. Bueno, la mujer. Sí, la mujer. Mmm, la mujer.
  Bueno, eso lo dejaría correr. Se volvió. Macomber estaba apesadumbrado
  y furioso. Margot le sonrió. Hoy parecía más joven, más inocente y
  lozana, con una belleza no tan profesional. Dios sabe qué hay en su
  corazón, se dijo Wilson. La noche anterior no había hablado mucho.
  Además, era un placer contemplarla.
&lt;br&gt; El coche ascendió una ligera pendiente y prosiguió entre los árboles.
  A continuación se adentro en un claro que era como una pradera
  cubierta de hierba, manteniéndose al abrigo de los árboles de la
  linde. El conductor iba despacio y Wilson observaba atentamente la
  extensión de la pradera hasta donde se perdía, en el horizonte. Hizo
  parar el coche y estudió la planicie con sus binoculares. Luego le
  hizo seña al conductor de que siguiera y el coche avanzó con lentitud,
  evitando los socavones dejados por los jabalíes y esquivando
  montículos de barro construidos por las hormigas. A continuación,
  observando el campo abierto, Wilson se volvió de repente y dijo:
&lt;br&gt; ---¡Dios mío, ahí están!
&lt;br&gt; Y Macomber, mirando hacia donde le señalaban mientras el coche
  avanzaba a saltos y Wilson le hablaba rápidamente en swahili al
  conductor, vio tres enormes animales negros que parecían casi
  cilíndricos de tan largos y gruesos, como grandes tanques negros, que
  galopaban por el otro extremo de la pradera abierta. Galopaban con el
  cuello y el cuerpo rígidos, y pudo ver los cuernos negros, abiertos y
  curvados hacia arriba mientras avanzaban con la cabeza adelantada; no
  movían la cabeza.
&lt;br&gt; ---Son tres búfalos viejos ---dijo Wilson---. Les cortaremos el paso
  antes de que lleguen al pantano.
&lt;br&gt; El coche iba a más de setenta kilómetros por hora a campo abierto, y
  mientras Macomber miraba los búfalos estos se hacían más y más
  grandes, hasta que llegó a distinguir el aspecto gris, costroso y sin
  vello de un toro enorme, el cuello que formaba parte de sus hombros, y
  el negro brillante de sus cuernos. Galopaba un poco rezagado del
  resto, que iban en hilera con su paso firme y veloz; y luego el coche
  dio un bandazo como si se hubiera subido a una carretera, los animales
  se aproximaron y vio la veloz enormidad del toro, y el polvo sobre su
  piel de escaso pelo, la amplia protuberancia del cuerno y el hocico de
  fosas nasales anchas y dilatadas, y ya levantaba el rifle cuando
  Wilson le gritó: «¡Desde el coche no, idiota!», y no tuvo miedo, solo
  odió a Wilson, y hubo un frenazo y el coche derrapó, clavándose de
  lado en el suelo hasta quedar casi parado, y Wilson salió por un lado
  y él por el otro, trastabillando al tocar con los pies el suelo porque
  el coche aún estaba en marcha, y enseguida disparó al toro mientras
  este seguía galopando, oyó cómo las balas le impactaban, vació el
  rifle mientras el animal se alejaba a paso firme, y al final recordó
  que debía dirigir sus disparos entre los hombros, y cuando intentaba
  recargar torpemente vio que el toro estaba en el suelo. Había caído de
  rodillas y sacudía la cabeza. Al ver que los otros dos seguían
  galopando le disparó al líder y le dio. Volvió a disparar y falló, y
  oyó el carauang del rifle de Wilson y vio cómo el líder se desplomaba
  de narices.
&lt;br&gt; ---Dele al otro ---dijo Wilson---. ¡Ahora dispare usted!
&lt;br&gt; Pero el otro toro seguía galopando al mismo ritmo y Macomber falló,
  levantando una salpicadura de polvo, y Wilson falló y el polvo formó
  una nube y Wilson gritó: «¡Vamos, está demasiado lejos!», y le cogió
  del brazo y ya volvían a estar en el coche, Macomber y Wilson
  agarrados a los laterales y avanzando a toda mecha, dando bandazos por
  encima del terreno irregular, acercándose al toro, que seguía con su
  galope constante, veloz, de cuello grueso y línea recta.
&lt;br&gt; Estaban detrás de él y Macomber estaba cargando el rifle, tirando los
  casquillos al suelo, se le encasquilló el arma, la desencasquilló, y
  ya estaban casi encima del toro cuando Wilson gritó: «¡Para!» y el
  coche derrapó y casi vuelcan y Macomber cayó hacia delante sobre los
  pies, cargó el rifle y disparó lo más adelante que pudo apuntar a la
  espalda negra, redondeada y al galope, apuntó y volvió a disparar, y
  otra vez, y otra, y no falló ni una vez, pero las balas no parecían
  afectar al animal. Entonces disparó Wilson, el estampido le dejó
  sordo, y vio que el toro sQ tambaleaba. Macomber volvió a disparar,
  apuntando cuidadosamente, y el animal cayó de rodillas.
&lt;br&gt; ---Muy bien ---dijo Wilson---. Buen trabajo. Este es el tercero.
&lt;br&gt; Macomber se sintió ebrio de euforia.
&lt;br&gt; ---¿Cuántas veces ha disparado? ---preguntó.
&lt;br&gt; ---Solo tres ---dijo Wilson---. Usted mató al primer toro. El más
  grande. Yo le he ayudado a acabar con los otros dos. Temía que se
  metieran en la espesura. Usted los mató. Yo solo le he echado una
  mano. Ha disparado condenadamente bien.
&lt;br&gt; ---Subamos al coche ---dijo Macomber---. Tengo sed.
&lt;br&gt; ---Primero vamos a rematar a ese búfalo ---le dijo Wilson. El búfalo
  estaba de rodillas y sacudía furiosamente la cabeza, bramando furioso
  desde sus ojos hundidos a medida que se le acercaban.
&lt;br&gt; ---Ojo que no se levante ---dijo Wilson. Y añadió---: Póngase un poco
  de lado y dele en el cuello, justo detrás de la oreja.
&lt;br&gt; Macomber apuntó cuidadosamente al centro de ese cuello enorme y
  zarandeado por la rabia y disparó. La cabeza se desplomó hacia
  delante.
&lt;br&gt; ---Ya está ---dijo Wilson---. Le ha dado en el espinazo. Son unos
  animales impresionantes, ¿verdad?
&lt;br&gt; ---Vamos a echar un trago ---dijo Macomber. En su vida se había
  sentido tan bien.
&lt;br&gt; En el coche, la mujer de Macomber estaba pálida.
&lt;br&gt; ---Eres maravilloso, cariño ---le dijo a Macomber---. Menuda
  persecución.
&lt;br&gt; ---¿Ha sido duro?
&lt;br&gt; ---Ha sido espantoso. Nunca había estado tan asustada. ---Echemos un
  trago ---dijo Macomber.
&lt;br&gt; ---Desde luego ---dijo Wilson---. Déselo a la memsahib. ---Margot
  bebió del whisky que había en la petaca y se estremeció un poco al
  tragar. Le entregó la petaca a Macomber, que se la pasó a Wilson.
&lt;br&gt; ---Ha sido de lo más emocionante ---dijo Margot---. Me ha dado un
  terrible dolor de cabeza. No sabía que se permitía disparar desde el
  coche.
&lt;br&gt; ---Nadie ha disparado desde el coche ---dijo Wilson fríamente. ---Me
  refería a perseguirlos con un coche.
&lt;br&gt; ---Normalmente no se hace ---dijo Wilson---. Aunque tal como lo hemos
  hecho me ha parecido bastante deportivo. Nos hemos arriesgado más
  conduciendo por esta planicie llena de baches que si hubiéramos cazado
  a pie. Los búfalos podrían habernos atacado cada vez que disparábamos
  de haber querido. Les hemos dado todas las oportunidades. De todos
  modos no se lo mencione a nadie. Es ilegal, si a eso se refería.
&lt;br&gt; ---A mí me ha parecido muy injusto ---dijo Margot--- perseguir a esos
  grandes animales indefensos en coche.
&lt;br&gt; ---¿Ah, sí? ---dijo Wilson.
&lt;br&gt; ---¿Qué pasaría si se enteraran en Nairobi?
&lt;br&gt; ---Que para empezar perdería mi licencia. Y otras cosas desagradables
  ---dijo Wilson, echando un trago de la petaca---. Me quedaría sin
  trabajo.
&lt;br&gt; ---¿En serio?
&lt;br&gt; ---Sí, en serio.
&lt;br&gt; ---Bueno ---dijo Macomber, y sonrió por primera vez en todo el día---.
  Ahora ella le tiene pifiado.
&lt;br&gt; ---Siempre sabes decir las cosas con tanta delicadeza, Francis ---dijo
  Margot Macomber. Wilson los miró a los dos. Si un cabrón se casa con
  una zorra, pensaba, ¿qué clase de animales serán los hijos? Lo que
  dijo fue---: Hemos perdido a uno de los porteadores. ¿Se han dado
  cuenta?
&lt;br&gt; ---Dios mío, no ---dijo Macomber.
&lt;br&gt; ---Ahí viene ---dijo Wilson-,, Se encuentra bien. Debe de haberse
  caído cuando dejamos atrás el primer búfalo.
&lt;br&gt; Vieron acercarse al porteador de mediana edad, tocado con su gorro de
  punto, su túnica caqui, sus pantalones cortos y sus sandalias de goma.
  Cojeaba, y se le veía sombrío y disgustado. Cuando llegó se dirigió a
  Wilson, y todos vieron el cambio que sufrió la cara del cazador.
&lt;br&gt; ---¿Qué ha dicho? ---preguntó Margot.
&lt;br&gt; ---Dice que el primer toro se ha levantado y se ha metido en la
  espesura. ---Wilson habló con una voz totalmente inexpresiva.
&lt;br&gt; ---Oh ---dijo Macomber, pálido.
&lt;br&gt; ---Entonces va a ser como lo del león ---dijo Margot, llena de
  impaciencia.
&lt;br&gt; ---Ni de casualidad va a ser como lo del león ---le dijo Wilson---.
  ¿Quiere otro trago, Macomber?
&lt;br&gt; ---Sí, gracias ---dijo Macomber. Pensó que volvería a experimentar la
  misma sensación que con el león, pero no fue así. Por primera vez en
  su vida sintió que no tenía miedo. En lugar de miedo le invadía una
  auténtica euforia.
&lt;br&gt; ---Vamos a echarle un vistazo a ese segundo búfalo ---dijo Wilson---.
  Le diré al conductor que ponga el coche en la sombra.
&lt;br&gt; ---¿Qué van a hacer? ---preguntó Margaret Macomber. ---Echarle un
  vistazo al búfalo ---dijo Wilson.
&lt;br&gt; ---Yo también voy.
&lt;br&gt; ---Vamos.
&lt;br&gt; Los tres se acercaron a la negra mole del segundo búfalo, la cabeza
  echada hacia delante, sobre la hierba, los cuernos enormes y
  separados.
&lt;br&gt; ---Es una cabeza magnífica ---dijo Wilson---. Debe de tener más de un
  metro de envergadura.
&lt;br&gt; Macomber lo miraba encantado.
&lt;br&gt; ---A mí me parece algo repugnante ---dijo Margot---. ¿Podemos ir a la
  sombra?
