Todas las entradas de: Maria

El sí de la dama

¡Si! Os respondí anoche,
¡No! Esta mañana, Señor, he dicho.
Los colores, vistos a la luz de las velas,
No brillan igual durante el día.

Cuando los tambores sonaron perfectos,
Las lámparas arriba y las risas abajo,
Ámame sonaba como algo sínico,
Tanto para el Sí como para el No.

Llámame falsa, o llámame libre;
Y no importa qué luces brillen,
Ningún hombre verá en tu rostro
La incierta pena de mi inconstancia.

Pues el pecado oscila sobre ambos;
(Es tiempo de danzas y no de compromisos,
Y la luz de la promesa destruye la fidelidad)
Abate sobre mí la cobardía que yace en tí.

Aprende a ganar la fe de una Dama;
Noblemente, como las nubes altas,
Valientemente, en la vida y la muerte
Con una noble gravedad.

Guíala por el escenario del baile;
Muéstrale con tu mano los cielos estrellados,
Cuídala con palabras delicadas,
Limpias de cortejo, puras en halagos.

Por tu Amor ella será fiel;
Siempre fiel, como las damas de antaño;
Y su Sí, cuando sea pronunciado,
Será un Sí para siempre.

El amor, por ser amor

Y no obstante el amor por ser amor
es bello. Igual llamea reluciente
un gran templo y la hierba. El mismo fuego
arde quemando el cedro y la cizaña.

Y el amor es un fuego; y cuando digo
te quiero, oh Dios, te quiero, ante tus ojos
me transfiguro en esplendor y siento
mi cara centelleante que deslumbra.

En el amor no puede haber ruindad
aunque amen los más ruines de los seres,
que cuando aman a Dios Él los acepta.

Y en la apariencia ruin de lo que soy
refulge el sentimiento y purifica
por ser fruto de amor lo que es de carne.

Si has de amarme

Si has de amarme que sea sólo
por amor de mi amor. No digas nunca
que es por mi aspecto, mi sonrisa, la melodía
de mi voz o por mi dulce carácter
que concuerda contigo o que aquel día
hizo que nos sintiéramos felices…
Porque, amor mío, todas estas cosas
pueden cambiar, y hasta el amor se muere.
No me quieras tampoco por las lágrimas
que piadosamente limpias de mi rostro…
¡Porque puedo olvidarme de llorar
gracias a ti, y así perder tu amor!
Por amor de mi amor quiero que me ames,
para que habite en los cielos, eternamente.

Cuando nuestras dos almas

Cuando nuestras dos almas se alzan firmes,
cara a cara, silenciosas, dibujando intimidades,
hasta que la extensión de nuestras alas se quiebra,
lacerando cada recodo, quemando cada curva.
Entonces ¿qué amargura de la tierra puede opacarnos
sin que en el otro encontremos eterno consuelo?
Piensa que, escalando alto, los ángeles nos contemplan;
deseando derramar una dorada, una perfecta melodía
sobre nuestro abismal y querido silencio.
Demoremos nuestros pasos por el mundo, amado mío;
huyendo del humor inestable de la humanidad
que aisla cruelmente a los puros espíritus.
Hagamos juntos un sitio donde permanecer de pie,
donde la felicidad de las horas sea amarnos por un día,
rodeados por la Oscuridad como única compañía.

Walt Whitman, Poema XXX

Todas las cosas tienen su verdad.
Una verdad que no se apresura ni se resiste a salir
No son necesarios los fórceps del cirujano para traerla a la luz.
Lo insignificante es tan grande para mi como lo más grande.
(Y ¿qué es más grande o más pequeño que el tacto?)
Ni la lógica ni los sermones convencen.
La humedad de la noche entra más profunda en mi alma que todas las palabras.

(Sólo lo que se prueba en todos los hombres y en todas las mujeres es verdad, y sólo lo que nadie puede negar existe).

Un minuto y una gota de mi mismo sosiegan mi espíritu.
Creo que la tierra húmeda será un día luz y amor,
que el cuerpo del hombre y de la mujer
son el compendio de todos los compendios,
que el amor que los une es una cumbre y una flor
y que de ese amor omnífico han de multiplicarse hasta el infinito
y hasta que todos y cada uno no sean más que una fuente de alegría común.