&lt;br&gt; ---Claro ---dijo Wilson---. Mire ---le dijo a Macomber, y seña- 16---:
  ¿Ve aquella espesura?
&lt;br&gt; ---Sí.
&lt;br&gt; ---Ahí es donde se ha metido el primer toro. El porteador dice que
  cuando él se cayó del coche el toro estaba en el suelo. Se quedó
  mirando cómo perseguíamos a toda velocidad a los otros dos búfalos.
  Cuando se volvió se encontró con el búfalo en pie y mirándole. El
  porteador corrió como un demonio y el toro se fue lentamente hacia
  esos matorrales.
&lt;br&gt; ---¿Podemos ir a por él ahora? ---dijo Macomber, impaciente. Wilson lo
  estudió lentamente. Que me aspen si esto no es raro, se dijo. Ayer
  estaba hecho un flan y hoy se comería el mundo.
&lt;br&gt; ---No, démosle un rato.
&lt;br&gt; ---Por favor, vamos a la sombra ---dijo Margot. Tenía la cara blanca y
  parecía enferma.
&lt;br&gt; Se dirigieron al coche, que estaba bajo un solitario árbol de copa
  ancha, y se metieron en él.
&lt;br&gt; ---Lo más probable es que esté muerto ahí dentro ---observó Wilson---.
  Dentro de un rato iremos a echar un vistazo.
&lt;br&gt; Macomber sintió una felicidad desmedida e irracional que nunca había
  experimentado.
&lt;br&gt; ---Dios mío, menuda persecución ---dijo---. Nunca había sentido nada
  igual. ¿No ha sido maravilloso, Margot?
&lt;br&gt; ---A mí me ha parecido horroroso.
&lt;br&gt; ---¿Por qué?
&lt;br&gt; ---Me ha parecido horroroso ---dijo con amargura---. Detestable.
&lt;br&gt; ---¿Sabe?, no creo que nunca vuelva a tener miedo de nada ---le dijo
  Macomber a Wilson---. Algltpasó dentro de mí después de ver el búfalo
  y comenzar a perseguirlo. Como cuando revienta un dique. Ha sido pura
  emoción.
&lt;br&gt; ---Te depura el hígado ---dijo Wilson---. Ala gente le pasan cosas muy
  raras.
&lt;br&gt; La cara de Macomber resplandecía.
&lt;br&gt; ---Algo me ha pasado ---dijo---. Me siento completamente distinto.
&lt;br&gt; Su esposa no dijo nada y le miró con extrañeza. Estaba sentada en el
  extremo del asiento y Macomber se inclinaba hacia delante mientras
  hablaba con Wilson, que estaba de lado, hablando por encima del
  respaldo del asiento delantero.
&lt;br&gt; ---¿Sabe?, me gustaría probar con otro león ---dijo Macomber---. Ahora
  ya no me dan miedo. Después de todo, ¿qué pueden hacerte?
&lt;br&gt; ---Exactamente ---dijo Wilson---. Lo peor que pueden hacerte es
  matarte. ¿Cómo es ese fragmento? Shakespeare. Es buenísimo. A ver si
  me acuerdo. Oh, es buenísimo. Durante una época solía repetírmelo.
  Vamos a ver. «A fe mía que no me importa; un hombre solo puede morir
  una vez; le debemos a Dios una muerte y tanto da cómo se la paguemos;
  el que muere este año, el que viene ya se ha librado.» Buenísimo, ¿eh?
&lt;br&gt; Se avergonzó de haber revelado aquellas palabras que habían guiado su
  vida, pero había visto alcanzarla mayoría de edad a algunos hombres, y
  era algo que siempre le conmovía. Era totalmente distinto de cumplir
  los veintiún años.
&lt;br&gt; Había hecho falta un momento singular en la cacería, una acción
  precipitada que no había dado opción a pensárselo de antemano, para
  provocar aquello en Macomber, pero tanto daba cómo había sucedido, lo
  cierto era que había sucedido. Míralo ahora, se dijo Wilson. Lo que
  pasa es que algunos siguen siendo unos críos durante mucho tiempo, se
  dijo Wilson. Algunos toda la vida. Siguen pareciendo unos chavales
  cuando cumplen los cincuenta. El gran niño-hombre americano. Qué gente
  tan extraña. Pero ahora ese Macomber le caía bien. Un tipo bien raro.
  Probablemente eso también significaría que dejaría de ser un cornudo.
  Bueno, eso sí que estaría bien. Eso estaría de primera. El tipo
  probablemente ha estado toda la vida asustado. No sabe cómo empezó.
  Pero ya lo ha superado. Con el búfalo no ha tenido tiempo de estar
  asustado. Eso y que también estaba furioso. Y el coche. Los coches te
  hacen sentirte más como en casa. Ahora está que se come el mundo. En
  la guerra había visto a gente a la que le pasaba algo parecido. Te
  cambiaba más eso que perder la virginidad. Se te iba el miedo como si
  te lo hubieran extirpado. Y en su lugar surgía otra cosa. Lo más
  importante de un hombre. Lo que le hacía hombre. Las mujeres también
  lo sabían. Adiós al maldito miedo.
&lt;br&gt; Desde la otra punta del asiento Margaret Macomber los miró a los dos.
  En Wilson no había ningún cambio. Vio a Wilson tal como lo había visto
  el día antes, cuando comprendió por primera vez cuál era su gran
  talento. Pero ahora veía el cambio ocurrido en Francis Macomber.
&lt;br&gt; ---¿Siente también usted toda esta felicidad por lo que va a ocurrir?
  ---preguntó Macomber, explorando aún su nueva abundancia.
&lt;br&gt; ---No debe mencionarlo ---le dijo Wilson, observando la cara del
  otro---. Se lleva más decir que está asustado. Y mire lo que le digo,
  también tendrá miedo muchas veces.
&lt;br&gt; ---Pero ¿no siente felicidad por lo que vamos a hacer?
&lt;br&gt; ---Sí ---dijo Wilson---. Eso ocurre. Pero no hay que hablar demasiado
  de esto. Déjelo. Si habla demasiado de una cosa pierde la gracia.
&lt;br&gt; ---No decís más que tonterías, los dos ---dijo Margot---. Solo porque
  habéis cazado unos anisales inocentes desde un coche habláis como si
  fuerais héroes.
&lt;br&gt; ---Lo siento ---dijo Wilson---. Me he disparado. ---Empieza a estar
  preocupada por lo ocurrido, se dijo.
&lt;br&gt; ---Si no sabes de qué hablas, ¿por qué te metes? ---le preguntó
  Macomber a su mujer.
&lt;br&gt; ---De repente te has vuelto muy valiente, así, sin más ---dijo su
  mujer, zahereña. Pero su desprecio era vacilante. Tenía miedo de algo.
&lt;br&gt; Macomber se rió, una carcajada muy natural y campechana.
&lt;br&gt; ---Y que lo digas ---dijo---. Ya lo puedes decir, ya.
&lt;br&gt; ---¿Y no es un poco tarde? ---dijo Margot con amargura. Porque durante
  muchos años había hecho todo lo que había podido, y nadie tenía la
  culpa de que su matrimonio hubiera llegado a esa situación.
&lt;br&gt; ---No para mí ---dijo Macomber.
&lt;br&gt; Margot no dijo nada, pero se reclinó en la esquina del asiento.
&lt;br&gt; ---¿Cree que le hemos dado tiempo suficiente? ---le preguntó
  alegremente Macomber a Wilson.
&lt;br&gt; ---Podemos ir a echar un vistazo ---dijo Wilson---. ¿Le queda
  munición?
&lt;br&gt; ---El porteador sí.
&lt;br&gt; Wilson dijo unas palabras en swahili, y el porteador, que estaba
  desollando una de las cabezas, se enderezó, sacó una caja de balas del
  bolsillo y se las llevó a Macomber, que llenó el cargador y se metió
  el resto en el bolsillo.
&lt;br&gt; ---También podría utilizar el Springfield ---dijo Wilson---. Está
  acostumbrado a él. Dejaremos el Mannlicher en el coche con la
  memsahib. Su porteador puede llevar el arma pesada. Yo tengo este
  maldito cañón. Y ahora deje que le explique una cosa. ---Se había
  guardado esto para el final porque no quería preocupar a Macomber---.
  Cuando un búfalo ataca lo hace con la cabeza alta y echada hacia
  delante. No se le puede disparar al cerebro porque la protuberancia de
  los cuernos lo protege. Solo se le puede disparar a la nariz. Solo hay
  otro disparo bueno, y es al pecho, o, si está de lado, al cuello o a
  los hombros. Una vez han recibido un disparo se ponen hechos una
  furia.No intente ninguna filigrana. Elija la opción más sencilla. Ya
  han acabado de desollar la cabeza. ¿Nos ponemos en marcha?
&lt;br&gt; Llamó a los porteadores, que llegaron sacudiéndose las manos, yel de
  más edad se subió atrás.
&lt;br&gt; ---Solo me llevaré a Kongoni ---dijo Wilson---. El otro puede quedarse
  a vigilar que no vengan los pajarracos.
&lt;br&gt; Mientras el coche avanzaba lentamente por el claro, hacia la isla de
  árboles tupidos que formaban una lengua de follaje siguiendo un cauce
  seco que cortaba el terreno pantanoso abierto, Macomber sintió que de
  nuevo el corazón le latía con fuerza y volvía a tener la boca seca,
  pero era excitación, no miedo.
&lt;br&gt; ---Por aquí es por donde ha entrado ---dijo Wilson. A continuación le
  dijo al porteador en swahili---: Sigue el rastro de sangre.
&lt;br&gt; El coche estaba en paralelo a los matorrales. Macomber, Wilson y el
  porteador se bajaron. Macomber volvió la mirada y vio a su mujer con
  el rifle a su lado, mirándolo. La saludó con la mano, pero ella no le
  devolvió el saludo.
&lt;br&gt; La vegetación era muy espesa, y el terreno estaba seco. El porteador
  de mediana edad sudaba profusamente, y Wilson se inclinó el sombrero
  delante de los ojos y su nuca roja apareció justo delante de Macomber.
  De repente el porteador le dijo algo en swahili a Wilson y echó a
  correr hacia delante.
&lt;br&gt; ---Está muerto ahí delante ---dijo Wilson---. Buen trabajo. ---Se
  volvió para coger la mano de Macomber, y mientras se la estrechaban,
  sonriéndose mutuamente, el porteador se puso a gritar como un loco y
  le vieron salir de la espesura corriendo de lado, veloz como un
  cangrejo, y el toro también salió, el morro levantado, la boca
  apretada, goteando sangre, el gran cabezón hacia delante, a la carga,
  los ojillos hundidos inyectados en sangre mientras los miraba. Wilson,
  que estaba delante, se había arrodillado y disparaba, y Macomber,
  mientras disparaba, no oyendo sus disparos a causa del estruendo del
  arma de Wilson, vio fragmentos como de pizarra que saltaban de la
  enorme protuberancia de los cuernos, y la cabeza sufrió una sacudida,
  y volvió a disparar a las anchas fosas nasales y vio cómo los cuernos
  sufrían otra sacudida y salían volando algunos fragmentos, y ahora no
  veía a Wilson, y, apuntando con cuidado, volvió a disparar, y tenía la
  enorme mole del búfalo casi encima, y el rifle estaba casi alineado
  con la cabeza que acometía, el morro levantado, y podía ver aquellos
  ojillos malignos, y la cabeza empezó a descender y sintió un repentino
  destello cegador, candente que estallaba dentro de su cabeza, y ya
  nunca volvió a sentir nada más.
&lt;br&gt; Wilson se había hecho a un lado para poder disparar a los hombros.
  Macomber había permanecido impertérrito apuntando a la nariz,
  disparando cada vez un pelín alto y dándole en la pesada cornamenta,
  sacándole esquirlas y astillas como si le disparara a un tejado de
  pizarra, y la señora Macomber, en el coche, le había disparado al
  búfalo con el Mannlicher del 6,5 porque pensó que iba a cornear a
  Macomber, pero le había dado a su marido, unos cinco centímetros por
  arriba y un poco a un lado de la base del cráneo.
&lt;br&gt; Ahora Francis Macomber estaba tendido en el suelo, a dos metros de
  donde yacía el búfalo, y su mujer se arrodillaba a su lado, Wilson
  junto a ella.
&lt;br&gt; ---Yo no le daría la vuelta ---dijo Wilson.
&lt;br&gt; La mujer lloraba histérica.
&lt;br&gt; ---Yo de ti volvería al coche ---dijo Wilson---. ¿Dónde está el rifle?
&lt;br&gt; Ella regresó con la cabeza, la cara deformada. El porteador recogió el
  rifle.
&lt;br&gt; ---Déjalo como está ---dijo Wilson. Y luego---: Ve a buscar a Abdulá
  para que dé fe de cómo se ha producido el accidente.
&lt;br&gt; Wilson se arrodilló, sacó un pañuelo del bolsillo y lo extendió sobre
  la cabeza a cepillo de Francis Macomber. La sangre empapó la tierra
  seca y suelta.
&lt;br&gt; Wilson se incorporó y vio el búfalo tendido de lado, las patas
  extendidas, su vientre de pelo ralo poblado de garrapatas. Menudo
  toro, registró automáticamente su cerebro. Aquí hay un metro de
  cornamenta. O más. Mucho más. Llamó al conductor y le dijo que
  extendiera una manta sobre el búfalo y se quedara junto a él. A
  continuación se acercó al coche, donde la mujer lloraba en un rincón.
&lt;br&gt; ---Menuda la has hecho ---dijo en una voz sin inflexiones---. Pero si
  de todos modos él te habría dejado.
&lt;br&gt; ---Cállate ---dijo ella.
&lt;br&gt; ---Por supuesto, ha sido un accidente ---dijo---. Lo sé.
&lt;br&gt; ---Cállate ---dijo ella.
&lt;br&gt; ---No te preocupes ---dijo él---. Habrá que pasar por algunos momentos
  desagradables, pero haré que saquen algunas fotos muy útiles para la
  investigación. También está el testimonio de los porteadores y del
  conductor. Estás completamente a salvo.
&lt;br&gt; ---Cállate ---dijo ella.
&lt;br&gt; ---Hay muchísimas cosas que hacer ---dijo él---. Y tendré que mandar
  un camión al lago para que telegrafíen pidiendo un avión que nos lleve
  a los tres a Nairobi. ¿Por qué no le envenenaste? Es lo que hacen en
  Inglaterra.
&lt;br&gt; ---Cállate. Cállate. Cállate ---gritó la mujer.
&lt;br&gt; Wilson la miró con sus ojos azules e inexpresivos.
&lt;br&gt; ---Ya he terminado ---dijo él---. Me había enfadado un poco. Tu marido
  había empezado a caerme bien.
&lt;br&gt; ---Oh, por favor, cállate ---dijo ella---. Por favor, cállate.
&lt;br&gt; ---Eso está mejor ---dijo Wilson---. Pedirlo por favor es mucho mejor.
  Ahora me callo.&lt;/p&gt;</content><category term="RELATOS CORTOS"/></entry><entry><title>Rima I Yo sé un himno gigante y extraño</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/becquer-rima-i-yo-se-un-himno-gigante.html" rel="alternate"/><published>2018-04-25T18:10:00+02:00</published><updated>2018-04-25T18:10:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-25:/becquer-rima-i-yo-se-un-himno-gigante.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Yo sé un himno gigante y extraño
&lt;br&gt; que anuncia en la noche del alma una aurora,
&lt;br&gt; y estas páginas son de este himno
&lt;br&gt; cadencias que el aire dilata en la sombras.
&lt;br&gt; Yo quisiera escribirlo, del hombre
&lt;br&gt; domando el rebelde, mezquino idioma,
&lt;br&gt; con palabras que fuesen a un tiempo
&lt;br&gt; suspiros y …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Yo sé un himno gigante y extraño
&lt;br&gt; que anuncia en la noche del alma una aurora,
&lt;br&gt; y estas páginas son de este himno
&lt;br&gt; cadencias que el aire dilata en la sombras.
&lt;br&gt; Yo quisiera escribirlo, del hombre
&lt;br&gt; domando el rebelde, mezquino idioma,
&lt;br&gt; con palabras que fuesen a un tiempo
&lt;br&gt; suspiros y risas, colores y notas.
&lt;br&gt; Pero en vano es luchar; que no hay cifra
&lt;br&gt; capaz de encerrarle, y apenas ¡oh hermosa!
&lt;br&gt; si teniendo en mis manos las tuyas
&lt;br&gt; pudiera, al oído, cantártelo a solas.&lt;/p&gt;</content><category term="Bécquer"/></entry><entry><title>El vino del estío</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/ray-bradbury-el-vino-del-estio.html" rel="alternate"/><published>2018-04-12T19:09:00+02:00</published><updated>2018-04-12T19:09:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-12:/ray-bradbury-el-vino-del-estio.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;Ray Bradbury&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Este relato corto es en realidad el primer capítulo de la novela de Ray Bradbury \"Dandelion wine\". En él, Bradbury nos sumerge en el ambiente de Waukegan, el lugar donde nació que él renombra aquí como el Pueblo Verde. Sus palabras van transportando al lector a la primera …&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;Ray Bradbury&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Este relato corto es en realidad el primer capítulo de la novela de Ray Bradbury \"Dandelion wine\". En él, Bradbury nos sumerge en el ambiente de Waukegan, el lugar donde nació que él renombra aquí como el Pueblo Verde. Sus palabras van transportando al lector a la primera madrugada de un verano cálido que despierta a las órdenes de un niño mago de doce años. Desde las primeras líneas, Bradbury tiene la virtud de sumergirnos en su descripción como si la estuviéramos viviendo, gracias al instrumento infalible de su prosa poética.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Era una madrugada tranquila. La oscuridad cubría el pueblo y se estaba
bien en la cama. El verano henchía el aire, el viento soplaba
adecuadamente, el aliento del mundo era largo, tibio y lento. Bastaba
levantarse y asomarse a la ventana para saber que éste era realmente el
tiempo primero de la libertad y la vida, que ésta era la madrugada
primera del estío.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Douglas Spaulding, de doce años, abrió los ojos y dejó que el verano lo
meciera perezosamente en su corriente nocturna. Acostado, sintió que
cabalgaba en los elevados vientos de junio, con el alto poder que le
daba el cuarto abovedado de un tercer piso, en el edificio mayor del
pueblo. De noche, cuando los árboles eran una única ola, lanzaba su
mirada, como la luz de un faro, sobre enjambres de olmos y robles y
arces. Ahora...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Oh... -susurró Douglas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todo un verano que atravesaría el calendario, día a día. Como la diosa
Siva en los libros de viaje, vio unas manos que iban y venían,
recogiendo manzanas ácidas, melocotones, y ciruelas de medianoche. Se
vestiría de árboles y arbustos y ríos. Se helaría, alegremente, en la
puerta escarchada de la casa de los helados. Se tostaría, felizmente,
con diez mil pollos, en el horno de la abuela. Pero ahora lo esperaba
una tarea familiar. Una noche, todas las semanas, dejaba a sus padres y
su hermanito Tom, que dormían en la casita de al lado, y subía aquí, por
la oscura escalera de caracol, a la cúpula de los abuelos, y en esta
torre de brujo podía dormir con truenos y visiones, y despertar antes
del cristalino tintineo de las botellas de leche, y celebrar su ritual
mágico. De pie, ante la ventana abierta en la oscuridad, Douglas aspiró
profundamente, y sopló. Las luces de la calle se apagaron como velas en
una torta negra. Sopló otra vez y otra vez, y las estrellas empezaron a
desvanecerse. Sonrió. Apuntó con el dedo. Allí y aquí. Ahora aquí, y
aquí... Las luces de las casas parpadearon lentamente y unos cuadrados
amarillos se recortaron en la pálida tierra matinal. Un rocío de
ventanas se encendió de pronto, a lo lejos, en el campo del alba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Bostezad todos. Todos arriba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El caserón se movió en el piso bajo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-¡Abuelo, saca los dientes del vaso!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esperó un momento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-¡Abuela, bisabuela, freíd las tortas!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El aroma caliente de la manteca subió por los callados pasillos y visitó
a los pensionistas, los tíos, los primos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Calle donde viven los viejos, ¡despierta! Señorita Helen Loomis,
coronel Freeleigh, señorita Bentley, ¡tosan, despierten, tomen sus
píldoras, muévanse! Señor Jonas, ¡enganche su caballo, saque su carro!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las casas descoloridas en la barranca del pueblo abrieron unos
taciturnos ojos de dragón. Pronto dos viejas resbalarían en la Máquina
Verde por las avenidas matinales, saludando a todos los perros.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Señor Tridden, ¡busque su carreta!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pronto, echando chispas azules, el tranvía del pueblo navegaría por las
calles de márgenes de ladrillos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-¿Listos, John Huff, Charlie Woodman? -murmuró Douglas a la calle de los
niños-. ¿Listas? -les dijo a las húmedas pelotas de béisbol en los
prados, a las hamacas que colgaban vacías de los árboles.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Mamá, papá, Tom, despertad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los relojes despertadores sonaron débilmente. El reloj de la alcaldía
retumbó sobre el pueblo. Los pájaros saltaron de los árboles, como una
red echada al aire, cantando. Douglas, director de una orquesta, apuntó
al cielo del este.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El sol empezó a levantarse. Douglas cruzó los brazos y sonrió con una
sonrisa de mago. Sí, señor, pensó, todos saltan, todos corren cuando
grito. Será una estación maravillosa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Castañeteó los dedos por última vez. Las puertas se abrieron de par en
par.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La gente salió de las casas. Empezaba el verano de 1928.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;Dandelion Wine, 1957&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;</content><category term="RELATOS CORTOS"/></entry><entry><title>Por ti, para que tú un día llegaras...</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/rainer-maria-rilke-por-ti-para-que-tu-un-dia-llegaras.html" rel="alternate"/><published>2018-04-09T19:42:00+02:00</published><updated>2018-04-09T19:42:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-09:/rainer-maria-rilke-por-ti-para-que-tu-un-dia-llegaras.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Por ti, para que tú un día llegaras,
&lt;br&gt; ¿no respiraba yo a media noche
&lt;br&gt; el flujo que ascendía de las noches?
&lt;br&gt; Porque esperaba, con magnificencias
&lt;br&gt; casi inagotables, saciar tu rostro
&lt;br&gt; cuando reposó una vez contra el mío
&lt;br&gt; en infinita suposición.
&lt;br&gt; Silencioso se hizo espacio en mis rasgos;
&lt;br&gt; para responder a …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Por ti, para que tú un día llegaras,
&lt;br&gt; ¿no respiraba yo a media noche
&lt;br&gt; el flujo que ascendía de las noches?