Yo no soy yo

Cuánta pureza en este hermoso y reflexivo poema.

Soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pié cuando yo muera.

Estoy triste, y mis ojos no lloran

Estoy triste, y mis ojos no lloran
y no quiero los besos de nadie;
mi mirada serena se pierde
en el fondo callado del parque.

¿Para qué he de soñar en amores
si está oscura y lluviosa la tarde
y no vienen suspiros ni aromas
en las rondas tranquilas del aire?

Han sonado las horas dormidas;
está solo el inmenso paisaje;
ya se han ido los lentos rebaños;
flota el humo en los pobres hogares.

Al cerrar mi ventana a la sombra,
una estrena brilló en los cristales;
estoy triste, mis ojos no lloran,
¡ya no quiero los besos de nadie!

Soñaré con mi infancia: es la hora
de los niños dormidos; mi madre
me mecía en su tibio regazo,
al amor de sus ojos radiantes;

y al vibrar la amorosa campana
de la ermita perdida en el valle,
se entreabrían mis ojos rendidos
al misterio sin luz de la tarde…

Es la esquila; ha sonado. La esquila
ha sonado en la paz de los aires;
sus cadencias dan llanto a estos ojos
que no quieren los besos de nadie.

¡Que mis lágrimas corran! Ya hay flores,
ya hay fragancias y cantos; si alguien
ha soñado en mis besos, que venga
de su plácido ensueño a besarme.

Y mis lágrimas corren… No vienen…
¿Quién irá por el triste paisaje?
Sólo suena en el largo silencio
la campana que tocan los ángeles.

Resumen de la Guía práctica del Viaje del Escritor, de Christopher Vogler.

En la descripción del viaje del héroe podrían haber extraído un mayor y más hondo conocimiento de su propia vida hallando un modo o una metáfora de gran utilidad para la percepción de las cosas que nos rodean, incluso un lenguaje o principio que define sus problemas y sugiere como resolverlos. Reconocen sus problemas en el calvario que padecen los héroes míticos y literarios, y obtienen sosiego de las historias, que les proporcionan abundantes estrategias (cuya eficacia muestra el paso del tiempo) para la supervivencia, ejecución del éxito y la dicha. Examinemos este resumen esquemático de la Guía Práctica.

Primer acto: La partida, la separación

1. El mundo ordinario

La mayoría de las historias sacan al héroe de su mundo ordinario para situarlo en uno especial y nuevo, cómo pez fuera del agua.

Para mostrar a este pez fuera del agua, en primer lugar deberá mostrarlo en su mundo ordinario a fin de crear contraste con el mundo nuevo y extraño en el que está a punto introducirse.

Luke Skywalker está aburrido con su rutina de granjero antes de partir hacia su particular abordaje del Universo. Dorita, del Mago de Oz, muestra primero la vida monótona y gris lleva en Kansas. En Oficial y Caballero se esboza un vívido contraste el mundo ordinario de héroe -un jovenzuelo de la Marina con un padre borracho que va las prostitutas- y el mundo pulido y pulcro de la escuela de élite de la Marina.

2. La llamada de la aventura

El héroe se enfrenta a un problema, un desafío aventura que debe superar. Una vez planteada la llamada de la aventura el protagonista no podrá permanecer ya en la tranquilidad de su mundo ordinario. En la Guerra de las Galaxias el mensaje holográfico de la princesa Leia a Obi hace que Luke se una a la búsqueda. El malvado Darth Vader ha secuestrado a Leia, cómo ocurrió con la diosa de la primavera, Perséfone, que fue raptada por Plutón, señor de los muertos, y conducida al reino subterráneo y triste de los infiernos, así pues, su rescate será de mayor importancia para la restauración del equilibrio normal del universo.

En una historia detectives, es cuando el investigador acepta el caso. Debería deshacer entuertos, así como resolver crímenes.