&lt;br&gt; Porque esperaba, con magnificencias
&lt;br&gt; casi inagotables, saciar tu rostro
&lt;br&gt; cuando reposó una vez contra el mío
&lt;br&gt; en infinita suposición.
&lt;br&gt; Silencioso se hizo espacio en mis rasgos;
&lt;br&gt; para responder a tu gran mirada
&lt;br&gt; se espejaba, se ahondaba mi sangre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¡Qué expresión fue sembrada en mi interior
&lt;br&gt; para que, cuando crece tu sonrisa,
&lt;br&gt; proyecte sobre ti espacio cósmico!
&lt;br&gt; Pero tú no vienes, o vienes demasiado tarde.
&lt;br&gt; Precipitaros, ángeles, sobre este
&lt;br&gt; linar azul. ¡Segad, segad, oh ángeles!&lt;/p&gt;</content><category term="Rainer Maria Rilke"/></entry><entry><title>Las rosas</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/rainer-maria-rilke-las-rosas.html" rel="alternate"/><published>2018-04-07T14:42:00+02:00</published><updated>2018-04-07T14:42:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-07:/rainer-maria-rilke-las-rosas.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;I&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Si tu frescura a veces nos sorprende tanto,
&lt;br&gt; dichosa rosa,
&lt;br&gt; es que en ti misma, por dentro,
&lt;br&gt; pétalo contra pétalo, te reposas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Conjunto bien despierto cuyo centro
&lt;br&gt; duerme, mientras se tocan, innumerables,
&lt;br&gt; las ternuras de ese corazón silencioso
&lt;br&gt; que suben hasta la extrema boca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;II&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Te veo, rosa, libro …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;I&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Si tu frescura a veces nos sorprende tanto,
&lt;br&gt; dichosa rosa,
&lt;br&gt; es que en ti misma, por dentro,
&lt;br&gt; pétalo contra pétalo, te reposas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Conjunto bien despierto cuyo centro
&lt;br&gt; duerme, mientras se tocan, innumerables,
&lt;br&gt; las ternuras de ese corazón silencioso
&lt;br&gt; que suben hasta la extrema boca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;II&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Te veo, rosa, libro entreabierto,
&lt;br&gt; que contiene tantas páginas
&lt;br&gt; de dicha detallada
&lt;br&gt; que nadie leerá nunca. Libro-mago&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; que se abre al viento y se puede leer
&lt;br&gt; con los ojos cerrados...,
&lt;br&gt; del que salen mariposas turbadas
&lt;br&gt; por habérsele ocurrido las mismas ideas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;III&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Rosa, tú, oh cosa por excelencia completa
&lt;br&gt; que se contiene en sí misma infinitamente
&lt;br&gt; y que infinitamente se expande, oh cabeza
&lt;br&gt; de un cuerpo ausente de tan suave,
&lt;br&gt; nada te iguala, oh tú, suprema esencia
&lt;br&gt; de este flotante ámbito;
&lt;br&gt; de este espacio de amor en el que, apenas se avanza,
&lt;br&gt; tu aroma nos envuelve.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;IV&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Nosotros fuimos, empero, quienes te propusimos
&lt;br&gt; llenar tu cáliz.
&lt;br&gt; Encantanda con ese artificio
&lt;br&gt; tu abundancia lo había intentado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Asaz rica para llegar a ser cien veces tú misma
&lt;br&gt; en una sola flor;
&lt;br&gt; es el estado de quien ama...
&lt;br&gt; Pero nunca pensaste en otra cosa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;V&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Abandono rodeado de abandono,
&lt;br&gt; ternura contra ternuras...
&lt;br&gt; Es tu interior el que, sin cesar,
&lt;br&gt; parece que se acaricia;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; se acaricia en sí mismo,
&lt;br&gt; por su propio reflejo iluminado.
&lt;br&gt; Así inventas el tema
&lt;br&gt; del Narciso que alcanza su deseo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;VI&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Una sola rosa es todas las rosas
&lt;br&gt; y es ésta: el irreemplazable,
&lt;br&gt; el perfecto, el dócil vocablo,
&lt;br&gt; que encuadra el texto de las cosas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Cómo lograr decir sin ella
&lt;br&gt; lo que fueron nuestras esperanzas,
&lt;br&gt; y las tiernas intermitencias
&lt;br&gt; en nuestro incesante partir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;VII&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Apoyándote, fresca, clara
&lt;br&gt; rosa, contra mi ojo cerrado -,
&lt;br&gt; parecerías mil párpados
&lt;br&gt; superpuestos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; contra el mío, ardiente.
&lt;br&gt; Mil sueños contra mi disimulo
&lt;br&gt; bajo el cual voy, errante,
&lt;br&gt; por el perfumado laberinto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;VIII&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; De tu sueño asaz repleto,
&lt;br&gt; flor por dentro numerosa,
&lt;br&gt; mojada como una llorona
&lt;br&gt; te inclinas sobre la mañana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Tus suaves fuerzas que duermen
&lt;br&gt; en incierto deseo,
&lt;br&gt; desenvuelven las tiernas formas
&lt;br&gt; entre mejillas y senos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;IX&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Rosa, por entero ardiente y sin embargo clara,
&lt;br&gt; que tendríamos que llamar relicario
&lt;br&gt; de Santa Rosa..., rosa que difunde
&lt;br&gt; su aroma turbador de santa desnuda.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Rosa ya nunca más tentada, desconcertante
&lt;br&gt; por su paz interior; amante última,
&lt;br&gt; tan lejos de Eva, de su primera alarma -,
&lt;br&gt; rosa que infinitamente posee la pérdida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;X&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Amiga de las horas en las que nadie queda,
&lt;br&gt; en que todo se niega al corazón amargo;
&lt;br&gt; consoladora cuya presencia atestigua
&lt;br&gt; tantas caricias que flotan en el aire.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Si renunciamos a vivir, si renegamos
&lt;br&gt; de lo que era y de lo por venir,
&lt;br&gt; ¿pensamos, acaso, lo bastante en la insistente amiga
&lt;br&gt; que a nuestro lado cumple con su labor de hada?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XI&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Tengo una tal conciencia de tu
&lt;br&gt; ser, rosa completa,
&lt;br&gt; que mi consentimiento te confunde
&lt;br&gt; con mi festivo corazón.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Te respiro como si fueses,
&lt;br&gt; rosa, la vida entera,
&lt;br&gt; y me siento el amigo perfecto
&lt;br&gt; de una tal amiga.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XII&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿Contra quién, rosa,
&lt;br&gt; has adoptado
&lt;br&gt; estas espinas?
&lt;br&gt; ¿Tu alegría demasiado fina
&lt;br&gt; te obligó
&lt;br&gt; a transformarte en esta cosa
&lt;br&gt; armada?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Pero, ¿de quién te proteje
&lt;br&gt; esta arma exagerada?
&lt;br&gt; Cuántos enemigos te he
&lt;br&gt; sacado
&lt;br&gt; que no le tenían miedo alguno.
&lt;br&gt; Al contrario, del verano al otoño,
&lt;br&gt; hieres los cuidados
&lt;br&gt; que se te prodigan.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XIII&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿Prefieres, rosa, ser la ardiente compañera
&lt;br&gt; de nuestros arrebatos presentes?
&lt;br&gt; ¿Es el recuerdo quien te invade aún más
&lt;br&gt; cuando se va una dicha?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Tantas veces te he visto, feliz y seca,
&lt;br&gt; -cada pétalo una mortaja-
&lt;br&gt; en un cofre perfumado, junto a una mecha
&lt;br&gt; o en un libro amado que releeremos solos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XIV&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Verano : ser por unos días
&lt;br&gt; coetáneo de las rosas;
&lt;br&gt; respirar lo que flota en torno
&lt;br&gt; de sus almas abiertas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Hacer de cada una que muere
&lt;br&gt; una confidente,
&lt;br&gt; y sobrevivir a esa hermana
&lt;br&gt; en otras rosas ausente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XV&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Sola, oh abundante flor,
&lt;br&gt; creas tu propio espacio;
&lt;br&gt; admiras tu imagen en un espejo
&lt;br&gt; de fragancia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Tu perfume envuelve como otros pétalos
&lt;br&gt; tu cáliz innumerable.
&lt;br&gt; Yo te retengo, tú te muestras,
&lt;br&gt; Prodigiosa actriz&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XVI&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; No hablemos de ti. Eres inefable
&lt;br&gt; por naturaleza.
&lt;br&gt; Otras flores adornan la mesa
&lt;br&gt; que tú transfiguras.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Te ponen en un simple jarrón -,
&lt;br&gt; y he aquí que todo cambia:
&lt;br&gt; es la misma frase, quizás,
&lt;br&gt; pero cantada por un ángel.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XVII&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Eres tú quien preparas en ti misma
&lt;br&gt; algo más que tú, tu última esencia.
&lt;br&gt; Lo que sale de ti, turbadora emoción,
&lt;br&gt; es tu danza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Cada pétalo consiente
&lt;br&gt; y da en el viento
&lt;br&gt; algunos pasos perfumados
&lt;br&gt; invisibles.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Oh música de los ojos
&lt;br&gt; toda rodeada por ellos,
&lt;br&gt; te vuelves en el medio
&lt;br&gt; intangible.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XVIII&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Todo lo que nos emociona lo compartes.
&lt;br&gt; Pero lo que te ocurre lo ignoramos.
&lt;br&gt; Habría que ser cien mariposas
&lt;br&gt; para leer todas tus páginas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Algunas de vosotras sois como diccionarios;
&lt;br&gt; quienes las cortan
&lt;br&gt; querrían encuadernar todas esas hojas.
&lt;br&gt; En cuanto a mí, amo las rosas epistolares.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XIX&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿Es como ejemplo que te propones ?
&lt;br&gt; ¿Puede uno colmarse como las rosas
&lt;br&gt; multiplicando su materia sutil
&lt;br&gt; que fue hecha para no hacer nada?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Ya que ser una rosa no es
&lt;br&gt; según parece, trabajar,
&lt;br&gt; Dios, mientras mira por la ventana,
&lt;br&gt; hace la casa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XX&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Dime, rosa, ¿cómo es
&lt;br&gt; que en ti misma encerrada,
&lt;br&gt; tu lenta esencia impone
&lt;br&gt; a este espacio en prosa
&lt;br&gt; tantos aéreos transportes?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Cuántas veces el aire
&lt;br&gt; pretende que lo horadan las cosas
&lt;br&gt; o, bien con un mohín,
&lt;br&gt; se muestra amargo.
&lt;br&gt; Mientras que en torno de tu carne,
&lt;br&gt; rosa, se pavonea.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XXI&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿No te produce vértigo girar
&lt;br&gt; en torno a ti misma sobre tu tallo
&lt;br&gt; para terminarte, rosa redonda?
&lt;br&gt; Pero cuando tu propio ímpetu te inunda,&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; en tu capullo te ignoras.
&lt;br&gt; Es un mundo que gira en redondo
&lt;br&gt; para que su calmo centro ose
&lt;br&gt; el redondo reposo de la rosa redonda.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XXII&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; De nuevo, tú sales
&lt;br&gt; del país de los muertos,
&lt;br&gt; rosa, tú que llevas
&lt;br&gt; hacia un día de oro&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; esta dicha convencida.