A veces es un asunto de maldad que requiere reparación o venganza, como Edmundo Dantés en El Conde de Montecristo.
En una comedia romántica es el primer encuentro con alguien muy especial, con quién se discute, pero al que también se busca.

La llamada de la aventura establece las reglas del juego y define el objetivo del héroe: hacerse con un tesoro o con el amante, obtener venganza o enderezar las cosas, alcanzar un sueño, enfrentarse y superar un reto o cambiar una vida.

Lo que está en juego se expresa en forma de una pregunta.

-¿Regresará a casa E.T.?
-¿Podrá Luke Skywalker rescatar a Leia y derrotar al siniestro Darth Vader?
-En oficial y caballero, ¿se ganará el derecho a ser considerado un oficial caballero o acabará expulsado de la escuela por su propio egoísmo y el feroz instructor militar?
-Chico conoce a chica pero… ¿conseguirá el chico a la chica?

3. El rechazo de la llamada

Es una cuestión que tiene mucho que ver con el miedo, el héroe se muestra remiso a cruzar el umbral de la aventura. Después de todo se enfrenta al mayor de los temores: el miedo a lo desconocido. Y aún puede echarse atrás. Será necesaria una influencia externa, un cambio, una ofensa un encuentro con el mentor para que supere el miedo.

En la Guerra de las Galaxias, Luke vuelve a la granja de sus tíos tras haber rechazado la llamada a la aventura. Pero en la granja descubre que las tropas del Imperio han cercenado sus vidas.

4. El mentor, el anciano o anciana sabios. (La ayuda sobrenatural)

Es un personaje como el mago Merlín en su relación con el héroe. La relación que se establece equivale a la que se forja entre padre e hijo, maestro y alumno, doctor y paciente, dios y hombre.
El mentor puede adoptar la forma de un anciano sabio (la Guerra de las Galaxias), un duro sargento instructor (Oficial y Caballero) o un antiguo entrenador de boxeo (Rocky). El mentor prepara al héroe para el viaje. Obi Wan le entrega a Luke la espada de su padre que necesitara para batallar contra el lado oscuro. en el Mago de Oz la bruja buena guía a Dorita y le entrega los zapatos rojos que al final la llevarán a su casa.

Sin embargo, el mentor no podrá acompañar al héroe hasta el final del viaje, quién en el desenlace se enfrentará solo a lo desconocido.

5. La travesía del primer umbral. (El vientre de la ballena)

Cuando el héroe acepta la aventura y penetra por primera vez el mundo especial de la historia, lo hace como resultado de atravesar el primer umbral. En este momento empiezan a sucederse las aventuras. El globo asciende, el buque zarpa, empieza el romance, la nave espacial remonta su vuelo o el tren inicia la marcha.

Ahora está totalmente comprometido con el viaje y no puede dar marcha atrás, este es el instante en que Dorita inicia su periplo por el camino de baldosas amarillas. O el Super Detective de Hollywood desafía la orden de su jefe y abandona su mundo ordinario de las calles de Detroit, para investigar el asesinato de su amigo en el nuevo escenario de Beverly Hills.

Segundo acto: el descenso, la iniciación, la penetración

6. Las pruebas, los aliados, los enemigos

Una vez traspasado el primer umbral, el héroe encuentra a su paso nuevos retos y pruebas, hallando en su camino aliados y enemigos, y poco a poco asimila las normas que rigen ese mundo especial.
Muchas de estas escenas transcurren en salones y bares. En Casablanca, el café de Rick es donde se forjan las enemistades y las alianzas, dónde se pone a prueba la estatura moral del héroe.

En la cantina de la Guerra de las Galaxias Luke averigua como Solo maneja una situación comprometida y descubre que Obi Wan es un mago guerrero muy poderoso. Ni que decir tiene no todas las pruebas, aliados amistades suceden en los bares. En el Mago de Oz, son simples encuentros en el camino de baldosas amarillas. Dorita recluta a sus compañeros y superan una serie de pruebas, cómo liberar al espantapájaros, engrasar al hombre de hojalata y ayudar al León Cobarde a que venza sus miedos.