&lt;br&gt; ¿Lo autorizan, acaso, esos
&lt;br&gt; cuyos cráneos vacíos
&lt;br&gt; nunca supieron tanto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XXIII&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Rosa, que tan tarde llegaste y a quien las noches amargas
&lt;br&gt; detienen con su excesiva claridad sideral,
&lt;br&gt; rosa, ¿adivinas las fáciles delicias plenas
&lt;br&gt; de tus hermanas estivales?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Durante días y días te veo vacilar
&lt;br&gt; en tu vaina demasiado ajustada.
&lt;br&gt; Rosa que, al nacer, imitas al revés
&lt;br&gt; las lentitudes de la muerte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿Tu estado innumerable te hace conocer
&lt;br&gt; en una mezcla en que todo se confunde
&lt;br&gt; ese acuerdo inefable de la nada y el ser
&lt;br&gt; que nosotros ignoramos?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;XXIV&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Rosa, ¿hubiéramos tenido que dejarte fuera,
&lt;br&gt; amada exquisita?
&lt;br&gt; ¿Qué hace una rosa allí donde el destino
&lt;br&gt; en nosotros se agota?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; No hay retorno. Hete aquí:
&lt;br&gt; con nosotros
&lt;br&gt; compartes, arrobada, esta vida, esta vida
&lt;br&gt; que no es la de tu tiempo.&lt;/p&gt;</content><category term="Rainer Maria Rilke"/></entry><entry><title>Canción de amor</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/rainer-maria-rilke-cancion-de-amor.html" rel="alternate"/><published>2018-04-07T14:40:00+02:00</published><updated>2018-04-07T14:40:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-07:/rainer-maria-rilke-cancion-de-amor.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿Cómo sujetar mi alma para
&lt;br&gt; que no roce la tuya?
&lt;br&gt; ¿Cómo debo elevarla
&lt;br&gt; hasta las otras cosas, sobre ti?
&lt;br&gt; Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
&lt;br&gt; en un rincón extraño y mudo
&lt;br&gt; donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
&lt;br&gt; nos une, como un golpe …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿Cómo sujetar mi alma para
&lt;br&gt; que no roce la tuya?
&lt;br&gt; ¿Cómo debo elevarla
&lt;br&gt; hasta las otras cosas, sobre ti?
&lt;br&gt; Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
&lt;br&gt; en un rincón extraño y mudo
&lt;br&gt; donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Pero todo aquello que tocamos, tú y yo,
&lt;br&gt; nos une, como un golpe de arco,
&lt;br&gt; que una sola voz arranca de dos cuerdas.
&lt;br&gt; ¿En qué instrumento nos tensaron?
&lt;br&gt; ¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?
&lt;br&gt; ¡Oh, dulce canto!&lt;/p&gt;</content><category term="Rainer Maria Rilke"/></entry><entry><title>Defensa de los lobos contra los corderos</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/hans-magnus-enzensberger-defensa-de-los-lobos-contra-los-corderos.html" rel="alternate"/><published>2018-04-05T21:10:00+02:00</published><updated>2018-04-05T21:10:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-05:/hans-magnus-enzensberger-defensa-de-los-lobos-contra-los-corderos.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿queréis que los buitres devoren nomeolvides?
&lt;br&gt; ¿del chacal qué cosa pretendéis,
&lt;br&gt; que se despoje de su piel, y del lobo:
&lt;br&gt; debe arrancarse por sí mismo los colmillos?
&lt;br&gt; ¿qué os disgusta tanto
&lt;br&gt; de comisarios y pontífices?
&lt;br&gt; ¿qué miráis boquiabiertos
&lt;br&gt; en la mentirosa pantalla del televisor?
&lt;br&gt; ¿quién …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿queréis que los buitres devoren nomeolvides?
&lt;br&gt; ¿del chacal qué cosa pretendéis,
&lt;br&gt; que se despoje de su piel, y del lobo:
&lt;br&gt; debe arrancarse por sí mismo los colmillos?
&lt;br&gt; ¿qué os disgusta tanto
&lt;br&gt; de comisarios y pontífices?
&lt;br&gt; ¿qué miráis boquiabiertos
&lt;br&gt; en la mentirosa pantalla del televisor?
&lt;br&gt; ¿quién le cose al general
&lt;br&gt; la franja de sangre en los pantalones?
&lt;br&gt; ¿quién le parte el pollo al usurero?
&lt;br&gt; ¿quién se cuelga orgulloso del ombligo gruñón esas cruces de lata?
  ¿quién
&lt;br&gt; coge la propina, la moneda de plata,
&lt;br&gt; el óbolo del silencio?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; muchos son los robados, y pocos los ladrones.
&lt;br&gt; pero ¿quién los aplaude? ¿quién
&lt;br&gt; los condecora y distingue? ¿quién
&lt;br&gt; está hambriento de mentiras?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; contemplaos al espejo: cobardes
&lt;br&gt; que os asusta la verdad fatigosa
&lt;br&gt; y os repugna aprender
&lt;br&gt; y encomendáis a los lobos la función de pensar.
&lt;br&gt; un anillo en la nariz es vuestra joya predilecta.
&lt;br&gt; para vosotros ningún engaño es lo bastante estúpido,
&lt;br&gt; ningún consuelo demasiado barato,
&lt;br&gt; ningún chantaje demasiado blando.
&lt;br&gt; comparados a vosotros, corderos
&lt;br&gt; que mutuamente enceguecéis
&lt;br&gt; son fraternales las cornejas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; entre los lobos reina la hermandad:
&lt;br&gt; siempre van en manadas.
&lt;br&gt; alabados sean los ladrones:
&lt;br&gt; vosotros invitándolos a la violación,
&lt;br&gt; os echáis en las camas podridas
&lt;br&gt; de la obediencia, y mentís
&lt;br&gt; incluso gimoteando,
&lt;br&gt; lo que deseáis es que os devoren. Vosotros
&lt;br&gt; no cambiaréis el mundo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;(Poema transcrito con la puntuación y uso de mayúsculas del autor.)&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;</content><category term="Hans Magnus Enzensberger"/></entry><entry><title>Canción para los que saben</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/hans-magnus-enzensberger-cancion-para-los-que-saben.html" rel="alternate"/><published>2018-04-05T19:21:00+02:00</published><updated>2018-04-05T19:21:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-05:/hans-magnus-enzensberger-cancion-para-los-que-saben.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; sabemos que hay que hacer algo inmediatamente
&lt;br&gt; lo sabemos
&lt;br&gt; pero naturalmente es demasiado pronto para hacerlo
&lt;br&gt; pero naturalmente es demasiado tarde para hacerlo
&lt;br&gt; lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; que realmente estamos bastante bien
&lt;br&gt; y que así vamos a continuar
&lt;br&gt; y que esto no sirve para nada
&lt;br&gt; lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; que somos nosotros los culpables …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; sabemos que hay que hacer algo inmediatamente
&lt;br&gt; lo sabemos
&lt;br&gt; pero naturalmente es demasiado pronto para hacerlo
&lt;br&gt; pero naturalmente es demasiado tarde para hacerlo
&lt;br&gt; lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; que realmente estamos bastante bien
&lt;br&gt; y que así vamos a continuar
&lt;br&gt; y que esto no sirve para nada
&lt;br&gt; lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; que somos nosotros los culpables
&lt;br&gt; y que no es culpa nuestra que seamos culpables
&lt;br&gt; y que somos culpables por ese mismo hecho
&lt;br&gt; y que estamos hartos con ello
&lt;br&gt; lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; que quizá no vendría mal callarse un poco
&lt;br&gt; y que a fin de cuentas no vamos a callarnos
&lt;br&gt; lo sabemos
&lt;br&gt; lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y que a nadie podemos ayudar verdaderamente
&lt;br&gt; y que nadie verdaderamente puede ayudarnos
&lt;br&gt; lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y que somos tan inteligentes
&lt;br&gt; y libres para elegir entre la nada y lo nulo
&lt;br&gt; y que debemos estudiar este problema muy cuidadosamente
&lt;br&gt; y que echamos dos terrones de azúcar en el té
&lt;br&gt; lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; que somos enemigos de la opresión
&lt;br&gt; y que los cigarrillos han subido de precio
&lt;br&gt; lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y que la nación se está metiendo en un tremendo lío
&lt;br&gt; y que nuestros vaticinios se mostrarán ciertos
&lt;br&gt; y que no sirven para nada
&lt;br&gt; lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y que todo esto es verdad
&lt;br&gt; lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y que sobrevivir no es todo sino muy poca cosa
&lt;br&gt; lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y que sobreviviremos
&lt;br&gt; lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y que todo esto no es nada nuevo
&lt;br&gt; y que la vida es preciosa
&lt;br&gt; y que eso es todo
&lt;br&gt; lo sabemos
&lt;br&gt; lo sabemos
&lt;br&gt; lo sabemos perfectamente bien&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y que lo sabemos perfectamente bien
&lt;br&gt; eso también lo sabemos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;(Transcripción del poema respetando el uso de minúsculas y la
puntuación, tal como lo escribió el autor.)&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;</content><category term="Hans Magnus Enzensberger"/></entry><entry><title>La mejor cosa del mundo</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/elizabeth-barret-browning-la-mejor-cosa-del-mundo.html" rel="alternate"/><published>2018-04-03T21:47:00+02:00</published><updated>2018-04-03T21:47:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-03:/elizabeth-barret-browning-la-mejor-cosa-del-mundo.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿Cuál es la mejor cosa del mundo?
&lt;br&gt; Las rosas de junio perladas por el rocío de mayo;
&lt;br&gt; El dulce viento del sur diciendo que no lloverá;
&lt;br&gt; La Verdad, con los amigos despojada de crueldad;
&lt;br&gt; La Belleza, no envanecida hasta agotar su orgullo;
&lt;br&gt; El Amor, cuando somos amados de nuevo.
&lt;br&gt; ¿Cuál …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿Cuál es la mejor cosa del mundo?
&lt;br&gt; Las rosas de junio perladas por el rocío de mayo;
&lt;br&gt; El dulce viento del sur diciendo que no lloverá;
&lt;br&gt; La Verdad, con los amigos despojada de crueldad;
&lt;br&gt; La Belleza, no envanecida hasta agotar su orgullo;
&lt;br&gt; El Amor, cuando somos amados de nuevo.
&lt;br&gt; ¿Cuál es la mejor cosa del mundo?
&lt;br&gt; Algo fuera de él, pienso.&lt;/p&gt;</content><category term="Elizabeth Barret Browning"/></entry><entry><title>El rostro del mundo ha cambiado</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/elizabeth-barret-browning-el-rostro-del-mundo-ha-cambiado.html" rel="alternate"/><published>2018-04-03T21:46:00+02:00</published><updated>2018-04-03T21:46:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-03:/elizabeth-barret-browning-el-rostro-del-mundo-ha-cambiado.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; El rostro del mundo ha cambiado
&lt;br&gt; desde que oí los pasos de tu alma, leves
&lt;br&gt; ¡oh, muy leves!, junto a mí, deslizándose
&lt;br&gt; entre mí y la terrible grieta de la muerte
&lt;br&gt; donde pensaba hundirme, mas fuí elevada
&lt;br&gt; hacia el amor y conocí una nueva canción
&lt;br&gt; para mecer las mareas de …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; El rostro del mundo ha cambiado
&lt;br&gt; desde que oí los pasos de tu alma, leves
&lt;br&gt; ¡oh, muy leves!, junto a mí, deslizándose
&lt;br&gt; entre mí y la terrible grieta de la muerte
&lt;br&gt; donde pensaba hundirme, mas fuí elevada
&lt;br&gt; hacia el amor y conocí una nueva canción
&lt;br&gt; para mecer las mareas de la vida.
&lt;br&gt; Apuré sedienta la copa de las amarguras
&lt;br&gt; que Dios, al nacer, nos regala,
&lt;br&gt; A tu lado, mi amor, he loado su dulzura.
&lt;br&gt; El nombre de las tierras y del cielo se mudan,
&lt;br&gt; cambian según donde estés
&lt;br&gt; o hayas de estar algún un día.
&lt;br&gt; Antes adoraba este laúd y éste canto mío,
&lt;br&gt; (los ángeles bien lo saben), aún los quiero,
&lt;br&gt; sólo porque tu nombre se mezcla con su ritmo.&lt;/p&gt;</content><category term="Elizabeth Barret Browning"/></entry><entry><title>¿De qué modo te amo?</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/elizabeth-barret-browning-de-que-modo-te-amo.html" rel="alternate"/><published>2018-04-03T21:43:00+02:00</published><updated>2018-04-03T21:43:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-03:/elizabeth-barret-browning-de-que-modo-te-amo.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿De qué modo te amo? Deja que cuente las formas:
&lt;br&gt; Te amo desde el hondo abismo hasta la región más alta
&lt;br&gt; que mi alma pueda alcanzar, cuando persigo en vano
&lt;br&gt; las fronteras del Ser y la Gracia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Te amo en el calmo instante de cada día,
&lt;br&gt; con el sol y …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ¿De qué modo te amo? Deja que cuente las formas:
&lt;br&gt; Te amo desde el hondo abismo hasta la región más alta
&lt;br&gt; que mi alma pueda alcanzar, cuando persigo en vano
&lt;br&gt; las fronteras del Ser y la Gracia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Te amo en el calmo instante de cada día,
&lt;br&gt; con el sol y la tenue luz de la lámpara.
&lt;br&gt; Te amo en libertad, como se aspira al Bien;
&lt;br&gt; Te amo con pureza, como se alcanza la Gloria.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Te amo con la pasión que antes puse
&lt;br&gt; en mis viejos lamentos, con mi fe de niña.
&lt;br&gt; Te amo con la ternura que creí perder
&lt;br&gt; cuando mis santos se desvanecieron.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Te amo con cada frágil aliento,
&lt;br&gt; con cada sonrisa y con cada lágrima de mi ser;
&lt;br&gt; y si Dios así lo desea,
&lt;br&gt; tras la muerte te amaré aun más.&lt;/p&gt;</content><category term="Elizabeth Barret Browning"/></entry><entry><title>Muere lentamente</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/martha-medeiros-muere-lentamente.html" rel="alternate"/><published>2018-04-02T15:22:00+02:00</published><updated>2018-04-02T15:22:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-02:/martha-medeiros-muere-lentamente.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Muere lentamente
&lt;br&gt; quien se transforma en esclavo del hábito,
&lt;br&gt; repitiendo todos los días los mismos trayectos,
&lt;br&gt; quien no cambia de marca.
&lt;br&gt; No arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Muere lentamente
&lt;br&gt; quien hace de la televisión su gurú.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Muere lentamente
&lt;br&gt; quien evita una pasión …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Muere lentamente
&lt;br&gt; quien se transforma en esclavo del hábito,
&lt;br&gt; repitiendo todos los días los mismos trayectos,
&lt;br&gt; quien no cambia de marca.
&lt;br&gt; No arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Muere lentamente
&lt;br&gt; quien hace de la televisión su gurú.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Muere lentamente
&lt;br&gt; quien evita una pasión,
&lt;br&gt; quien prefiere el negro sobre blanco
&lt;br&gt; y los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones,
&lt;br&gt; justamente las que rescatan el brillo de los ojos,
&lt;br&gt; sonrisas de los bostezos,
&lt;br&gt; corazones a los tropiezos y sentimientos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Muere lentamente
&lt;br&gt; quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo,
&lt;br&gt; quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un
  sueño,
&lt;br&gt; quien no se permite por lo menos una vez en la vida,
&lt;br&gt; huir de los consejos sensatos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Muere lentamente
&lt;br&gt; quien no viaja,
&lt;br&gt; quien no lee,
&lt;br&gt; quien no oye música,
&lt;br&gt; quien no encuentra gracia en si mismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Muere lentamente
&lt;br&gt; quien destruye su amor propio,
&lt;br&gt; quien no se deja ayudar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Muere lentamente,
&lt;br&gt; quien pasa los días quejándose de su mala suerte
&lt;br&gt; o de la lluvia incesante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Muere lentamente,
&lt;br&gt; quien abandona un proyecto antes de iniciarlo,
&lt;br&gt; no preguntando de un asunto que desconoce
&lt;br&gt; o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Evitemos la muerte en suaves cuotas,
&lt;br&gt; recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
&lt;br&gt; que el simple hecho de respirar.
&lt;br&gt; Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos
&lt;br&gt; una espléndida felicidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(Hasta yo misma creí por muchos años que este poema es de &lt;a href="http://www.poesiayrelatos.com/pablo-neruda/"&gt;Pablo
Neruda&lt;/a&gt;, Martha Medeiros lo
escribió la víspera del día de los difuntos con el título: \"A Morte
Devagar\", una prueba más de lo fácil que es difundir desinformación por
Internet.)&lt;/p&gt;</content><category term="Martha Medeiros"/></entry><entry><title>El lago</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/ray-bradbury-el-lago.html" rel="alternate"/><published>2018-04-02T09:38:00+02:00</published><updated>2018-04-02T09:38:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-02:/ray-bradbury-el-lago.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;Ray Bradbury&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Ray Bradbury nos dice de \"El lago\" que es su primera buena historia
al cabo de diez años escribiendo, que la terminó con el cabello
erizado llorando de emoción.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Un cielo a mi medida arrojado sobre el lago Michigan; sobre la arena
amarilla, algunos críos gritones botando pelotas …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;Ray Bradbury&lt;/p&gt;
&lt;blockquote&gt;
&lt;p&gt;Ray Bradbury nos dice de \"El lago\" que es su primera buena historia
al cabo de diez años escribiendo, que la terminó con el cabello
erizado llorando de emoción.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Un cielo a mi medida arrojado sobre el lago Michigan; sobre la arena
amarilla, algunos críos gritones botando pelotas; una o dos gaviotas,
una madre criticona y yo huyendo de una ola y encontrando este mundo
nublado y húmedo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Subí corriendo por la playa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mamá me frotó con una esponjosa toalla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Quédate aquí y sécate -dijo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me quedé allí y observé cómo el sol evaporaba las gotas de agua de mis
brazos. Las sustituí por carne de gallina.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Hace viento -dijo mamá-. Ponte el suéter.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Espera que vea mi carne de gallina -dije.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Harold -dijo mamá.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me embutí en el suéter y contemplé alzarse y caer las olas sobre la
playa. Pero no desmañadamente, sino adrede, con una especie de verde
elegancia. Ni siquiera un hombre borracho podría derrumbarse con la
misma elegancia que aquellas olas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Eran los últimos días de septiembre, cuando las olas se vuelven tristes
sin ninguna razón. Con sólo seis personas en ella, la playa aparecía
demasiado larga y solitaria. Los críos habían dejado de botar la pelota
Porque también el viento los ponía tristes, silbando como silbaba, y
permanecían sentados, sintiendo avanzar el otoño por la larga playa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todos los puestos de perritos calientes estaban cerrados con maderas
doradas, clausurando los olores a mostaza, a cebolla y a carne, del
largo y alegre verano. Era como clavetear el verano dentro de una hilera
de féretros. Uno tras otro, los puestos bajaron sus toldos, cerraron con
candados sus puertas, y el viento llegó y barrió la arena, borrando las
millones de huellas de pisadas de julio y agosto. Así era en septiembre,
no quedaba nada más que la señal de mis zapatillas de tenis, de goma, y
los pies de Donald y Delaus Schabold y su padre bajaron por la curva del
agua.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cortinas de arena soplaban sobre las aceras, y el tiovivo estaba tapado
con lonas, con todos los caballos paralizados entre el cielo y la tierra
en sus barras de latón, mostrando los dientes, galopando. Con sólo la
música del viento deslizándose a través de la lona.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yo estaba allí. Todos los demás estaban en la escuela. Yo no. Mañana
estaría de camino hacia el oeste, atravesando en un tren los Estados
Unidos. Mamá y yo habíamos llegado a la playa para pasar un último y
breve momento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Había algo en la soledad que me hizo desear alejarme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Mamá, quiero correr por la playa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-De acuerdo, pero date prisa en volver, y no te acerques al agua.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Corrí. La arena giraba bajo mis pasos y el viento me levantaba. Ya se
sabe cómo es eso al correr, los brazos extendidos mientras se siente
como velas entre los dedos, causadas por el viento. Como alas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mamá apartada en la distancia, sentada. Pronto no fue más que una mota
oscura y yo me encontraba completamente solo. Permanecer solo es una
novedad para un niño de doce años. Está acostumbrado a verse siempre
rodeado de gente. El único modo de estar solo está en su mente. Por eso
es que los niños se imaginan cosas tan fantásticas. Hay tantas personas
a su alrededor, diciéndoles lo que tienen que hacer y cómo, que los
niños tienen necesidad de escaparse a correr por aunque sólo sea en su
mente, para encontrarse en su propio mundo con sus propios valores
diminutos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De manera que yo estaba realmente solo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me metí en el agua y sentí el frío en el vientre. Antes, con la
multitud, no me había atrevido a mirar. Pero ahora... un hombre serrado
por la mitad. Un mago. El agua es así. Se siente como si uno estuviera
serrado por la mitad, y que una parte se disuelve como si fuera azucar.
Agua fría, y de vez en cuando una ola que rompe elegantemente, con una
ostentación de encajes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pronuncié su nombre. La llamé una docena de veces:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-¡Tally! ¡Tally! ¡Oh, Tally!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es curioso, pero uno espera respuestas a sus llamadas cuando es joven.
Uno siente que lo que piensa tiene que ser real. Y, a veces, quizá eso
no es tan erróneo. Pensé en Tally, nadando en el agua en el pasado mayo,
con sus trenzas colgando, rubia. Se fue riéndose, y el sol caía sobre
sus pequeños hombros de doce años. Pensé en el agua que permanecía
quieta, en el salvavidas saltando al agua, en la madre de Tally
gritando, y en que Tally nunca salió...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-El salvavidas intentó convencer a Tally de que saliera, pero no salió.