7. La aproximación a la caverna más profunda

Y en última instancia, el héroe se aproxima al lugar que encierra el máximo peligro, que a menudo se encuentra bajo tierra, dónde se esconde el objeto de su búsqueda. Suele tratarse del cuartel general del mayor enemigo del héroe, el enclave más peligroso del mundo especial, su caverna más profunda. Cuando el protagonista penetra en el lugar de sus temores, cruzara el segundo umbral. Los héroes suelen detenerse a sus puertas en preparación para lo que se cierne sobre ellos, para planear su estrategia y burlar a los guardias del villano. Esta fase se denomina la aproximación o el acercamiento.
En la mitología, la caverna más profunda puede adoptar la forma del reino de los muertos, o Hades. Puede que el héroe tenga que descender a los infiernos para rescatar a su amada (Orfeo), internarse en una gruta donde luchará con un ladrón y alcanzará un tesoro, o en un laberinto para enfrentarse a un monstruo.
En la Guerra de las Galaxias la aproximación a la caverna más profunda surge cuando Luke Skywalker y sus camaradas son arrastrados hasta la Estrella de la Muerte dónde se encontrará cara a cara con Darth Vader y liberaran la princesa Leia.
En el Mago de Oz, Dorita es secuestrada y llevada al castillo siniestro de la bruja malvada, y sus compañeros se verán obligados a introducirse en él para salvarla.

8. El calvario (la odisea)

Es hora de que el héroe se enfrente con quien más teme. Va hacia una muerte posible y da inicio a la batalla con la fuerza más hostil.

La odisea, este calvario, constituye un «momento negro» para la audiencia que es mantenida en tensión sin saber si el protagonista fenecerá o sobrevivirá a semejante trance. El héroe, como Jonás, está en el vientre de la bestia.

En E.T., el adorable extraterrestre parece morir en la mesa de operaciones.

En el Mago de Oz, Dorita y sus amigos son retenidos por la bruja malvada y todo indica que no hay salida posible. En Oficial y Caballero, Zack Mayo sufre un calvario cuando su instructor de la marina lo atormenta y lo humilla para que abandone el programa. Es un momento de alta tensión psicológica, una cuestión de vida o muerte, dado que si abandona, sus opciones de convertirse en Oficial y Caballero se habrán esfumado. Sobrevive a esta odisea negándose a abandonar y el sufrimiento lo cambia.

Se trata de un momento crítico en la historia, una odisea en la que el héroe debe morir, o parecer morir, para que pueda renacer. Constituye una fuente de gran trascendencia, pues de ella mana la magia del mito heroico. Las experiencias previas han inducido nuestra total identificación con el héroe y su destino. Lo que le sucede a nuestro héroe nos sucede a nosotros. Sus desventuras son nuestras desventuras. De modo que nos sentimos animados a experimentar con él ese lance de vida o muerte. Nuestras emociones quedan temporalmente suspendidas para que podamos revivirlas cuando regrese de la muerte.

El resultado de este renacimiento es que nos invade un inconmensurable sentimiento de regocijo y euforia sin igual.

En los ritos de iniciación que certifican el ingreso en hermandades y sociedades secretas, el iniciado es obligado a probarse frente a la muerte en el decurso de una experiencia terrible y luego se le permite experimentar la resurrección cuando renace siendo ya un nuevo miembro del grupo. Por consiguiente, el héroe de cualquier historia es un iniciado al que le sin revelados los misterios de la vida y de la muerte. Cada historia precisa de un momento crítico y decisivo en el que el héroe o sus propósitos, corren un serio peligro de muerte.

9. La recompensa (La bendición final)

Habiendo vencido a la muerte o matado al dragón, el héroe y la audiencia tienen motivos para el festejo. El héroe toma posesión del tesoro más preciado y obtiene al final su recompensa. Ésta podría ser un arma singular, como una espada mágica, o un símbolo como el Grial o algún elixir capaz de aliviar los males de la tierra herida.

En algunas ocasiones la «espada» no es sino el conocimiento o la experiencia que posibilita un mayor entendimiento de las fuerzas maléficas y la reconciliación con ellas.

En la Guerra de las Galaxias, Luke rescata a la princesa Leia y se hace con los planos de la Estrella de la Muerte, fundamentales para derrotar a Darth Vader.

Dorita se fuga del castillo de la bruja malvada con el palo de su escoba y las zapatillas de color rubí, esenciales para su regreso a casa.

En este momento el héroe puede resolver un conflicto con uno de sus progenitores. En el Retorno de Jedi, Luke se reconcilia con Darth Vader, quien resulta ser su padre y a la postre no es un personaje tan malvado.

El héroe puede así mismo  reconciliarse con el sexo opuesto, como suele ocurrir en las comedias románticas. En mchas de estas historias el ser amado es el tesoro que el héroe pretende ganarse o rescatar y a menudo se plantea una escena amorosa con la que se plantea su victoria..

El héroe puede incrementar su atractivo tras haber superado el calvario. Con tesón y constancia se ha ganado el título de «héroe» tras haber corrido un riesgo extremo por el bien de la comunidad.

Tercer acto: el regreso

10. El camino de regreso

Pero nuestro héroe no ha salido aún de la floresta. Estamos a las puertas del tercer acto, y el protagonista empieza a vivir las consecuencias de su enfrentamiento con las fuerzas del mal, que supuso su particular odisea, o calvario.  Si todavía no ha alcanzado la reconciliación con su progenitor, con los dioses o las fuerzas hostiles, podrían enfurecerse y volverse en contra suya.

Algunas de las mejores escenas de persecución se inician en este momento, cuando el héroe debe huir e iniciar el camino de regreso, perseguido por las fuerzas vengativas que ha importunado al apoderarse de la espada, el elixir o el tesoro.

Así, Luke y Leia huyen y Darth Vader furioso los persigue en la Estrella de la Muerte. El héroe cae en la cuenta de que es necesario dejar atrás el mundo especial, aunque todavía le aguardan otros peligros, tentaciones y pruebas.

11. La resurrección. (Señor de ambos mundos)

En tiempos pretéritos, los cazadores y los guerreros debían ser purificados antes de regresar a sus comunidades de origen porque tenían las manos manchadas de sangre. Aquel héroe que se ha adentrado en el reino de los muertos tendrá que renacer y purificarse por medio de un último calvario y muerte y resurrección antes de iniciar su retorno al mundo ordinario de los vivos.

Estamos ante un segundo lance a vida o muerte, poco menos que una repetición de la muerte y el renacimiento que caracteriza la odisea, o el calvario. La oscuridad y la muerte por fin se funden en un postrero y desesperado envite que precede a su derrota definitiva. Es una suerte de examen final para el héroe, que deberá superar, una vez más para refrendar las lecciones aprendidas en el transcurso de la odisea. Estos momentos de muerte y renacimiento transforman al héroe, tanto que regresa a su vida ordinaria anterior convertido en un nuevo ser con nuevas miras.

La trilogía de la Guerra de las Galaxias juega con esta premisa constantemente con la escena de una batalla final en la que Luke casi pierde la vida y luego sobrevive milagrosamente. Con cada odisea el héroe adquiere un mayor conocimiento y dominio de la Fuerza. Podemos afirmar que la experiencia lo ha transformado en un ser nuevo.

12. El retorno con el elixir

El héroe regresa al mundo ordinario, mas su viaje carecerá de sentido a menos que vuelva a casa con algún elixir, tesoro o enseñanza desde el mundo especial.

El elixir es una poción mágica con capacidad sanativa. Podría tratarse de un gran tesoro, como el Grial, capaz de sanar la tierra herido, o sencillamente consiste en un conocimiento o experiencia que algún día podría revelarse útil para la humanidad.

Dorita regresa a casa sabiéndose amada y con la experiencia de que «no hay mejor lugar que el propio hogar». E.T. retorna a casa habiendo experimentado el amor de los humanos.