El salvavidas regresó con sólo hebras de entre sus grandes dedos
huesudos, y Tally desapareció. Ya no se sentaría más frente a mí en la
escuela, ni perseguiría la pelota en las losas de la calle las noches de
verano. Se había internado demasiado y el lago no le permitiría
regresar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y ahora, en el solitario otoño, cuando el cielo era enorme y el agua era
enorme y la playa tan larga, yo había bajado por última vez, solo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Grité su nombre una y otra vez.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-¡Tally! ¡Oh, Tally!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El viento soplaba suavemente en mis oídos, como sopla en la boca de las
conchas marinas, haciéndoles murmurar. El agua subió y se abrazó a mi
pecho y luego a mis rodillas, y subió y bajó, absorbiendo la arena bajo
mis talones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-¡Tally! ¡Oh, Tally, vuelve!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yo sólo tenía doce años. Pero sabía lo mucho que amaba a Tally. Era ese
amor anterior a todo significado del cuerpo y de la moral. Era ese amor
que estaba hecho de todos los días calurosos pasados en la playa y de
los tranquilos días en la escuela. Todos los largos días de otoño de los
pasados años, cuando yo le llevaba los libros a casa desde la escuela.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-¡Tally!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Grité su nombre por última vez. Tirité. Sentí el agua en la cara y no
supe cómo había llegado allí. Las olas no habían subido a esa altura.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Volviéndome, me retiré a la arena y me quedé allí durante media hora,
esperando un destello, una señal, un pequeño indicio que me recordara a
Tally. Luego, como una especie de símbolo, me arrodillé e hice un
castillo de arena, hermoso y alto, como los que Tally y yo habíamos
hecho tantas veces. Pero esta vez sólo hice la mitad. Luego me levanté.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Tally, si me oyes, ven y haz tú lo que falta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Empecé a caminar hacia la lejana mota que era mamá. El agua avanzó en
círculos sucesivos y se mezcló con la arena del castillo, desmoronándolo
poco a poco en la uniformidad original.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No pude evitar pensar que no hay castillos que uno edifique en la vida
que alguna ola no desmorone.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Subí silenciosamente por la playa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un tiovivo, a lo lejos, cascabeleaba débilmente, pero era sólo el
viento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Salí en el tren al día siguiente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Atravesamos los campos de trigo de Illinois. El tren tiene escasa
memoria. Pronto lo deja todo atrás. Olvida los ríos de la niñez, los
puentes, los lagos, los valles, las casas de campo, los dolores y
alegrías. Los va esparciendo detrás y se hunden en el horizonte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mis huesos se alargaron y se cubrieron de carne; mi mente se cambió en
otra más vieja; me despojé de lo que ya no era apropiado; cambié la
escuela primaria por el instituto, y los libros del colegio por los
libros de Derecho. Y entonces hubo una joven en Sacramento y hubo
palabras y besos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Continué con mis estudios de Derecho. Tenía a la sazón veintidós años y
casi había olvidado cómo era el Este.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Margaret sugirió que nuestro aplazado viaje de luna de miel fuera en esa
dirección.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El tren actúa en dos sentidos, como la memoria. Devuelve rápidamente
todas aquellas cosas que uno dejó atrás hace muchos años.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lake Bluff, una ciudad de diez mil habitantes, surgió perfilada contra
el cielo. Margaret estaba encantadora con su precioso vestido nuevo. Se
dedicó a observarme al tiempo que yo miraba mi viejo mundo. Sus fuertes
y blancas manos sujetaron las mías mientras el tren se deslizaba en la
estación de Bluff y sacaban nuestro equipaje.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¡Hay que ver lo que cambian los años los rostros y cuerpos de las
personas! Cuando paseamos por la ciudad, cogidos del brazo, no reconocí
a nadie. Había rostros que traían recuerdos. Recuerdos de excursiones
por barrancos. Rostros con pequeñas risas, procedentes de escuelas
primarias ya cerradas, y columpiándose en balancines, y subiendo y
bajando en subibajas. Pero no hablé. Me limité a pasear y mirar y
llenarme de aquellos recuerdos, como hojas amontonadas en otoño para ser
quemadas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pasamos allí días felices. Dos semanas en total, volviendo a visitar
juntos todos los lugares. Pensé que amaba mucho a Margaret. Por lo menos
pensé que la amaba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Era uno de los últimos días y habíamos bajado a pasear por la costa. El
año no estaba tan avanzado como aquel de hacía muchos años, pero en la
playa se advertían las primeras señales de abandono. La gente se
dispersaba, varios de los puestos de perritos calientes habían cerrado y
el viento, como siempre, zumbaba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Casi vi a mamá sentada en la arena tal como solía sentarse. De nuevo
tenía el sentimiento de querer estar solo. Pero no podía decidirme a
decírselo a Margaret. Me limité a cogerme a ella y esperé.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Era tarde. La mayor parte de los niños se había ido a casa, Y sólo unos
pocos hombres y mujeres permanecían tomando el sol, acariciados por el
viento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La barca del salvavidas subió a la orilla. El salvavidas salió de ella
con algo en los brazos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me estremecí. Contuve la respiración y me sentí pequeño, sólo con doce
años, muy pequeño, muy infinitesimal. y asustado. El viento aullaba. No
veía a Margaret. Sólo podía ver la playa, al salvavidas emergiendo
lentamente de su barca con un saco gris en las manos, no muy pesado, y
su cara, casi tan gris y arrugada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Quédate aquí, Margaret -dije, sin saber por qué lo decía.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Pero ¿por qué?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Quédate aquí, eso es todo...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bajé lentamente por la arena hacia donde estaba el salvavidas. El hombre
me miró.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-¿Qué es eso? -le pregunté.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El salvavidas se quedó mirándome durante un largo rato, sin poder
hablar. Dejó el saco gris en la arena -el agua murmuró a su alrededor- y
retrocedió.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-¿Qué es? -insistí.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Está muerta -dijo el salvavidas tranquilamente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esperé.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Raro -dijo él en voz baja-. La cosa más rara que he visto jamás. Lleva
muerta... mucho tiempo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Repetí sus palabras.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-¿Mucho tiempo?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Diez años, diría yo-. Este año no se ha ahogado ningún niño. Desde 1933
se han ahogado aquí doce niños, pero recuperamos los cuerpos de todos
ellos a las pocas horas. De todos menos de uno, que yo recuerde. Este
cuerpo, que debe de llevar diez años en el agua. No es... agradable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Abra el saco -dije, sin saber por qué.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El viento era más fuere. El salvavidas toqueteó el saco torpemente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Me parece que es una niña pequeña, porque todavía lleva trenzas. No hay
mucho más que decir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-¡Vamos, ábralo! -grité.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Es mejor que no lo haga -dijo, y quizá vio el aspecto de mi rostro-.
Era una niña pequeña...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Abrió el saco lo justo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La playa estaba desierta. Solamente el cielo y el viento y el agua y el
otoño. La miré.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dije algo, una y otra vez. El salvavidas me miró.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-¿Dónde la encontró? -pregunté.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Abajo, en la playa, en agua profunda. Es mucho, mucho tiempo para ella,
¿verdad?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sacudí la cabeza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Sí, lo es. Oh, Dios, sí lo es.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las personas crecen, pensé. Yo he crecido. Pero ella no ha cambiado.
Ella es todavía pequeña. Ella es todavía joven. La muerte no permite
crecer ni cambiar. Ella es todavía joven. Todavía tiene el pelo rubio.
Será siempre joven, y yo la amaré siempre, oh Dios, la amaré siempre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El salvavidas ató el saco de nuevo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pocos minutos después, yo paseaba solo por la playa. Encontré algo que
verdaderamente no esperaba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Este es el lugar donde el salvavidas descubrió su cuerpo -me dije a mí
mismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Allí, al borde del agua, permanecía el castillo de arena, sólo a medio
construir. Tally y yo solíamos hacer castillos. Ella, medio. Y yo,
medio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo miré. Allí era donde habían encontrado a Tally. Me arrodillé junto al
castillo de arena y vi las pequeñas huellas de pies que procedían del
lago y que volvían al lago de nuevo... y no retornaban nunca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entonces... me di cuenta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Te ayudaré a acabarlo -dije.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Así lo hice. Construí el resto del castillo muy lentamente y luego,
levantándome, me di la vuelta y me alejé para no ver cómo se desmoronaba
en las olas, como todas las cosas se desmoronan.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Volví por la playa hacia donde una mujer extraña llamada Margaret me
esperaba, sonriendo...&lt;/p&gt;</content><category term="RELATOS CORTOS"/></entry><entry><title>Viceversa</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/mario-benedetti-viceversa.html" rel="alternate"/><published>2018-04-01T21:30:00+02:00</published><updated>2018-04-01T21:30:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-01:/mario-benedetti-viceversa.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Tengo miedo de verte
&lt;br&gt; necesidad de verte
&lt;br&gt; esperanza de verte
&lt;br&gt; desazones de verte&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; tengo ganas de hallarte
&lt;br&gt; preocupación de hallarte
&lt;br&gt; certidumbre de hallarte
&lt;br&gt; pobres dudas de hallarte&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; tengo urgencia de oírte
&lt;br&gt; alegría de oírte
&lt;br&gt; buena suerte de oírte
&lt;br&gt; y temores de oírte&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; o sea
&lt;br&gt; resumiendo
&lt;br&gt; estoy jodido
&lt;br&gt; y radiante
&lt;br&gt; quizá …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Tengo miedo de verte
&lt;br&gt; necesidad de verte
&lt;br&gt; esperanza de verte
&lt;br&gt; desazones de verte&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; tengo ganas de hallarte
&lt;br&gt; preocupación de hallarte
&lt;br&gt; certidumbre de hallarte
&lt;br&gt; pobres dudas de hallarte&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; tengo urgencia de oírte
&lt;br&gt; alegría de oírte
&lt;br&gt; buena suerte de oírte
&lt;br&gt; y temores de oírte&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; o sea
&lt;br&gt; resumiendo
&lt;br&gt; estoy jodido
&lt;br&gt; y radiante
&lt;br&gt; quizá más lo primero
&lt;br&gt; que lo segundo
&lt;br&gt; y también
&lt;br&gt; viceversa&lt;/p&gt;</content><category term="Mario Benedetti"/></entry><entry><title>Corazón coraza</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/mario-benedetti-corazon-coraza.html" rel="alternate"/><published>2018-04-01T21:29:00+02:00</published><updated>2018-04-01T21:29:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-01:/mario-benedetti-corazon-coraza.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Porque te tengo y no