A veces el elixir es un tesoro ganado a pulso tras la búsqueda, puede ser el amor, la libertad, la sabiduría o el conocimiento de que ese mundo especial existe y no implica necesariamente la muerte. A menos que se regrese de la odisea de la caverna más profunda con algún «trofeo», el héroe estará condenado a revivir la aventura.

Recapitulando lo dicho

  1. Los héroes se nos presentan en el MUNDO ORDINARIO donde
  2. reciben la LLAMADA DE LA AVENTURA
  3. Inicialmente se muestran RETICENTES o bien RECHAZAN LA LLAMADA pero
  4. un MENTOR los anima a
  5. CRUZAR EL PRIMER UMBRAL e internarse en el mundo especial done
  6. encontrarán PRUEBAS, ALIADOS Y ENEMIGOS.
  7. Se APROXIMAN A LA CAVERNA MAS PROFUNDA atravesando un SEGUNDO UMBRAL
  8. donde empieza su ODISEA o CALVARIO.
  9. Se apoderarán de su RECOMPENSA y
  10. serán perseguidos en el CAMINO DE REGRESO al mundo ordinario.
  11. Cruzan un TERCER UMBRAL, experimentan una RESURRECCION y esta vivencia los transforma.
  12. RETORNAN CON EL ELIXIR, una bendición o tesoro del que se beneficiará en el mundo ordinario.

Los héroes modernos pueden no adentrarse en laberintos y cavernas para enfrentarse a bestias míticas, pero sí que se internan en un mundo especial y en una caverna profunda cuando parten hacia espacio exterior, al fondo del mar, cuando deambulan en los bajos fondos de una metrópoli moderna o exploran el interior de sus corazones.

El viaje del héroe crece y madura en la medida en que se experimenta y se explotan los límites de la estructura. Con sólo introducir variaciones en el sexo y las edades relativas a los arquetipos, se gana interés, y ello favorece la creación de estructuras más complejas y nuevos entornos en los que percibir e interpretar a los personajes. Las figuras básicas pueden combinarse, o cada una de ellas pueden dividirse en varios personajes, a fin de revelar diversos aspectos de una misma idea.

El viaje del héroe es infinitamente flexible, permite multiples variaciones sin sacrificar por ello su magia y nos sobrevivirá a todos.

 

EL PEATON

Ray Bradbury nos cuenta que tenía la costumbre de salir a pasear de noche cuando un coche de policía se detuvo para interrogarle y esto dio pie a que escribiera «El peatón». La historia fue escrita en 1951 y sorprende con cuánto acierto Bradbury predijo ciertas cosas que vemos en nuestra sociedad actual, como los coches sin conductor y la vida de la gente recluida en casa sin salir a respirar el aire exterior y contemplando la realidad interpretada por las pantallas de televisión.

EL PEATÓN – RAY BRADBURY

Entrar en aquel silencio que era la ciudad a las ocho de una brumosa noche de noviembre, pisar la acera de cemento y las grietas alquitranadas, y caminar, con las manos en los bolsillos, a través de los silencios, nada le gustaba más al señor Leonard Mead. Se detenía en una bocacalle, y miraba a lo largo de las avenidas iluminadas por la luna, en las cuatro direcciones, decidiendo qué camino tomar. Pero realmente no importaba, pues estaba solo en aquel mundo del año 2052, o era como si estuviese solo. Y una vez que se decidía, caminaba otra vez, lanzando ante él formas de aire frío, como humo de cigarro.
A veces caminaba durante horas y kilómetros y volvía a su casa a medianoche. Y pasaba ante casas de ventanas oscuras y parecía como si pasease por un cementerio; sólo unos débiles resplandores de luz de luciérnaga brillaban a veces tras las ventanas. Unos repentinos fantasmas grises parecían manifestarse en las paredes interiores de un cuarto, donde aún no habían cerrado las cortinas a la noche. O se oían unos murmullos y susurros en un edificio sepulcral donde aún no habían cerrado una ventana.
El señor Leonard Mead se detenía, estiraba la cabeza, escuchaba, miraba, y seguía caminando, sin que sus pisadas resonaran en la acera. Durante un tiempo había pensado ponerse unos botines para pasear de noche, pues entonces los perros, en intermitentes jaurías, acompañarían su paseo con ladridos al oír el ruido de los tacos, y se encenderían luces y aparecerían caras, y toda una calle se sobresaltaría ante el paso de la solitaria figura, él mismo, en las primeras horas de una noche de noviembre.
En esta noche particular, el señor Mead inició su paseo caminando hacia el oeste, hacia el mar oculto. Había una agradable escarcha cristalina en el aire, que le lastimaba la nariz, y sus pulmones eran como un árbol de Navidad. Podía sentir la luz fría que entraba y salía, y todas las ramas cubiertas de nieve invisible. El señor Mead escuchaba satisfecho el débil susurro de sus zapatos blandos en las hojas otoñales, y silbaba quedamente una fría canción entre dientes, recogiendo ocasionalmente una hoja al pasar, examinando el esqueleto de su estructura en los raros faroles, oliendo su herrumbrado olor.
—Hola, los de adentro —les murmuraba a todas las casas, de todas las aceras—. ¿Qué hay esta noche en el canal cuatro, el canal siete, el canal nueve? ¿Por dónde corren los cowboys ? ¿No viene ya la caballería de los Estados Unidos por aquella loma?
La calle era silenciosa y larga y desierta, y sólo su sombra se movía, como la sombra de un halcón en el campo. Si cerraba los ojos y se quedaba muy quieto, inmóvil, podía imaginarse en el centro de una llanura, un desierto de Arizona, invernal y sin vientos, sin ninguna casa en mil kilómetros a la redonda, sin otra compañía que los cauces secos de los ríos, las calles.
—¿Qué pasa ahora? —les preguntó a las casas, mirando su reloj de pulsera—. Las ocho y media. ¿Hora de una docena de variados crímenes? ¿Un programa de adivinanzas? ¿Una revista política? ¿Un comediante que se cae del escenario?
¿Era un murmullo de risas el que venía desde aquella casa a la luz de la luna? El señor Mead titubeó, y siguió su camino. No se oía nada más. Trastabilló en un saliente de la acera. El cemento desaparecía ya bajo las hierbas y las flores. Luego de diez años de caminatas, de noche y de día, en miles de kilómetros, nunca había encontrado a otra persona que se paseara como él.
Llegó a una parte cubierta de tréboles donde dos carreteras cruzaban la ciudad. Durante el día se sucedían allí tronadoras oleadas de autos, con un gran susurro de insectos. Los coches escarabajos corrían hacia lejanas metas tratando de pasarse unos a otros, exhalando un incienso débil. Pero ahora estas carreteras eran como arroyos en una seca estación, sólo piedras y luz de luna.
Leonard Mead dobló por una calle lateral hacia su casa. Estaba a una manzana de su destino cuando un coche solitario apareció de pronto en una esquina y lanzó sobre él un brillante cono de luz blanca. Leonard Mead se quedó paralizado, casi como una polilla nocturna, atontado por la luz.
Una voz metálica llamó:
—Quieto. ¡Quédese ahí! ¡No se mueva!
Mead se detuvo.
—¡Arriba las manos!
—Pero… —dijo Mead.
—¡Arriba las manos, o dispararemos!