&lt;br&gt; porque te pienso
&lt;br&gt; porque la noche está de ojos abiertos
&lt;br&gt; porque la noche pasa y digo amor
&lt;br&gt; porque has venido a recoger tu imagen
&lt;br&gt; y eres mejor que todas tus imágenes
&lt;br&gt; porque eres linda desde el pie hasta el alma
&lt;br&gt; porque eres buena desde el …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Porque te tengo y no
&lt;br&gt; porque te pienso
&lt;br&gt; porque la noche está de ojos abiertos
&lt;br&gt; porque la noche pasa y digo amor
&lt;br&gt; porque has venido a recoger tu imagen
&lt;br&gt; y eres mejor que todas tus imágenes
&lt;br&gt; porque eres linda desde el pie hasta el alma
&lt;br&gt; porque eres buena desde el alma a mí
&lt;br&gt; porque te escondes dulce en el orgullo
&lt;br&gt; pequeña y dulce
&lt;br&gt; corazón coraza&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; porque eres mía
&lt;br&gt; porque no eres mía
&lt;br&gt; porque te miro y muero
&lt;br&gt; y peor que muero
&lt;br&gt; si no te miro amor
&lt;br&gt; si no te miro&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; porque tú siempre existes dondequiera
&lt;br&gt; pero existes mejor donde te quiero
&lt;br&gt; porque tu boca es sangre
&lt;br&gt; y tienes frío
&lt;br&gt; tengo que amarte amor
&lt;br&gt; tengo que amarte
&lt;br&gt; aunque esta herida duela como dos
&lt;br&gt; aunque te busque y no te encuentre
&lt;br&gt; y aunque
&lt;br&gt; la noche pase y yo te tenga
&lt;br&gt; y no.&lt;/p&gt;</content><category term="Mario Benedetti"/></entry><entry><title>Me sirve no me sirve</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/mario-benedetti-me-sirve-no-me-sirve.html" rel="alternate"/><published>2018-04-01T21:28:00+02:00</published><updated>2018-04-01T21:28:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-01:/mario-benedetti-me-sirve-no-me-sirve.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; La esperanza tan dulce
&lt;br&gt; tan pulida tan triste
&lt;br&gt; la promesa tan leve
&lt;br&gt; no me sirve&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; no me sirve tan mansa
&lt;br&gt; la esperanza&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; la rabia tan sumisa
&lt;br&gt; tan débil tan humilde
&lt;br&gt; el furor tan prudente
&lt;br&gt; no me sirve&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; no me sirve tan sabia
&lt;br&gt; tanta rabia&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; el grito tan exacto
&lt;br&gt; si el …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; La esperanza tan dulce
&lt;br&gt; tan pulida tan triste
&lt;br&gt; la promesa tan leve
&lt;br&gt; no me sirve&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; no me sirve tan mansa
&lt;br&gt; la esperanza&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; la rabia tan sumisa
&lt;br&gt; tan débil tan humilde
&lt;br&gt; el furor tan prudente
&lt;br&gt; no me sirve&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; no me sirve tan sabia
&lt;br&gt; tanta rabia&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; el grito tan exacto
&lt;br&gt; si el tiempo lo permite
&lt;br&gt; alarido tan pulcro
&lt;br&gt; no me sirve&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; no me sirve tan bueno
&lt;br&gt; tanto trueno&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; el coraje tan docil
&lt;br&gt; la bravura tan chirle
&lt;br&gt; la intrepidez tan lenta
&lt;br&gt; no me sirve&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; no me sirve tan fría
&lt;br&gt; la osadía&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; si me sirve la vida
&lt;br&gt; que es vida hasta morirse
&lt;br&gt; el corazon alerta
&lt;br&gt; si me sirve&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; me sirve cuando avanza
&lt;br&gt; la confianza&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; me sirve tu mirada
&lt;br&gt; que es generosa y firme
&lt;br&gt; y tu silencio franco
&lt;br&gt; si me sirve&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; me sirve la medida
&lt;br&gt; de tu vida&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; me sirve tu futuro
&lt;br&gt; que es un presente libre
&lt;br&gt; y tu lucha de siempre
&lt;br&gt; si me sirve&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; me sirve tu batalla
&lt;br&gt; sin medalla&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; me sirve la modestia
&lt;br&gt; de tu orgullo posible
&lt;br&gt; y tu mano segura
&lt;br&gt; si me sirve&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; me sirve tu sendero
&lt;br&gt; compañero.&lt;/p&gt;</content><category term="Mario Benedetti"/></entry><entry><title>Pausa</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/mario-benedetti-pausa.html" rel="alternate"/><published>2018-04-01T21:27:00+02:00</published><updated>2018-04-01T21:27:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-01:/mario-benedetti-pausa.html</id><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; De vez en cuando hay que hacer
&lt;br&gt; una pausa&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; contemplarse a sí mismo
&lt;br&gt; sin la fruición cotidiana&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; examinar el pasado
&lt;br&gt; rubro por rubro
&lt;br&gt; etapa por etapa
&lt;br&gt; baldosa por baldosa&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y no llorarse las mentiras
&lt;br&gt; sino cantarse las verdades.&lt;/p&gt;</content><category term="Mario Benedetti"/></entry><entry><title>Todavía</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/mario-benedetti-todavia.html" rel="alternate"/><published>2018-04-01T21:26:00+02:00</published><updated>2018-04-01T21:26:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-01:/mario-benedetti-todavia.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; No lo creo todavía
&lt;br&gt; estás llegando a mi lado
&lt;br&gt; y la noche es un puñado
&lt;br&gt; de estrellas y de alegría&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; palpo gusto escucho y veo
&lt;br&gt; tu rostro tu paso largo
&lt;br&gt; tus manos y sin embargo
&lt;br&gt; todavía no lo creo&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; tu regreso tiene tanto
&lt;br&gt; que ver contigo y conmigo
&lt;br&gt; que por …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; No lo creo todavía
&lt;br&gt; estás llegando a mi lado
&lt;br&gt; y la noche es un puñado
&lt;br&gt; de estrellas y de alegría&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; palpo gusto escucho y veo
&lt;br&gt; tu rostro tu paso largo
&lt;br&gt; tus manos y sin embargo
&lt;br&gt; todavía no lo creo&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; tu regreso tiene tanto
&lt;br&gt; que ver contigo y conmigo
&lt;br&gt; que por cábala lo digo
&lt;br&gt; y por las dudas lo canto&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; nadie nunca te reemplaza
&lt;br&gt; y las cosas más triviales
&lt;br&gt; se vuelven fundamentales
&lt;br&gt; porque estás llegando a casa&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; sin embargo todavía
&lt;br&gt; dudo de esta buena suerte
&lt;br&gt; porque el cielo de tenerte
&lt;br&gt; me parece fantasía&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; pero venís y es seguro
&lt;br&gt; y venís con tu mirada
&lt;br&gt; y por eso tu llegada
&lt;br&gt; hace mágico el futuro&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y aunque no siempre he entendido
&lt;br&gt; mis culpas y mis fracasos
&lt;br&gt; en cambio sé que en tus brazos
&lt;br&gt; el mundo tiene sentido&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y si beso la osadía
&lt;br&gt; y el misterio de tus labios
&lt;br&gt; no habrá dudas ni resabios
&lt;br&gt; te querré más
&lt;br&gt; todavía.&lt;/p&gt;</content><category term="Mario Benedetti"/></entry><entry><title>Te quiero</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/mario-benedetti-te-quiero.html" rel="alternate"/><published>2018-04-01T21:09:00+02:00</published><updated>2018-04-01T21:09:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-01:/mario-benedetti-te-quiero.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Tus manos son mi caricia
&lt;br&gt; mis acordes cotidianos
&lt;br&gt; te quiero porque tus manos
&lt;br&gt; trabajan por la justicia&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; si te quiero es porque sos
&lt;br&gt; mi amor mi cómplice y todo
&lt;br&gt; y en la calle codo a codo
&lt;br&gt; somos mucho más que dos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; tus ojos son mi conjuro
&lt;br&gt; contra la mala jornada …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; Tus manos son mi caricia
&lt;br&gt; mis acordes cotidianos
&lt;br&gt; te quiero porque tus manos
&lt;br&gt; trabajan por la justicia&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; si te quiero es porque sos
&lt;br&gt; mi amor mi cómplice y todo
&lt;br&gt; y en la calle codo a codo
&lt;br&gt; somos mucho más que dos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; tus ojos son mi conjuro
&lt;br&gt; contra la mala jornada
&lt;br&gt; te quiero por tu mirada
&lt;br&gt; que mira y siembra futuro&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; tu boca que es tuya y mía
&lt;br&gt; tu boca no se equivoca
&lt;br&gt; te quiero porque tu boca
&lt;br&gt; sabe gritar rebeldía&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; si te quiero es porque sos
&lt;br&gt; mi amor mi cómplice y todo
&lt;br&gt; y en la calle codo a codo
&lt;br&gt; somos mucho más que dos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y por tu rostro sincero
&lt;br&gt; y tu paso vagabundo
&lt;br&gt; y tu llanto por el mundo
&lt;br&gt; porque sos pueblo te quiero&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; y porque amor no es aureola
&lt;br&gt; ni cándida moraleja
&lt;br&gt; y porque somos pareja
&lt;br&gt; que sabe que no está sola&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; te quiero en mi paraíso
&lt;br&gt; es decir que en mi país
&lt;br&gt; la gente viva feliz
&lt;br&gt; aunque no tenga permiso&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; si te quiero es porque sos
&lt;br&gt; mi amor mi cómplice y todo
&lt;br&gt; y en la calle codo a codo
&lt;br&gt; somos mucho más que dos.&lt;/p&gt;</content><category term="Mario Benedetti"/></entry><entry><title>Oda al día feliz</title><link href="http://www.poesiayrelatos.com/pablo-neruda-oda-al-dia-feliz.html" rel="alternate"/><published>2018-04-01T20:49:00+02:00</published><updated>2018-04-01T20:49:00+02:00</updated><author><name>Maria</name></author><id>tag:www.poesiayrelatos.com,2018-04-01:/pablo-neruda-oda-al-dia-feliz.html</id><summary type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ESTA vez dejadme
&lt;br&gt; ser feliz,
&lt;br&gt; nada ha pasado a nadie,
&lt;br&gt; no estoy en parte alguna,
&lt;br&gt; sucede solamente
&lt;br&gt; que soy feliz
&lt;br&gt; por los cuatro costados
&lt;br&gt; del corazón, andando,
&lt;br&gt; durmiendo o escribiendo.
&lt;br&gt; Qué voy a hacerle, soy
&lt;br&gt; feliz.
&lt;br&gt; Soy más innumerable
&lt;br&gt; que el pasto
&lt;br&gt; en las praderas,
&lt;br&gt; siento la piel como un …&lt;/p&gt;</summary><content type="html">&lt;p&gt;&lt;br&gt; ESTA vez dejadme
&lt;br&gt; ser feliz,
&lt;br&gt; nada ha pasado a nadie,
&lt;br&gt; no estoy en parte alguna,
&lt;br&gt; sucede solamente
&lt;br&gt; que soy feliz
&lt;br&gt; por los cuatro costados
&lt;br&gt; del corazón, andando,
&lt;br&gt; durmiendo o escribiendo.
&lt;br&gt; Qué voy a hacerle, soy
&lt;br&gt; feliz.
&lt;br&gt; Soy más innumerable
&lt;br&gt; que el pasto
&lt;br&gt; en las praderas,
&lt;br&gt; siento la piel como un árbol rugoso
&lt;br&gt; y el agua abajo,
&lt;br&gt; los pájaros arriba,
&lt;br&gt; el mar como un anillo
&lt;br&gt; en mi cintura,
&lt;br&gt; hecha de pan y piedra la tierra
&lt;br&gt; el aire canta como una guitarra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Tú a mi lado en la arena
&lt;br&gt; eres arena,
&lt;br&gt; tú cantas y eres canto,
&lt;br&gt; el mundo
&lt;br&gt; es hoy mi alma,
&lt;br&gt; canto y arena,
&lt;br&gt; el mundo
&lt;br&gt; es hoy tu boca,
&lt;br&gt; dejadme
&lt;br&gt; en tu boca y en la arena
&lt;br&gt; ser feliz,
&lt;br&gt; ser feliz porque si, porque respiro
&lt;br&gt; y porque tú respiras,
&lt;br&gt; ser feliz porque toco
&lt;br&gt; tu rodilla
&lt;br&gt; y es como si tocara
&lt;br&gt; la piel azul del cielo
&lt;br&gt; y su frescura.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br&gt; Hoy dejadme
&lt;br&gt; a mí solo
&lt;br&gt; ser feliz,
&lt;br&gt; con todos o sin todos,
&lt;br&gt; ser feliz
&lt;br&gt; con el pasto
&lt;br&gt; y la arena,
&lt;br&gt; ser feliz
&lt;br&gt; con el aire y la tierra,
&lt;br&gt; ser feliz,
&lt;br&gt; contigo, con tu boca,
&lt;br&gt; ser feliz.&lt;/p&gt;</content><category term="Pablo Neruda"/></entry></feed>