La policía, por supuesto, pero qué cosa rara e increíble; en una ciudad de tres millones de habitantes sólo había un coche de policía. ¿No era así? Un año antes, en 2052, el año de la elección, las fuerzas policiales habían sido reducidas de tres coches a uno. El crimen disminuía cada vez más; no había necesidad de policía, salvo este coche solitario que iba y venía por las calles desiertas.
—¿Su nombre? —dijo el coche de policía con un susurro metálico. Mead, con la luz del reflector en sus ojos, no podía ver a los hombres.
—Leonard Mead —dijo.
—¡Más alto!
—¡Leonard Mead!
—¿Ocupación o profesión?
—Imagino que ustedes me llamarían un escritor.
—Sin profesión —dijo el coche de policía como si se hablara a sí mismo.
La luz inmovilizaba al señor Mead, como una pieza de museo atravesada por una aguja.
—Sí, puede ser así —dijo.
No escribía desde hacía años. Ya no vendían libros ni revistas. Todo ocurría ahora en casa como tumbas, pensó, continuando sus fantasías. Las tumbas, mal iluminadas por la luz de la televisión, donde la gente estaba como muerta, con una luz multicolor que les rozaba la cara, pero que nunca los tocaba realmente.
—Sin profesión —dijo la voz de fonógrafo, siseando—. ¿Qué estaba haciendo afuera?
—Caminando —dijo Leonard Mead.
—¡Caminando!
—Sólo caminando —dijo Mead simplemente, pero sintiendo un frío en la cara.
—¿Caminando, sólo caminando, caminando?
—Sí, señor.
—¿Caminando hacia dónde? ¿Para qué?
—Caminando para tomar aire. Caminando para ver.
—¡Su dirección!
—Calle Saint James, once, sur.
—¿Hay aire en su casa, tiene usted acondicionador de aire, señor Mead?
—Sí.
—¿Y tiene usted televisor?
—No.
—¿No?
Se oyó un suave crujido que era en sí mismo una acusación.
—¿Es usted casado, señor Mead?
—No.
—No es casado —dijo la voz de la policía detrás del rayo brillante. La luna estaba alta y brillaba entre las estrellas, y las casas eran grises y silenciosas.
—Nadie me quiere —dijo Leonard Mead con una sonrisa.
—¡No hable si no le preguntan!
Leonard Mead esperó en la noche fría.
—¿Sólo caminando, señor Mead?
—Sí.
—Pero no ha dicho para qué.
—Lo he dicho; para tomar aire, y ver, y caminar simplemente.
—¿Ha hecho esto a menudo?
—Todas las noches durante años.
El coche de policía estaba en el centro de la calle, con su garganta de radio que zumbaba débilmente.
—Bueno, señor Mead —dijo el coche.
—¿Eso es todo? —preguntó Mead cortésmente.
—Sí —dijo la voz—. Acérquese. —Se oyó un suspiro, un chasquido. La portezuela trasera del coche se abrió de par en par—. Entre.
—Un minuto. ¡No he hecho nada!
—Entre.
—¡Protesto!
—Señor Mead…
Mead entró como un hombre que de pronto se sintiera borracho. Cuando pasó junto a la ventanilla delantera del coche, miró adentro. Tal como esperaba, no había nadie en el asiento delantero, nadie en el coche.
—Entre.
Mead se apoyó en la portezuela y miró el asiento trasero, que era un pequeño calabozo, una cárcel en miniatura con barrotes. Olía a antiséptico; olía a demasiado limpio y duro y metálico. No había allí nada blando.
—Si tuviera una esposa que le sirviera de coartada… —dijo la voz de hierro—. Pero…
—¿Hacia dónde me llevan?
El coche titubeó, dejó oír un débil y chirriante zumbido, como si en alguna parte algo estuviese informando, dejando caer tarjetas perforadas bajo ojos eléctricos.
—Al Centro Psiquiátrico de Investigación de Tendencias Regresivas.
Mead entró. La puerta se cerró con un golpe blando. El coche policía rodó por las avenidas nocturnas, lanzando adelante sus débiles luces.

Pasaron ante una casa en una calle un momento después. Una casa más en una ciudad de casas oscuras. Pero en todas las ventanas de esta casa había una resplandeciente claridad amarilla, rectangular y cálida en la fría oscuridad.
—Mi casa —dijo Leonard Mead.
Nadie le respondió.
El coche corrió por los cauces secos de las calles, alejándose, dejando atrás las calles desiertas con las aceras desiertas, sin escucharse ningún otro sonido, ni hubo ningún otro movimiento en todo el resto de la helada noche de noviembre.

Ráfagas

hay palabras
ligeras
como semillas de álamo

se levantan
llevadas por el viento
y vuelven a caer

difícil agarrarlas
porque se van muy lejos
como semillas de álamo

hay palabras
que más tarde quizás
removerán la tierra

proyectarán tal vez alguna sombra
una sombra delgada
o tal vez no